San Miguel de Allende, Gto. La edición XXII del Festival Internacional de Cine de Guanajuato (GIFF, por su sigla en inglés), que se inauguró el viernes 19 de julio en San Miguel de Allende, se encuentra en pausa. Este jueves 25 de julio retomará sus actividades, como es una tradición, en su segunda sede, en la ciudad de Guanajuato, donde por primera vez desde el 2014 efectuará su programa íntegro en el Auditorio del Estado, es decir, no extenderá sus actividades a los distintos teatros y plazas públicas de la capital guanajuatense, como se acostumbraba en los últimos años. La razón, según explicaron miembros de la organización del encuentro a El Economista, es que resultaba naturalmente más factible pagar una única sede que las 10 que se acostumbraban en la segunda etapa del encuentro fílmico en los años recientes.

La fundadora y directora del GIFF, Sarah Hoch, había ya explicado en diversas ocasiones que la medida respondió a los problemas para alcanzar el financiamiento que el encuentro fílmico requería, además de las afectaciones sobre la planeación de logística del GIFF por la publicación de las Reglas de Operación del Programa de Apoyos a la Cultura, del Programa de Apoyo a Festivales Profest 2019, el pasado 4 de abril, en el Diario Oficial de la Federación, a tres meses de la realización del certamen fílmico.

Además, dado que los resultados de la convocatoria se dieron a conocer el pasado 5 de junio, el margen temporal de maniobra del GIFF para el uso de esos recursos fue de mes y medio. Y, si bien fue uno de los siete festivales que recibió más recursos, por una cantidad de 5 millones 100,000 pesos, en los últimos años el certamen recibía hasta 10 millones de pesos por parte del gobierno federal. Por lo que, para solventar el recorte, el gobierno del estado de Guanajuato aportó otros 5 millones de pesos, de acuerdo con lo dicho por la directora del festival en una entrevista con este diario en abril pasado.

Cabe señalar que en la administración pasada los festivales más importantes recibían recursos etiquetados por fuera del Profest, que en el 2018 tuvo una bolsa de sólo 12 millones de pesos para financiar 36 proyectos culturales. Ahora, con las nuevas reglas, el Profest concentró todos los recursos para festivales (110 millones de pesos) y, aunque en términos relativos aumentó su presupuesto, en términos reales los recursos para festivales disminuyeron.

Con ese antecedente, el subsecretario de Desarrollo Cultural, Edgar San Juan, en representación de la secretaria de Cultura, Alejandra Frausto, inauguró el festival la noche del viernes, en el Jardín Principal de San Miguel de Allende. Allí, destacó que el GIFF es el primer festival que se ejecuta con el apoyo de Profest 2019.

“Saludo con especial gusto a la directora y fundadora del festival, Sarah Hoch, a quien felicito por el enorme trabajo que viene realizando junto con su equipo en este magnífico aparador entregado en favor del cine a lo largo de estos 22 años. Es un privilegio que el GIFF sea el primer festival que arranca después del apoyo de Profest. Es increíble también que los recursos públicos se dediquen a su consumidor final, a las audiencias”, dijo el funcionario en su discurso. Reconoció el esfuerzo del encuentro por mantenerse totalmente gratuito y, por ende, “su trabajo en favor de la población vulnerable, que se beneficia de todo lo que trae el GIFF”.

San Juan estuvo presente en diversas actividades del encuentro fílmico a lo largo del fin de semana. Incluso moderó la conferencia magistral que ofreció el cineasta Gus Van Sant en el teatro Ángela Peralta.

En ese contexto, El Economista buscó entablar una conversación con el subsecretario para conocer y difundir de primera mano la experiencia en torno a la organización del primer Profest de la presente administración federal y las adecuaciones contempladas para el próximo año, en virtud de la optimización natural para un programa de esta índole. Sin embargo, el funcionario se excusó.

Las observaciones y lo irremediable

Este diario ha informado con anterioridad que han sido varias las observaciones que festivales como el GIFF o encuentros como Despertares Impulsa hicieron llegar a las autoridades competentes en busca del mejoramiento de sus mecanismos, observaciones que han sido bien recibidas, a decir de Sarah Hoch y del bailarín Isaac Hernández, fundador del mencionado encuentro que la semana pasada se llevó a cabo en Guadalajara, Jalisco, sin ayuda del gobierno federal, y cuya continuidad no está garantizada. Hernández había anunciado su desaparición en junio pasado, pero la negociación podría retomarse mañana miércoles en una reunión programada entre el primer bailarín del English National Ballet y autoridades de Cultura, según compartió Hernández a este medio en el marco de Despertares.

Algunas de las observaciones que tanto Hoch como el creador de Despertares han hecho llegar a las autoridades para la optimización de Profest tienen que ver con la anticipación del lanzamiento de las convocatorias y su diversificación, así como con garantizar la continuidad de proyectos culturales más allá de los tiempos políticos.

“Necesitamos más Profest y no nada más uno para todas las expresiones artísticas, además de fondos que vayan etiquetados para cada una de las expresiones”, declaró la directora del GIFF durante el anuncio del programa del encuentro, el 14 de julio pasado. Ahí mismo, urgió que las convocatorias venideras acepten la postulación de asociaciones civiles y no así únicamente las de instituciones estatales de cultura.

Por su parte, la semana pasada, durante la conferencia de prensa de arranque de Despertares Impulsa, Hernández argumentó que tendría que ser bajo una plataforma que permita planear proyectos culturales que tengan continuidad, “sin depender de quién esté o no esté en el gobierno, sino que sean proyectos transexenales”.

La pelota está en la cancha de la Secretaría de Cultura, a la que le compete informar sobre los aciertos y oportunidades para el mejoramiento del Profest en los años venideros.

El año pasado el GIFF, con actividades en 22 sedes en las dos ciudades que lo albergan, generó una asistencia de 111,000 visitantes, que dejaron una derrama económica de 150 millones de pesos (cifra que se había venido sosteniendo en las últimas ediciones, según la Secretaría de Turismo del estado). Este año el poder de captación del festival podría verse limitado, ya que todas las actividades en Guanajuato capital estarán concentradas en el Auditorio del Estado, un recinto distante del centro de la ciudad, donde se captaba de manera orgánica a gran parte del público del certamen.

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