Que la Academia hollywoodense decidiera ningunear Inside Llewyn Davis (en México titulada Balada de un hombre común), la nueva película de los hermanos Coen es una prueba de que la realidad es tan poética como la ficción. El fracaso de una parábola del fracaso. El triunfo de esa profecía.

Como dice el crítico Andrew O’Hehir, intriga saber cuándo los Coen se volvieron íntimos del fracaso.

Nadie como ellos en el cine reciente han retratado las muchas facetas del error, el desastre y la mala fortuna. Barton Fink, Un hombre serio, Fargo, Sin lugar para los débiles: en todas, de un modo o de otro, el fracaso lleva un papel protagónico. Aún cuando las historias de los Coen suelen tener momentos disparatados y muy chistosos, todas suelen llevar un tinte oscuro ineludible. A esos dos hermanos judíos les enamora el libro de Job, el hombre justo con el que Dios se ensañó. Sus personajes son Jobs modernos, menos justos pero igualmente desgraciados.

Suena tremendo, pero hay muchas risas de por medio. Los Coen son comediantes únicos. Sus chistes son raros, pero muy efectivos.

En Inside Llewyn Davis, por ejemplo, todos los pasillos son estrechísimos. Así son algunos edificios viejos de Nueva York, pero la característica es tan sui géneris y retratada tan sutilmente que es de risa automática.

Durante casi toda la película, Llewyn va cargando un gato perdido, otro detalle en apariencia gratuito, pero que tiene un lugar bien establecido en la trama.

Y la música. Así como hace 10 años con Hermano, ¿dónde estás?, los Coen entregaron la mejor colección de country y greengrass tradicional en mucho tiempo, en Inside Llewyn Davis recogen un puñado de canciones folk y crearon un disco para escuchar por años y años. T-Bone Burnett produce de nuevo el soundtrack (es el maestro detrás de Hermano, ¿dónde estás? y The Ladykillers, otra cinta de los Coen).

Las historias de perdedores son una tragedia que en manos de estos hermanos se convierten en seda fina.

EL HERMANO ESTÚPIDO ?DEL REY MIDAS

Invierno de 1961, Greenwich ?Village, Nueva York. Llewyn Davis (el guatemalteco Oscar Isaac) toca la guitarra en uno de esos cafés que en los años por venir se volverían uno de los espacios culturales más importantes del siglo pasado.

El Nueva York de la contracultura está por venir y Llewyn está en el lugar adecuado. Tiene un gran estilo, seductor y adormilado, un cantante de música folk que puede que esté entre los mejores de su generación.

El problema es que todo mundo está cantando folk: multitud de muchachos seductores, aterciopelados y bohemios (qué rápido se gastaron ese término) llegan a la ciudad. Algunos, inexplicablemente para Llewyn, tienen más éxito que él.

Todos tienen un disco de folk con su nombre. Inside Llewyn Davis es el debut en solitario de Llewyn. No ve regalías desde hace meses, pero qué importa si uno está destinado a la grandeza.

Y es que Llewyn no es ningún mendigo. No tendrá casa ni un abrigo decente, pero se cree un genio. Un tipo arrogantísimo que abusa de sus amigos y rara vez paga los favores. Es casi insoportable si no fuera porque Oscar Isaac lo dota de una vulnerabilidad muy dulce. Y es que este fantoche está empezando a desesperarse. Está bien llenar barecitos, ¿pero no hay algo más para él?

La angustia tiene cara cuando Jean (la fantástica Carey Mulligan) le informa a Llewyn que a lo mejor van a ser padres. Dato: Jean es la novia de Jim (Justin Timberlake), el mejor amigo de Llewyn. Deberías andar por la vida envuelto en condones , le dice Jean a Llewyn. Eres el hermano estúpido del rey Midas: todo lo que tocas lo conviertes en mierda . Ouch.

Toda la historia, que incluye un road trip de pesadilla junto a John Goodman, sucede en una semana y está contada de modo circular. En esa semana, Llewyn Davis se dará cuenta de que es un perdedor.

Mientras yace en la nieve golpeado, humillado y solo, dentro del bar canta un veinteañero recién llegado a Nueva York desde Minnesota. Un judío que se volvería el rey y el bufón de la contracultura al que acaban de presentar como Bob Dylan.

concepcion.moreno@eleconomista.mx