Hoy que continúa la segunda temporada de la serie The Walking Dead, después de poco más de dos meses de suspenso, nos interesó preguntar cuál es la razón para que el zombi sea una figura tan recurrente en nuestras narrativas.

El zombi como relato posmoderno no es nuevo. Pero en los últimos años ha sido recurrente, desde las películas de George Romero hasta el cómic de Robert Kirkman y Tony Moore (2003) de donde se basa la teleserie transmitida por canal Fox, hasta las novelas que utilizan el zombi como un falso recurso de remake (la versión zombie de Orgullo y prejuicio) o la celebradísima novela Descansa en paz del sueco John Ajvide Lindqvist (mejor conocido por la novela y película sobre dos vampiros adolescentes Déjame entrar), entre otros miles de ejemplos que van desde la película española Rec, las secuelas de Resident Evil o la película que actualmente filma Brad Pitt.

Algunas narrativas tocan el tema de forma oblicua como la cinta Super 8, donde un grupo de niños elabora un corto de zombis, o en la novela Ánima donde el mexicano Antonio Ortuño quiso burlarse del cine de autor creando una contradicción de sentidos.

Sin embargo, esto obliga al menos una pregunta: ¿de qué nos habla esta recurrencia al zombi? ¿Se trata de una mera moda o hay una serie de símbolos que critican con vehemencia nuestra contemporaneidad?

EL SIGNO EMOTIVO

De acuerdo con el escritor catalán Jorge Carrión, autor de la novela Los muertos y del ensayo Teleshakespeare, la principal aportación de las narrativas teleseriales es la ausencia de biografía de los personajes: el personaje se construye al tiempo que lo hace la propia trama , dice en entrevista Jorge Carrión. Con lo cual, se genera un nuevo modelo relacional entre el espectador-lector y los personajes tridimensionales que le presenta su pantalla: el tiempo -como siempre lo ha hecho-, faculta ahora sólo en la ficción nuestra fidelidad, y un giro emotivo. Por eso, a decir de Carrión, somos capaces de sentir una gran empatía por personajes maleantes y fuera de la ley o, en el tema que nos toca, podemos sentirnos plenamente afectados o identificados con un personaje muerto y sin conciencia que se acerca amenazante.

Las teleseries han conseguido crear un imaginario global compartido, de modo que en diversas capas de interpretación todos podemos entenderlas , dice el catalán.

Quizá por eso, los cinco últimos minutos de la primera parte de la segunda temporada de The Walkind Dead nos interfieren de un modo radical, llevando al acto de teleficción a grados de profundidad notables, escenas que permanecen y hacen eco como los grandes finales de otras series como Lost o Los Soprano. La potencia poética y la profundidad emotiva de ese momento es innegable. Sobre el zombi, dice una cosa: es parecido a nosotros.

EL MIEDO A LO GLOBAL, A IDENTIFICARNOS

Bajo esta idea, el filósofo madrileño Jorge Fernández Gonzalo, autor del libro Filosofía zombi, finalista del Premio de Ensayo Anagrama 2011, dice: Los muertos vivientes pertenecen, ya con pleno derecho, a nuestro imaginario mítico y poseen una versatilidad metafórica incuestionable a la hora de definir nuestro tiempo. Por eso he querido dar una imagen entrañable de ellos. Creo que el zombi es una metáfora de muchas de las enfermedades de la sociedad, de ahí que sus representaciones fantasmáticas en las obras de ficción tengan un carácter reparador, reconstituyente , dijo en entrevista.

Escarbando un poco más, el escritor apunta en el texto: La invasión zombi no representa tanto el miedo a lo ajeno como un miedo global, miedo a que la humanidad alcance el punto en el que se haga toda ella una y no pueda soportarlo .

Sobre esta idea, Fernández Gonzalo comenta: El precio de soportarnos todos pasa por poner en peligro las pluralidades, las maneras independientes de ver a los demás y de vernos a nosotros mismos .

Por su parte, Carrión dice sobre el zombi: No hay que subestimar la fuerza de la moda, que es de naturaleza mimética y que no tiene por qué explicarse por factores socio-políticos (por ejemplo, los colores de la ropa de temporada). De modo que quizá, no sea más que eso.

Pero es tentador ver la crisis económica y cómo ha afectado los valores tradicionales en los relatos de zombis, que plantean un mundo en que hay que reinventar lo que es humano, la moral, el colectivo. En esos mundos, la democracia, por ejemplo, es imposible, como lo es también el capitalismo.

De modo que se erigen los líderes con más habilidades militares y se imponen el saqueo y el trueque. Por otro lado, me parece que pueden triunfar particularmente en un mundo en que la pantalla ha asumido el porno y el gore como normales .

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