“Nos enteramos de que Hugo López-Gatell era lector de poesía y, por su historia familiar, de la poesía de la Guerra Civil Española. Le pedimos el favor de leer un poema de Miguel Hernández y accedió y nos lo grabó”, dijo a manera de introducción, el director del Fondo de Cultura Económica (FCE), Francisco Ignacio Taibo Mahojo, para presentar la lectura del subsecretario de Salud.

El funcionario leyó un fragmento de “El hambre”, de la Antología poética de Miguel Hernández, “uno de los participantes de la lucha contra el fascismo del franquismo en España”, describió el mismo Hugo López-Gatell.

El mensaje tenía la intención de transmitir a los espectadores que en estos momentos de crisis es mejor “quedarse en casa leyendo”, explicó Taibo II, “si necesitamos mantener los encierros de la mayoría de la población, la lectura es el gran compañero de este fenómeno”, comentó.

También anunció que al espacio “Desde el fondo” que se transmite todos los miércoles a las 8 de la noche asistirán otras figuras públicas que “están ligadas a la lucha por la salud”.

“Venimos de un pasado gobierno en donde todos eran una analfabetas funcionales. El descubrir que hay un equipo de salud que está haciendo un trabajo admirable, déjense de cuentos y basureo, que hay lectores lo ponen a uno de buen humor”, destacó.

Dijo que durante las transmisiones estarán los títulos “Los seis días del cóndor”, de James Grady de la colección “Vientos del pueblo” cuyos ejemplares también se llevaron a Los Pinos para el personal médico a quienes se pusieron a disposición las instalaciones de la ex residencia y ahora centro cultural.

Fragmento “El Hambre”

El hambre es el primero de los conocimientos:

tener hambre es la cosa primera que se aprende.

Y la ferocidad de nuestros sentimientos,

allá donde el estómago se origina, se enciende.

Uno no es tan humano que no estrangule un día

pájaros sin sentir herida en la conciencia:

que no sea capaz de ahogar en nieve fría

palomas que no saben si no es de la inocencia.

El animal influye sobre mí con extremo,

la fiera late en todas mis fuerzas, mis pasiones.

A veces, he de hacer un esfuerzo supremo

para acallar en mí la voz de los leones.

Me enorgullece el título de animal en mi vida,

pero en el animal humano persevero.

Y busco por mi cuerpo lo más puro que anida,

bajo tanta maleza, con su valor primero.

Por hambre vuelve el hombre sobre los laberintos

donde la vida habita siniestramente sola.

Reaparece la fiera, recobra sus instintos,

sus patas erizadas, sus rencores, su cola.