El posmodernismo nos ha acostumbrado, hasta cierto punto, al concepto de la identidad como múltiple y fluida.?El ser humano no es más un ente homogéneo, sin fisuras, sino un conjunto de identidades existentes y posibles, cambiantes e incluso contradictorias. Esta percepción, derivada de múltiples transformaciones culturales y sociales, permite no sólo poner en cuestión las verdades establecidas en torno al sujeto, al individuo, sino también validar otras verdades e imaginar , con mayor libertad, otras formas de ser en el mundo. Antes aun de este cambio de perspectiva, la literatura y el cine exploraron, y exploran, el deseo de ser otro u otra, el cambiar de identidad social o de vida. Así, la idea del doble, la figura del aventurero, el travestismo o el disfraz, el túnel del tiempo, expresan el rechazo de la constricción y el deseo de otredad (no sólo de aventura), a menudo producto de la dualidad o multiplicidad internas, en colisión con restricciones sociales que reducen a la persona a un individuo con características determinadas que se creen (o quieren) fijas. Ambos han explorado también los límites de las identidades sociales en lo que a género, deseo y sexualidad se refiere.

Desde esta perspectiva, la película inglesa La chica danesa, recién estrenada en México y postulada para el Óscar, es un interesante acercamiento al tema de la identidad, al de género, su tema central, pero también a la identidad social y personal en un sentido más amplio: a lo que significa ser o ser persona, lo que en inglés se denomina self. Basada en la novela de David Ebershoff, inspirada a su vez en la autobiografía de la protagonista, editada por un amigo suyo, esta versión cinematográfica presenta la historia de Lili Elbe, la primera o una de las primeras mujeres transgénero que se sometió a una operación de reasignación de sexo, en la Europa de los 30. No se trata pues, en este caso, de una búsqueda de transformación per se, ni de un viaje consciente hacia lo otro, sino de un proceso más difícil y doloroso: el descubrimiento, aceptación y afirmación propia de lo que se es, aun cuando eso implique romper con todo e incluso arriesgar la propia vida.

Einar Wegener, paisajista que pinta una y otra vez un escenario de su infancia, empieza a descubrir su verdadera (o completa) identidad a partir de un juego de disfraces que se va convirtiendo en una sucesión de travestismos, y lleva a un desdoblamiento que culmina en la materialización (por así decirlo), psíquica, social y física, de Lili Elbe, mujer desinteresada de la pintura, que sólo quiere ser mujer , casarse, y tener hijos.

La película no problematiza la asociación tradicional de la femineidad con la maternidad, predominante en el contexto pese a los cambios culturales que se dieron en la era del modernismo y del art déco. El riesgo que representa la operación para que Lili pueda llegar a ser madre es y se presenta como el riesgo que la heroína está dispuesta a correr como afirmación completa de que puede ser en carne y hueso lo que siempre ha sido en su interior y quiere ser: una mujer de verdad .

Uno de los grandes aciertos de la película es la pautada representación del proceso de autodescubrimiento y experimentación que vive Einar/Lili, magistralmente interpretado por Eddie Redmayne: Einar pasa de la turbación inicial a la fascinación, sensual y erótica, por las prendas femeninas, al travestismo lúdico, al aprendizaje del performance de género, hasta el punto en que su personaje interior ocupa tal espacio, psíquico, erótico y personal, que trastorna su vida artística, amorosa y social: aunque ha sido desde la infancia Einar/Lili, para seguir siendo (viviendo), sólo Lili puede ser.

La sutil expresividad de los protagonistas, el delicado refinamiento de los escenarios, el fino entrelazamiento de palabras y silencios se conjuntan en una versión delicada y casi demasiado exquisita de un drama cuyas hondonadas se sugieren y casi se evitan, y cuyas consecuencias sociales en gran medida se difuminan. Extraordinaria cinematográficamente, la película deja preguntas acerca de la autenticidad, el costo de la libertad y el amor.