Con el año que terminó y el futuro que alcanzamos a vislumbrar, hablar de cine en el encierro parece una cuestión inevitable. Dado que es difícil limitar a unas cuantas ideas todas las formas en que la pandemia ha transformado nuestra relación con el arte y su consumo —entre otros aspectos de la vida que se han modificado— reunimos el testimonio de distintas personas que respondieron a la pregunta ¿Cómo ha cambiado tu relación con el cine durante la pandemia?

Esperamos que el panorama se pueda esclarecer mediante la polifonía y así procesar los cambios que ocurren en la producción y consumo del cine.

—“Pienso que la emoción que mejor nos describe como espectadores durante la pandemia es la angustia (como en el resto de la vida). El cine pasó a ser un objeto doméstico más, de imágenes compulsivas que comemos sin digerir; la accesibilidad, en su versión digital, una exigencia que confundimos con inmediatez y cobertura (cuantitativa antes que cualitativa); la cinefilia, por su parte, un empeño por descubrir lo nuevo sin haber siquiera descubierto lo viejo. ¿El antídoto? Un deseo: que llegue el momento de sentarme en una sala de cine oscura, rodeado de gente extraña, a ser un extraño más”.

Rafael Guilhem. Crítico de cine y antropólogo social. Ha publicado en medios como El Antepenúltimo Mohicano, La Tempestad y la Revista de la Universidad de México. En 2017 y 2020 formó parte de la sección The Video Essay del Festival Internacional de Cine FILMADRID.

—“En 2020 extrañé los encuentros. Por supuesto, en el plano virtual el encuentro está dado pese a la pandemia. Hubo muchos actos en vivo donde personas de distintos países compartieron su tiempo de cine y encierro. Pero la virtualidad nunca podrá sustituir la sinestesia de entrar a una sala de cine, de salir a dialogar con el paisaje o de tener una experiencia cuerpo a cuerpo junto a otras personas. Los gestos dialogan y sintetizan preguntas, no se agotan al salir de una sala de Zoom, como ahora pretende indicarnos una nueva cotidianidad. Las personas y las preguntas que convocan las películas son invaluables”.

Carlos Rgó. Doctorante en Estudios Latinoamericanos por la UNAM y ganador del concurso de crítica “Fósforo” en 2018. Lector indisciplinado y un espectador de cine con filias teóricas.

—“En la pandemia, el ritual social y afectivo de ir al cine, en una sala con extraños, fue desvaneciéndose poco a poco. Nos aferramos a las pantallas pequeñas y las plataformas digitales, pero también nos encontramos con que las películas nos ayudaban a sentir y a estar juntos, aspecto que las restricciones sanitarias no nos permitían. Cuántos no percibieron miedo cuando dos personajes se tocaban o no respetaban la sana distancia en la ficción. El cine nos prestó su cuerpo para tener experiencias táctiles y afectivas a través de las películas, logrando para muchas personas ser el único medio para no estar solos”.

Fernanda Rio. Coordinadora y programadora de diversos proyectos de exhibición cinematográfica. Publicó Cómo montar un cine: manual para exhibidores en 2018. Actualmente es directora de Promoción del Cine Mexicano en el Imcine.

—“Para mí, el cine se ha vuelto incómodo de mirar desde la pasividad en que me encuentro. Ya el filósofo Guy Debord advertía que el cine como un simple espectáculo es peligroso pues responde a intereses hegemónicos y no nos invitan a actuar en la realidad. Extraño ver para después hacer; la interacción entre lo teórico y lo cotidiano. Ser una espectadora que se somete a mirar desde el sofá ha cambiado mi vínculo con la pantalla. Si antes las imágenes representaban lo que experimentaba en vida y le daban una explicación profunda, ahora me confrontan con un mundo que me resulta cada vez más ajeno y al que espero algún día volver con más dudas y con menos conformismos”.

Magaly Olivera. Editora y crítica cinematográfica. Ha editado en festivales como Ambulante, Festival de Cine de Barrio, DocsMx y Cinema Queer y publicado en medios como Icónica, Correspondencias, Cinegarage, Mi Valedor, Código y Tierra Adentro, entre otros.