El Archivo Gustavo Casasola nos remite a la gran historia, pero también, de modo más interesante, a la microhistoria, a la historia de nuestra vida personal. Esta semana, la foto me recuerda a mi abuelo paterno.

Mi abuelo fue egresado del Colegio Militar. No lo conocí, murió cuando mi padre, su primogénito, tenía 10 años de edad. Pero a través de los recuerdos de mi papá es casi como si lo hubiera conocido. Era un tipo bronco, a veces alegre, otras francamente intimidante. Se iba de campaña por meses y luego regresaba y se llevaba de repente a la familia al cine. Impredecible, como buen hombre de armas.

Cuenta mi padre que mi abuelo formó parte de la policía montada del DF. Era impresionante verle con sus botas montar y sus ropas de jinete. Cuando mi padre niño lo acompañaba a la jefatura (que estaba donde hoy se encuentra el Museo de Arte Popular, en Revillagigedo), los colegas del abuelo le tomaban el pelo al chamaco diciéndole que estaban muy cansados porque acababan de pelear con los apaches. Sí: como si fueran vaqueros.

Mi padre los admiraba a rabiar. Los héroes usan uniformes, o al menos suelen verse regios. Así se veían esos policías a ojos de mi padre.

Pensé en mi abuelo paterno de inmediato cuando vi las fotos de la entrega del Archivo Gustavo Casasola. La foto muestra a un grupo de la policía montada en sus uniformes de gala. Debe ser una escena de principios del siglo XX por el estilo de la vestimenta, sacada directamente de un desfile militar europeo.

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