Rafael Tovar y de Teresa en la Presidencia del Conaculta es un viento fresco que viene a romper la inercia de 12 años de disparates y malas tripas que privó en la cultura; donde fue pan de cada día la ignorancia, el desdén en el trato a los artistas y trabajadores, el derroche de recursos.

A Tovar se le pueden criticar cosas, pero no que sea un hombre inculto ni mal funcionario; tiene, además, un amplio apoyo en la comunidad cultural del país y es conocido en el extranjero. Es el retorno a la racionalidad.

En contraste, quedan atrás las señoras que regentearon la cultura: una sin más mérito que su apellido, y que deja un Palacio de Bellas Artes sin haber logrado los objetivos de su rehabilitación.

Y la otra, que se dio a la tarea de dejar obra que no sabemos si realmente va a servir, pero que sí se ve .

Al lado de Tovar llegan dos funcionarios que dan confianza de que las cosas se van a hacer bien; María Cristina García Cepeda al frente del INBA y Sergio Raúl Arroyo como responsable del INAH.

LOS RETOS

1. Tiene razón Tovar cuando dice que los tiempos han cambiado y que la cultura debe adaptarse a éstos. Hay que hacer cultura con las nuevas tecnologías. El INBA y Conaculta se han quedado atrás.

2. Perderle el miedo a que la cultura no puede ser rentable (UNESCO e INEGI muestran lo contrario). Actualmente, en el INBA, gracias a la Compañía Nacional de Danza lo único rentable es la presentación anual de El Cascanueces y de El Lago de los Cisnes; otro espectáculo que mete dinero es la presentación del Ballet de Amalia Hernández. Fuera de eso no hay más porque no se tiene visión: existen óperas rentables que se quitan después de dos o tres funciones, dado que hay que ocupar la sala para otras cosas .

3. No hay un programa serio de formación de públicos. El relevo de las nuevas generaciones que consumirán bienes culturales no es cuestión sólo de ofrecer obras para niños, sino de formarlos de manera coordinada con la SEP desde la educación básica, con el reforzamiento en serio de la educación musical, literaria, dancística y de artes plásticas.

4. Tovar enfrentará la existencia de una burocracia cultural inculta, rutinaria, acostumbrada a la política del mínimo esfuerzo.

Una burocracia también altamente desmotivada. En este punto, tendrán que revisarse los salarios para el INBA que no han aumentado desde hace por lo menos 15 años, al tiempo que se descubren aviadores y fugas de presupuesto.

5. Enfrentará la acción de dos tipos de sindicalismo: uno centavero que sólo pretende mejoras salariales, más prestaciones y menos horas de trabajo. Pero también hay otro sindicalismo que quiere participar en la toma de decisiones, pero que se le ha tratado con desdén.

6. Enfrentará que gran parte del presupuesto destinado a este sector se vaya a la burocracia cultural y a los sindicatos. En la gestión de Teresa Franco, la funcionaria declaró que esta cantidad de recursos llegaba a 80 por ciento. Y el resto era para apoyar a artistas y proyectos de infraestructura.

7. Tovar tiene razón cuando habla de la cultura como medio para restablecer el tejido social (dañado por la violencia del narco), aunque no es suficiente, porque se trata de un asunto coyuntural. El problema del narco tenderá a desaparecer. En cambio, lo esencial es impulsar el desarrollo del país. La política cultural debe formar parte de un proyecto de nación, tal como lo fue con Vasconcelos, como lo fue en el cardenismo, y en la época del desarrollo estabilizador.