El Congreso sobre Política Basada en la Ciencia fue organizado por el Consejo Consultivo de Ciencias, la Oficina de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Presidencia y la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia con el objetivo de proporcionar perspectivas sobre los modelos de acercamiento entre la ciencia y la política.

El pasado 19 y 20 de octubre se dieron cita expertos en políticas públicas, titulares de instituciones científicas, académicos, investigadores y diplomáticos mexicanos y extranjeros, entre ellos argentinos, canadienses, estadounidenses, mexicanos y puertorriqueños.

En un primer foro, Enrique Cabrero, director general del Conacyt consideró que las sociedades del conocimiento son aquellas donde las democracias hacen uso de la ciencia en la toma de decisiones, la aceptan como un insumo importante y tienen claro que la ciencia es una palanca generadora de desarrollo, bienestar y competitividad. “Hemos avanzado, pero falta fortalecer los mecanismos para que el conocimiento informe y asesore la elaboración de políticas públicas en temas estratégicos y globales”.Reconoció que establecer una política científica de largo plazo, con carácter trans e interdisciplinario, es el mayor reto del país.

El coordinador general del Consejo Consultivo de Ciencias (CCC), Arturo Menchaca Rocha, consideró que el diálogo entre científicos y políticos en México no funciona como en otros países. “Esperamos que esta reunión permita plantar la semilla para el desarrollo de la ciencia y lograr que los jóvenes se conviertan en los asesores en el futuro”.

Rush D. Holt, de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS, por su sigla en inglés), dijo estar confiado en que este primer congreso fortalecerá la comunicación entre los científicos y los políticos. Destacó que cuando hablamos de ciencia y política se debe priorizar el entendimiento de los asesores científicos y quiénes reciben la asesoría. “Los asesores tienen que dejar claro cómo se sabe y adquiere la información acerca de determinado aspecto y cuál es la evidencia en cualquier nivel que se esté dando la asesoría”.

Distintas perspectivas

Durante la mesa de trabajo “Interfaz ciencia-política en México” se habló de las omisiones, pero también de los aciertos que se han tenido en esta construcción de políticas públicas desde la información y con ayuda de la ciencia.

José Franco, coordinador general del Foro Consultivo Científico y Tecnológico, señaló que dada la composición de las cámaras de Diputados y Senadores, los científicos deben tener presencia e involucrarse activamente. Se requiere “hacer política científica por científicos, y éstos deben estar instruidos en temas de política”, dijo.

Por su parte José Luis Morán, presidente de la Academia Mexicana de Ciencias, destacó que esta agrupación ha participado de la política científica del país, pero criticó que cada sexenio haya cambios y recortes presupuestales. Agregó que todas las áreas del conocimiento están representadas y listas para discutir, promover y sugerir soluciones a problemas sociales.

Arturo Menchaca Rocha, del CCC, señaló que tanto las instituciones como la comunidad científica carecen del aprecio de la población. “En algunas encuestas se tiene registrado que la gente cree que la ciencia implica un peligro”. Lamentó que al sector científico no se le ha dado la importancia que merece.

El director de Cooperación Internacional del Conacyt, Arturo Borja Tamayo, opinó que México necesita contar con políticas transexenales y copiar modelos como el de Corea del Sur, que basó su éxito en una secuencia de cuatro etapas: producción de evidencia, diseño de políticas públicas, implementación de políticas públicas y resultados de la política pública.

La función de la asesoría

Durante su conferencia, Mario Molina, Premio Nobel de Química 1995, reconoció el “enorme papel” que tiene la ciencia y la importancia de que los científicos trabajen de cerca con los gobiernos, pero fue claro: “La asesoría sólo funciona si uno puede dar la asesoría y también que alguien lo escuche a uno”.

Cuando fue integrante del Consejo de Asesores de Ciencia y Tecnología de los pasados dos gobiernos en EU, “esto fue relativamente fácil cuando estaba el presidente Obama en el poder, y se comprobó con la concreción del Acuerdo de París, pese a tener a un congreso en su mayoría republicano, escéptico del cambio climático”, expresó Molina.

Aun así dejó firme su postura: El papel de la ciencia en su conexión con las políticas públicas es informar a los tomadores de decisión sobre los posibles escenarios que pudieran presentarse según las decisiones que se tomen, pero no señalar qué políticas públicas se deben tener.