Octavio Paz describía el arte de Frida Kahlo como revelaciones, caminos que nos llevan a su espacio psíquico, imágenes que  nos abren la puerta de su mundo, retazos de momentos vivídos, o en el caso de Frida sobrevividos. 

Famosa por sus cientos de autorretratos que pueblan las paredes de museos de todo el mundo, el último que Kahlo pintara, cinco años antes de morir, se vendió por 31millones de dólares la noche del pasado martes, 16 de noviembre en Sotheby's, Nueva York.

La obra, de 1949, titulada, "Diego y Yo" fue la respuesta de Frida a otra más de las infidelidades de su esposo, el muralista, Diego Rivera; esta vez sus indiscreciones llevaban el nombre de María Félix.

Para finales de la década de 1940 la pareja había llegado a un punto de entendimiento en su relación. Tras perdonarse sus mutuas infidelidades, Frida y Diego vivían conscientes de que ambos se habían traicionado. Sin embargo, en 1949 cuando Kahlo conoce sobre los amoríos de Diego con María Félix, la artista se desmorona.

El argentino Eduardo Constantini fundador del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA), pagó 35 millones de dólares (ya con impuestos y comisiones) por el lienzo en el que Frida vierte por última vez el dolor de la traición a través de un autorretrato. “Diego y Yo”, no sólo trajo un nuevo récord para Kahlo, sino que también se convirtió en la obra más cara de un artista latinoamericano jamás vendida en subasta, superando el récord anterior que le pertenece precisamente a Rivera, cuando su pintura, "Los rivales", se vendió en Christie's por 9.8 millones de dólares en 2019.

El tamaño de la obra sorprende por lo pequeño y al mismo tiempo hace que se piense en ella como una alhaja, una exquisitez de poesía visual. Es quizá la intensa vulnerabilidad que describe al pintarse la fuente de la fascinación que despierta esta y muchas otras de sus obras.

La imagen nos muestra una Frida que superpone sobre sus emblemáticas cejas el rostro de Diego Rivera quien a su vez tiene un tercer ojo en su frente. Desde el lienzo los ojos de Kahlo miran al espectador de forma directa y penetrante y por su cara ruedan lágrimas.

El vendedor fue un descendiente de un coleccionista de Nueva York, que lo compró en 1990 en Sotheby's por 1.4 millones de dólares. Antes de eso, pertenecía a la escritora y crítica de Chicago, Florence Arquin, quien era amiga de Rivera y Kahlo y a quien Frida dedica la obra en el reverso de la pintura, Para Florence y Sam con el cariño de Frida. México, Junio de 1949. Mientras que sobre el lienzo y en la esquina superior derecha se lee en letras rojas, Mexico. Frida Kahlo 1949. Diego y Yo.

Un alto ejecutivo de Sotheby's aseguró que el resultado de esa noche  "Se podría ver como la venganza máxima de Frida, pero más bien, es la máxima validación del extraordinario talento y el atractivo mundial de Kahlo".

Por último, ¿qué me pareció interesante en la subasta de esa noche?

Primero la decisión de Sotheby’s de poner una serie de mujeres y artistas latinos que muy a menudo están infravalorados en la misma venta que los grandes nombres europeos de primera línea como Renoir y Monet. Nombres como Leonora Carrington, Remedios Varo, Joaquin Torres Garcia, Armando Reveron, Wilfredo Lam, fueron parte importante de esta subasta.

Y segundo, la reacción del público de la sala de Sotheby’s ante el cuadro de Frida me dejó clara la multiculturalidad de Kahlo, su habilidad para hablar con tantas identidades. Y creo que eso es lo que hace su obra tan irresistible. Sin embargo, no pude evitar sentir, al estar sentada en esa sala, la desconexión que existe entre el arte que crea el artista y el mundo del arte que explota su obra y pensar mientras se vendía “Diego y Yo” por tantos millones de dólares ¿qué pensaría Frida de todo esto?