( Segunda parte?)

José María Morelos, ya ordenado sacerdote, llegó a su destino en Tierra Caliente, Michoacán, en 1799. Le habían asignado la parroquia de Carácuaro, con más de 2,500 pobladores repartidos en tres pueblos y algunas haciendas y rancherías. Al principio, se mostraron desconfiados. Pero Morelos se dedicó con fervor a su ministerio. Resolvió asuntos como la contribución de los feligreses a párroco y parroquia, escuchó pecados y problemas y administró, hasta en los lugares más recónditos, todos los sacramentos necesarios. Incluso hubo de solucionar un famoso caso de posesión diabólica, cuando una mujer llamada María Candelaria fue llevada ante él acusada de poderes sobrenaturales. Dijeron que por causa de no estar bautizada provocaba que las paredes se derritieran y lanzaran voces y gritos. Morelos, un poco atribulado, consultó con el obispo. Juntos interrogaron testigos, calmaron a la población enardecida e hicieron todas las diligencias formales. María Candelaria halló padrino y fue bautizada. Al poco tiempo el temor en Carácuaro desapareció y la parroquia del padre Morelos recuperó la calma.

En abril de 1808, llegó la noticia de la victoria del virreinato de Buenos Aires contra los ingleses y en diciembre un nuevo requerimiento de contribuciones para la real corona en España. Y justo a finales de ese año, llegó otro informe alarmante. El recién proclamado monarca español, Fernando VII, estaba preso y se planeaba la resistencia. La ayuda era urgente. Morelos mandó 20 pesos a su nombre y 10 por su vicario. Por escrito, aseguró estar dispuesto a sacrificar su vida por la católica religión y la libertad de nuestro soberano , como llamaban entonces a Fernando VII todos los habitantes del Virreinato de la Nueva España. Después se enteró que los franceses habían invadido España y tanto curas como criollos quisieron saber del destino de sus donaciones y de la suerte de su rey. Entre la población comenzó a correrse el rumor de que los españoles habían entregado su propio reino a los franceses y que la Nueva España no tardaría en hacer lo mismo. El hartazgo, la furia y el deseo de independizarse del reino español empezaron a ser cada vez más fuertes. En 1809, José María Morelos se enteró de que existía una conspiración en Valladolid. Y la inquietud de acabar con la dominación española comenzó a echar raíces en su pecho.

El insurrecto disciplinado

A principios de octubre de 1810, llegó a Carácuaro el rumor de que el cura de Dolores había levantado al pueblo en armas en contra el mal gobierno. Morelos se llenó de inquietud. Después llegó una circular del obispo Abad y Queipo declarando al cura Hidalgo y a sus seguidores en ex comunión. Confundido, pero siempre disciplinado, Morelos fijó en su iglesia el documento que daba fe de la expulsión de los insurrectos del seno de la Iglesia. Pero recordaba a su maestro, sus años en el colegio y no encontraba con quién compartir sus pensamientos.

Morelos, hombre de claro pensamiento y muy rápida acción, en cuanto le fue posible montó en su cabalgadura y fue a buscar a Hidalgo. Sólo él podría explicarle. En el camino, se fue enterando de la campaña libertaria de Hidalgo. Supo que los pueblos lo seguían en masa y que tenía como bandera a la Virgen de Guadalupe. José María lo encontró en Charo y juntos fueron hasta Indaparapeo, donde comieron juntos. Allí conversaron de todo y Morelos aclaró profundas dudas. La causa de la guerra era justa, el movimiento estaba a favor de la religión y la iglesia, y además no había rey, por lo tanto el poder debía volver al pueblo. Morelos, entonces, le ofreció a Hidalgo ser capellán del ejército insurgente. Pero Hidalgo tenía otros planes para él. Le habló de la libertad y de un nuevo gobierno y las certezas en José María se volvieron profundas. Tanto, que recordando la entrevista, solía decir: Siempre supe de la justicia de la causa. En ella habría entrado aunque no hubiera sido sacerdote .

Fue en noviembre de 1810 cuando José María Morelos y Pavón expresó por escrito las primeras providencias sobre el movimiento de Independencia. Se encontraba en el poblado de El Aguacatillo, en el occidente del actual estado de Guerrero, atendiendo las órdenes de Miguel Hidalgo. El documento resultó ser uno de los más importantes no sólo para la historia de México, sino para toda la América colonial. Código de honor, ideario político y proclamación libertaria es conocido como el bando de El Aguacatillo. En él podía leerse lo siguiente:

Hago público y notorio a todos los moradores de esta América el establecimiento del nuevo gobierno por el cual a excepción de los europeos, todos los demás, avisamos, no se nombran en calidades de indios, mulatos, ni castas, sino todos generalmente americanos. Nadie pagará tributo, ni habrá esclavos en lo sucesivo, y todos los que sostengan, sus amos serán castigados. No hay cajas de comunidad, y los indios percibirán las rentas de sus tierras como suyas propias en lo que son las tierras. Todo americano que deba cualquiera cantidad a los europeos no está obligado a pagársela; pero si al contrario, debe el europeo, pagará con todo rigor lo que deba al americano .

Liberador de esclavos, ?abolidor de las castas

Abogando por la igualdad y la justicia, renegó de la esclavitud y suprimió la guerra de castas. Y también anunció que había surgido un nuevo gobierno y que ya nada volvería a ser como antes.

Los últimos meses de 1810 fueron determinantes para José María Morelos y Pavón y cambiaron el destino de la patria. Las palabras de Miguel Hidalgo resonaban en la cabeza de José María y eran la guía de sus acciones. Le había dicho que el movimiento era grande y verdadero. Y que se trataba de recobrar derechos santos, concedidos por Dios a los mexicanos y usurpados por unos conquistadores crueles. Hombres injustos que los habían despojado de sus propiedades, sus costumbres y su condición de hombres libres convirtiéndolos en esclavos. Y que las acciones eran urgentes. Hidalgo, convencido de haber encontrado un valioso aliado, otorgó a Morelos el título militar de General de los ejércitos americanos para la conquista y nuevo gobierno de las provincias del sur, con autoridad bastante . También le encomendó una tarea importante: la comisión de levantar tropas en el sur del país para lograr, principalmente, la captura del puerto de Acapulco. Morelos sabía de la importancia del lugar. Por ahí llegaban mercancías de la Nao de China, provenientes de Filipinas, entonces también bajo el dominio español. Tras encomendar su misión a Morelos, Hidalgo ordenó a las tropas insurgentes proseguir la marcha y José María regresó a Carácuaro. Nunca más volvieron a verse. Aquel glorioso mes de octubre de 1810 estaba por terminar y la gloriosa carrera militar de Morelos muy pronto comenzaría.