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Las andanzas de Sari y Raúl
Bermúdez construye en el BID un sistema de información cultural.
Por el momento, diré que en el proceso de elaboración de un libro que estará disponible al público en septiembre nos hemos dado a la tarea de identificar los acontecimientos de política cultural más relevantes desde las campañas presidenciales de 1988. El recorrido frenará hasta donde los tiempos de edición nos lo permitan.
El apunte viene a cuento ya que en días pasados Alfonso Castellanos, quien fuera coordinador nacional de Estrategia y Prospectiva del Conaculta del 2003 al 2008, durante una reunión del Grupo de Reflexión sobre Economía y Cultura de la UAM Xochimilco, me dio dos obsequios: los atlas de infraestructura y patrimonio cultural de Costa Rica y Perú, a los cuales habrán de sumarse en las próximas semanas los de Ecuador y Jamaica, así como el portal del Sistema de Información Cultural de las Américas, programas que Sari Bermúdez creó como Directora Ejecutiva de la Fundación Interamericana de Cultura y Desarrollo del BID.
En efecto, uno de esos episodios cruciales en casi 24 años de historial de políticas y programas culturales lo constituye la entrada en plenitud del Sistema de Información Cultural (SIC). Lo que es hoy el SIC se remonta a los orígenes mismos del Consejo. Sabedora de las virtudes del modelo que consolidó, Sari ofreció desde el inicio de su gestión en el BID dotar de este acervo documental y estadístico a los países miembros. Por ello la presencia de Alfonso como Coordinador General de tan vasta labor, tanto como por un tiempo Raúl Zorrilla fue director adjunto de la fundación. Trasladar la experiencia no es asunto menor. Son 48 países miembros en el banco. Por ello, Bermúdez en acuerdo con la presidenta de la fundación, la regiomontana Liliana Melo de Sada, con el apoyo del mando superior que es el colombiano Luis Alberto Moreno, diseña una entidad que permita responder estructuralmente a la constitución del BID; que redimensione las políticas, competencias y recursos financieros destinados a cultura. Es decir, una perspectiva a largo plazo en el contexto de una feroz mutación del sentido de la cooperación cultural internacional (los efectos de la crisis española son devastadores para muchos países latinoamericanos y del Caribe).
Ver replicado el empeño mexicano genera, por principio, una sensación agradable. Son del mismo tamaño, diseño y tipo de papel. Los atlas de Costa Rica y Perú fueron manufacturados en el Distrito Federal, como lo serán los que restan del primer paquete, lo que indica ingreso de divisas y empleo. En segundo lugar, es familiar: las líneas conceptuales, la arquitectura de contenido, la metodología, las fuentes y la intencionalidad facilitan el estudio, el viaje que impone un acervo de esta naturaleza. Tercero: la transferencia se convierte en elemento sensorial y alecciona con rapidez. Y lo será aún más en virtud de que esta suerte de enciclopedia tendrá su campo en lo virtual por sobre el papel. El sitio que se diseña permitirá aplicaciones que 10, 20 o 48 tomos con varios kilos de peso no dan o simplemente resulta ya innecesario tenerlos en casa o en la biblioteca.
Demos un paseo por algunas de las cifras de Costa Rica, que cuenta con el Ministerio de Cultura y Juventud: la población pasa de los 4,600 millones de habitantes. Hay 442 bibliotecas públicas más 1,003 escolares, 57 casas de cultura, 54 museos, 44 teatros, 349 librerías, 22 salas de cine y 74 diarios. Perú también tiene Ministerio de Cultura. Su población llega casi a los 30 millones. Hay 785 bibliotecas públicas municipales más 1,608 escolares, 108 centros culturales, 317 museos, 55 teatros, 123 librerías, 56 salas de cine y 80 diarios.