Cuando hablamos de generar una cultura de la prevención en salud, pocas veces nos detenemos a pensar en nuestro auto como parte del problema; sin embargo, dentro de un transporte familiar puede haber hasta 700 bacterias por centímetro cuadrado, además de hongos, virus y desagradables olores de origen orgánico, especialmente tabaco, comida o mascotas. El auto es un potencial foco de infección, pero no todos lo tenemos en la mente.

Por otro lado, uno de los principales factores que detonan estos problemas de salud se encuentran en el aire acondicionado, pero en las condiciones climáticas en las que la temperatura ronda entre los 27 y 30 grados, tomando en cuenta que a veces tardamos mucho tiempo atrapados en el tráfico y que además llevar las ventanillas cerradas supone una acción segura, se hace necesario que nos auxiliemos de éste.

Especialistas en neumología han advertido sobre los perjuicios que puede acarrear el mal uso del aire acondicionado, ya que ambientes cerrados, con equipos funcionando a menos de 24 grados y con filtros sucios “son una muy mala combinación”. En primer lugar, puede empeorar los síntomas en personas con enfermedades respiratorias preexistentes y desencadenar resfríos, bronquitis, laringitis, faringitis, sinusitis u otitis, e incluso problemas gastrointestinales.

Un oasis de virus y bacterias

Recordaron que no es que el aire acondicionado produzca enfermedades per se, las enfermedades las provocan los virus o bacterias que circulan en el ambiente, pero aires acondicionados sucios favorecen para que se acumulen gérmenes u otro tipo de sustancias orgánicas que sí pueden ser nocivas para la salud; por ello, es imprescindible realizar un buen mantenimiento de los equipos de aire acondicionado para evitar este tipo de patologías. Ahora la pregunta incómoda es: ¿hace cuánto que no limpia su aire acondicionado?

En realidad, ésta es una práctica poco recurrente, asegura Sergio Fautsch Murguía, director general de Airlife, empresa de tecnología que atiende el tema de la calidad del aire. Él asegura que esa actividad hasta hace poco tiempo era complicada, pues la manera tradicional de limpiar el aire acondicionado es desmontar el sistema y limpiar los ductos, algunos otros, disfrazando los olores con aromatizantes, pero la primera solución es costosa, por lo que las agencias no brindan el servicio y la segunda es sólo un paliativo que no resuelve los problemas de raíz.

El aire intramuros debe ser sanitizado para respirarse. “Hospitales, oficinas, industrias, escuelas, autos, y todo lugar que tenga un sistema de aire acondicionado debe tener un mantenimiento para evitar que los ductos sean un foco contaminante”, destacó Fautsch.

Ante este panorama se presenta una tecnología que en primera instancia llegó al mercado para atender un problema distinto: retardar procesos de oxidación en frutas y verduras, y protegerlas para que no fueran atacadas por ningún tipo de bacterias, generando inocuidad. Después, esta tecnología fue trasladada a recintos públicos climatizados, en transportes de pasajeros, edificios de oficinas, restaurantes, centros comerciales y recintos de salud, entre otros. “En estos espacios el problema de infecciones cruzadas (contaminación, con respuesta inmunológica y daño estructural de un hospedero, causada por un microorganismo patógeno) es muy común, cuando se enferma una persona que comparte un espacio, muy probablemente haya varios contagiados”, comenta el especialista. La idea era mantener el lugar innocuo sin que afecte a la salud de las personas con productos agresivos, pero esta misma tecnología vio un nuevo horizonte.

Una solución viable

Se trata de un procedimiento de pocos minutos para lograr el efecto deseado. Sobre la métrica de unos cuantos metros cúbicos se hace viable su utilización. El volumen de moléculas reactivadas con el oxígeno hacen un proceso de oxidación sobre hongos, bacterias y virus, con el equipo puesto, el proceso de oxidación entra en los ductos del aire acondicionado y los elimina de raíz. Se aplica directamente en los ductos de salida del aire acondicionado sin tener que desmontar el tablero del auto, se prende el equipo 20 minutos, junto con el aire circulando, las partículas se mezclan con el aire y recirculan de manera natural llegando a todos los ductos.

Análisis realizados a este procedimiento abarcan certificaciones tanto en resultados, diseño y fabricación, entre ellos destacan: estudios microbiológicos realizados por Food Safety & Process Technology (USA), Cesmec (Chile), Ainia (España) Intertek (Intl) y con la Certificación de la Comunidad Europea CE, cumpliendo con todas las normas de seguridad. Asimismo, la fabricación está certificada por ISO 9.001–ISO 14.001 y OHSAS 18.001. Además, cuenta con la acreditación de que su tecnología elimina 99.9% del virus AH1N1, salmonela, rinovirus, entre otros.

“El sustento científico es importante porque estos sistemas llegan incluso a hospitales y tiene que ver con procesos alimentarios, dos de los espacios con mayores regulaciones a nivel mundial”, agrega Fautsch, “es una tecnología que no se ve, pero se siente y tiene repercusión en la salud, por lo que su control es fundamental”.

Hoy este sistema está disponible a través de 350 agencias de automóviles autorizadas a nivel nacional con un costo de entre 650 y 700 pesos y se recomienda que su uso sea semestral. Sus creadores buscan potencializarlo para crear una verdadera cultura de sanitización para el automóvil.

nelly.toche@eleconomista.mx