Cuando uno llega en coche a Ladrón Galería, una cosa pasa indefectiblemente: un montón de vendedores de autopartes y refacciones lo abordan como abejas a la miel. La galería está inaugurando un espacio inaudito para el arte: el corazón de la colonia Buenos Aires, barrio bravo.

Los creadores de Ladrón Galería son muy jóvenes. Tan jóvenes que todavía tienen que preocuparse por exámenes, calificaciones, profesores. Son estudiantes de La Esmeralda, junto con la Facultad de Arte y Diseño (FAD) de la UNAM, una de las dos grandes escuelas de arte de la Ciudad de México.

Ladrón nació en La Esmeralda , me cuenta Marek Wolfryd, hubo una feria de arte en la escuela y tuvimos nuestro propio stand. De ahí creció el proyecto a una casa antigua en Iztapalapa .

Desde su origen, Ladrón ha buscado desmarcarse de las inercias del mercado del arte. Ellos Marek, Wendy Cabrera, Marco Aviña, y los jóvenes financieros Ignacio Neri y Saúl García hablan de circuitos alternativos, espacios autogestivos, de antimercado, post-arte, de coleccionar artistas jóvenes.

Wendy explica que históricamente ha habido una brecha entre las escuelas de arte y las instituciones públicas y privadas. Simplemente las galerías y los museos no se asoman a lo que están haciendo los estudiantes. No creen en el sistema educativo . Los egresados tienen que buscar trabajo en otros ámbitos como el cine, la ilustración y el teatro, así como el trabajo por encargo. Para acceder a los museos y las galerías tienen que pasar 10 o 15 años de trabajo sin reconocimiento.

Y también es responsabilidad de los egresados que no siempre están interesados en acercarse al mercado del arte. Ladrón quiere cambiar eso.

La nueva ola

En realidad queremos desmarcarnos de la etiqueta de estudiante de arte , dice Marek, queremos exponer a varios artistas que despuntan fuera de la academia. No queremos ser simplemente un proyecto de estudiantes . No hay, dicen todos los involucrados, una relación entre escuelas, no hay camaradería orgánica , no se sabe qué está pasando, por ejemplo en la FAD, aunque es cierto, reconocen, que curadores de la UNAM revisan portafolios de alumnos que están por salir.

En Ladrón ellos organizan exposiciones con artistas que consideran fascinantes, si algún visitante quiere comprar una pieza el trato es directo con el artista. La galería que no es galería no se queda con un peso. El mantenimiento sale del bolsillo de los organizadores.

Aquí es donde se cuelan los dos financieros, Nacho Neri y Saúl García, que ayudan a que el proyecto sea sustentable.

Nacho es de siempre un amante del arte contemporáneo, es admirador de Gabriel Orozco y desde que su sueldo se lo permite, ha comenzado a coleccionar. Habla con mucho entusiasmo de Ladrón: Hay una nueva ola de coleccionistas que buscan obra de artistas jóvenes. Una ebullición en el mercado del arte por esta nueva generación. Creo que hay un cisma entre lo que están haciendo los artistas nuevos y lo que se expone, que son los artistas de los años 90 .

Dice Neri: Me parece preocupante que los artistas jóvenes se queden en el limbo durante una década o más. Que no haya espacio para ellos me parece muy egoísta .

Ladrón es un espacio de artistas para artistas pero también para el público en general. De eso se trata, de hacer fácil el acceso al arte más nuevo. El año pasado tuvieron una exposición muy exitosa de 21 artistas. La crítica fue entusiasta.

La idea es presentar una exposición cada mes. En enero presentan una doble con los artistas Israel Urmeer, egresado de la FAD, muy clavado en el arte contemporáneo como explica Marek, un creador que usa medios digitales y collages pictóricos y está muy interesado en el contexto político del arte.

El otro artista es Daniel Pérez Coronel, pintor que está obsesionado con el azar, tanto que para crear sus obras usa un par de dados con los que toma decisiones creativas. Usa materiales industriales en sus piezas y se vale del material comercial marcas, afiches, rótulos para crear combinaciones inesperadas.

Ladrón es la libertad de no tener la burocracia de por medio , coinciden todos. Es desmarcarse, salirse del circuito Roma-Condesa. El arte, dicen, no debería pasar por filtros rígidos, lo que debería importar es el talento, la propuesta.

Un sueño en la Buenos Aires. ?Eso es Ladrón Galería.

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