Hace un tiempo, aquí en el Garage desempolvamos el tema de los videojuegos como una forma de arte. En aquella ocasión argumenté que los videojuegos, por muy interesante plataforma estética que son, no podían equipararse al arte porque el arte es, siempre, un fin en sí mismo, mientras que los videojuegos tienen otros fines (la diversión, por ejemplo).

Pero mi argumentación de aquella vez está llena de hoyos. Pensemos, por decir una cosa, los grandes retratos de la historia del arte. Tenían otro fin además del gozo estético, muchos eran símbolos de poder político. Pensemos en La piedad de Miguel Ángel, una escultura que además de la perfección refleja el arrobo religioso de la época.

Así pues, por qué no podríamos considerar a los videojuegos arte, al menos una oportunidad hay que darles, ¿no? El grado de sofisticación que el diseño de videojuegos ha alcanzado en los últimos años los acerca, indudablemente, al arte.

En el museo Smithsoniano de Arte de Washington DC, el famoso Smithsonian, se honra a los videojuegos como plataforma para el goce estético. The Art of Video Games es una magna exposición, la primera en la historia que honra a los videojuegos como una forma de arte.

Chris Melessinos, el curador de la exhibición, define el lugar único que los videojuegos tienen (o tendrían) en el mundo del arte:

En los videojuegos hay tres voces: la voz del creador, la voz del juego y la voz del jugador, y eso separa a los videojuegos de cualquier otra forma expresiva . Esas tres voces interactuando, ese coro lleno de contrapuntos y de armonía. Esas tres perspectivas que se conjuntan definen al videojuego como objeto estético. Dirían algunos críticos que esas tres perspectivas están, finalmente, presentes en toda obra de arte y que los videojuegos no acaban siendo un objeto único. Es innegable que en sus 40 años de historia los videojuegos han abrevado de todas las artes, de la pintura, de la escultura, de la música, de la narrativa. Como bien dice el texto de la exposición, los juegos de video son un conjunto de experiencias estéticas indivisibles.

The Art of Video Games está conformada por tres áreas: primero, entrevistas con decenas de creadores revolucionarios hablan de viva voz de sus obras; después hay una zona de videojuegos históricos (como Pac-Man o Zelda o Street Fighter) en pequeños fragmentos con los que el visitante puede jugar, pues la experiencia del jugador es indiscernible del concepto de un videojuego, y finalmente, hay recorrido interactivo por toda la historia de los videojuegos desde los años 70 hasta nuestros días.

Dice Melessinos, el curador, que el fin de The Art of Video Games no es determinar si los videojuegos son o no arte, sino simplemente reconocer que las generaciones que han crecido con ellos siempre han vivido los juegos de video como algo más grande que ellos mismos; un ensayo perfecto de una realidad imperfecta.

En la página del museo Smithsoniano de Arte (http://americanart.si.edu) se pueden recorrer fragmentos de The Art of Video Games, pero si va de paseo por DC dese una vuelta, sin duda lo vale. Y mande una postal a este Garage.