¿Qué es el español en México y cómo lo podemos identificar? Esta pregunta motivó la documentación, investigación y creación del Diccionario del Español de México (DEM), cuya primera edición se publicó por El Colegio de México (Colmex) en 2010 y una segunda en 2019 con su versión digital.

Churrigueresco, cantata, mero, escuincle y escuintle, guácara, pachanga y desmadre son algunos de los términos que se explican en este ejemplar no solo por su definición sino por sus cualidades; se ofrecen ejemplos e incluso suelen contener contextos de su uso. Asimismo, la versión digital permite al interesado hacer búsquedas expeditas que permiten enriquecer la experiencia de buscar en un diccionario. Pero sobre todo es un trabajo cercano al público, llámese popular o culto, porque abreva de ambos y define el uso habitual de sus palabras.

La tarde de este miércoles los elogios para el DEM vinieron desde España a través del conversatorio binacional “Una lectura española del Diccionario del Español en México”, que sostuvieron los lingüistas mexicanos Luis Fernando Lara y Francisco Segovia, del Colmex, corresponsables del DEM, con los filólogos y lexicólogos españoles Francisco Carriscondo, de la Universidad de Málaga, y Cecilio Garriga, de la Universidad Autónoma de Barcelona, moderados por Silvia Molina.

Para el lingüista Cecilio Garriga, el DEM “tiene una función ejemplarizante para el resto de las variedades del español. Que un país como México, que es con diferencia el que aporta más hablantes al español, con su riqueza cultural y su potencial económico, haya elaborado un diccionario como este contribuye a esa visión del español como una lengua pluricéntrica (...) ha dotado al español un importante aparato crítico”.

Señaló que el DEM muestra el afán descriptivo de la lengua utilitaria, una más cercana a la realidad de los hablantes y ha renovado la lexicografía del español en varios aspectos, por ejemplo, en el caso de las definiciones.

“Recoger y marcar palabras groseras, populares, ofensivas, supone un interés por describir la lengua como es, desde la posición del científico que no pretende decirle al hablante cómo debe emplearla”, explicó.

Por su parte, Francisco Carriscondo instó a no olvidar que “lo más importante y lo que legitima nuestra profesión es la elaboración de recursos útiles para la sociedad, que es en definitiva quien paga nuestra dedicación a estos asuntos y son ante quienes tenemos que estar legitimados. Necesitamos hacer diccionarios del estándar de cada nación hispanohablante sin pretensiones de validez universal ni de relegarlos al ámbito de lo no estándar. Tenemos ya un precedente y un modelo que es el Diccionario del Español de México”.

Cómo se construyó

El DEM, dijo por su parte el doctor Luis Fernando Lara, profesor-investigador emérito del Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios del Colmex y coordinador del diccionario, pretende reconocer al menos un núcleo de los usos de nuestros vocablos a partir de 13 principales llamados géneros escritos y hablados en nuestro país desde 1921.

Para ello se seleccionaron párrafos al azar de obras literarias de autores mexicanos hasta 1972; se hizo una selección de reportajes, ensayos de opinión, temas de política, economía y deportes en la prensa nacional; también de las ciencias del país, la religión, el discurso político y el habla de “personas culturas”; pero también lo que llamó “tradición popular” en telenovelas y fotonovelas, así como grabaciones de conversaciones coloquiales y familiares, lo mismo que las jergas juveniles y de la delincuencia.

De esta investigación indicó, derivaron 70,000 vocablos, incluidos una sorprendente cantidad de “nahuatlismos”, de los cuales un poco más de 30,000 tienen tres o más apariciones que dan lo que llamó el investigador un “cuño social”. Todos estos vocablos son acompañados por datos culturales, cuantitativos de uso y dispersión, siempre en sus contextos.

“Ha resultado ser un diccionario nacional por su riqueza regional y popular”, concluye Lara.

ricardo.quiroga@eleconomista.mx