Al fin, después de una telenovela alrededor de José José y su muerte, el pueblo de México pudo decirle adiós a su Príncipe en el Palacio de Bellas Artes en una triste despedida.

La rapiña de algunos medios de comunicación acabó, primero con Sarita Sosa, hija de José José, y provocó un linchamiento, contra todo a su paso, por ganar una nota. Se inventaron un falso homenaje a cargo de Emilio Estefan, hablaron de un ataúd sin cuerpo. Se dijo de un pago a Sarita, también falso, y hasta circuló la palabra “asesinato” propagando el odio en redes sociales que, a decir del diputado Sergio Mayer, entorpecieron todo alrededor del adiós al cantante que merecía más que chismes baratos.

Pero por fin, después de 11 días, la mitad de la cenizas llegó a MéCulturaxico para su despedida en medio, una vez más, de un show armado por televisoras que hasta una sala pudieron colocar en la explanada de Bellas Artes para realizar una transmisión o llorar a cámara para buscar rating.

El gobierno federal se adjudicó el “logro” de traer a José José a México, la Secretaría de Relaciones Exteriores, la Secretaría de Cultura federal y hasta el presidente participaron hasta el último momento en el culebrón que se armó.

Como nunca antes, la muerte de un artista se utilizó con fines políticos. Hubo quien hasta agradeció a Andrés Manuel López Obrador su participación en la recuperación de un ídolo y eso se pudo atestiguar durante en el homenaje.

Estuvieron en las primeras filas funcionarios culturales y de Relaciones Exteriores, también hubo una transmisión oficial del evento a cargo del Estado; algunos dijeron que sonaba “muy fífí” el adiós a José José, un cantante popular que merecía otra cosa en todos los sentidos.

Pero a la gente no le importó y desde temprano llegó al Palacio de Bellas Artes para hacer una larga fila, esperando ver a su José José, uno de los últimos ídolos de México.

Playeras de 100, fotos de 10 pesos y pañuelos blancos con la imagen del Príncipe de la canción, a 20 pesos, se vendieron como pan caliente; todos querían un recuerdo del cantante.

Una carroza llegó al recinto con el féretro bañado en oro, en el que las autoridades aseguraron, se tenían contenidas la mitad de las cenizas de José José, las cuales entraron por Eje Central en medio de tumultos y con los hijos del Príncipe sonriendo y saludando a la gente a su paso.

El féretro se colocó, 30 minutos después del programa; arriba, un micrófono y flores; desde los aires una foto grande de José José vigilando el homenaje de su despedida.

Afuera del Palacio de Bellas Artes, el pueblo y un karaoke que explotaba a cada momento: “Hoy quiero saborear mi dolor” de “El triste”, compuesta por Roberto Cantoral, resonaba a cada paso y competía con los tenores que las autoridades eligieron para despedir a uno de los cantantes más populares del país que paradójicamente estuvo lejos de él en su final.

Susana llegó desde las 7 de la mañana para despedir a José José como algún día lo hizo con Cantinflas, un club de fans cargaba una pesada corona que compraron con su dinero, mientras un cantante no dejaba de interpretar los temas más famosos de José José: “Ya lo pasado, pasadooooo. No me interesa”, con poca voz, pero mucho corazón.

Atrás quedaron los escándalos, el Boeing 737 de la Fuerza Aérea Mexicana que transportó el féretro con la urna con las cenizas del intérprete, las ocurrencias del diputado Sergio Mayer: “Las cenizas de don Goyo reciben a las cenizas de José José” y múltiples alegatos alrededor del cantante que por unos días mantuvieron en vilo a un país.

Y no, no se dio cita tanta gente como cuando se le rindió el último adiós a Juan Gabriel, que convocó a más de 700,000 personas; de hecho, la logística alrededor del Palacio de Bellas Artes cambió haciendo más difícil la entrada para la gente que tuvo que soportar el sol en la cara y la amenaza de que el evento sólo duraría tres horas.

Aguantaron hasta la última de estas situaciones por su ídolo.

Datos oficiales reportan 15,000  personas en Bellas Artes, que una vez más abrió sus puertas para despedir a un artista, aunque fuera por unas horas.

Tras el Palacio de Bellas Artes y un festejo rocambolesco que incluyó canciones de ¿Juan Gabriel? y hasta “Las Golondrinas” se llevaron las cenizas de José  José a la Basílica de Guadalupe, donde lo recibieron con un “sí se pudo”, como si se tratara de la Selección Mexicana, para después pasear por Clavería, que fue testigo de sus eternas fiestas y borracheras, para terminar en el Panteón Francés, donde, por fin, el Príncipe descansa; después de que en los últimos años pasó por todo: enfermedad, problemas legales, la pérdida de su maravillosa voz, la lucha en el interior de su familia y escándalos a su alrededor que, parece, no van a terminar, según palabras de su hijo José Joel.

Pero nada importa, cuando se tiene que despedir a José José, una leyenda, uno de los mejores cantantes del mundo, un hombre quien todo lo dio por triunfar, dejando su vida al pasar, hecha pedazos.

¡Adiós Príncipe!

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