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Arte e Ideas

Lectura 5:00 min

El arte de la cocina televisiva

O de cómo Anthony Bourdain me ayuda a bajar de peso.

Me pondré confesional. No es la primera vez que lo hago pero siempre me da pena confesarme en el Garage. Después de todo esta, se supone, es una columna de arte. ¡Pero es que hay un arte en eso de hacer que la comida en la tele se vea deliciosa!

Primero, la confesión: desde hace seis meses estoy en el trance de bajar de peso. Ha sido una experiencia entre gloriosa e incómoda. Gloriosa porque, como cualquier persona que siempre ha tenido problemas de gordura puede acreditar, casi no hay nada mejor que sentir como la ropa se va aflojando. Se siente uno ligerito ligerito, y al mismo tiempo pequeño y grandioso. Debería haber una app que le trajera esa sensación a todo mundo.

Incómoda, por supuesto, porque no puedo comer todo lo que se me pega la gana. En mi dieta no puedo comer carbohidratos. Maldita sea mi vida: son mi comida favorita. El azúcar y los cereales (¡y juntos en un tazón de Fruti Lupis!) han sido durante años mi comida principal. Entonces no puedo entrarle a la pizza, ni a las pastas, en fin, a todo lo delicioso.

Encontré la solución al síndrome de abstinencia de los carbohidratos un día viendo la tele por casualidad. Fue una epifanía. Descubrí los programas de cocina.

Pero Concha , me dirán. ¿Ver gente comiendo y cocinando no hace que se te antoje más la comida? . Respondo que sí, pero de algún modo mágico ver cocinar hace que se me pase la ansiedad del deseo. Es un hecho: los programa de cocina son mi porno.

Uno en particular es mi orgasmo favorito: el show de Anthony Bourdain. Si lo han visto sabrán que el show de Bourdain no es un programa de cocina en stricto sensu. Bourdain viaja a diferentes ciudades del mundo y trata, con mucha fortuna (lo sé por los programas que ha hecho en México), de retratar la cultura local evitando el exotismo fácil.

Lo hace con mucha ironía, es como un Han Solo que sabe de comida. Sus programas, Sin reservas y el más reciente Haciendo escala, no se tratan de ver a un chef cocinando, sino más bien de un bon vivant ejerciendo el arte de viajar, charlar, opinar y hacer que la cocina callejera de, digamos, Malasia, se vea tan deliciosa como una cena a todo lujo en el Pujol. Qué sé yo, Bourdain es un dios de la cocina televisiva. Y yo lo veo comer y siento que como con él y romper la dieta ya no tiene sentido.

Bourdain es, además, valiente. Si va, por ejemplo, a Beirut habla sin temor con la gente común sobre el conflicto con Israel. No sólo es un programa muy divertido de life style, sino un rompebarreras del género; la vida diaria implica comer, beber, amar y odiar. Don Anthony es un experto en todo eso: ama y odia sin tapujos y en medio come. A veces cocina.

Mi amor por Bourdain me hizo buscar el libro que fue su primer claim to fame, publicado por primera vez en el 2000. Aunque ya era chef ejecutivo cuando lo escribió, lo cierto es que fueron las indiscreciones de su Kitchen Confidential las que lo pusieron en el mapa de ese universo de los chefs celebridad, que en Estados Unidos es ya toda una cultura.

Según explica Anthony Bourdain en el prólogo, no escribió Kitchen Confidential para todo mundo. Lo hizo, mordazmente, para sus colegas de las cocinas del mundo, para que dijeran Hey, este tipo es uno de nosotros . uno de ellos, con las manos llenas de heridas y con corazón de pirata. Ese es uno de los insights más interesantes del libro, por cierto: el mundo de la cocina es un mundo de forajidos con todo lo que eso implica. Sexo en la despensa. Cocaína en la estufa. Heroína en todas partes. Bourdain no es tímido y se pone mucho más confesional de lo que yo podría atreverme en esta columna.

Kitchen Confidential es un libro encantador. Ligero, chistoso, descarado. Bien dicen que las mejores memorias son las de los cínicos. Es una ecuación ciertísima. Como buen cínico Bourdain no se guarda nada y es muy capaz de burlarse todos, sobre todo de sí mismo. Pero también es capaz de guardar reverencia por algunas personas, sus mentores, claro, pero también de aquellos con los que ha compartido decenas de cocinas, muchos de ellos cocineros y lavaplatos sin papeles que trabajan en los grandes restaurantes de Nueva York, de donde es Bourdain.

Ahora que vienen las vacaciones y buscan algo simplemente divertido para leer, háganme caso. Lean Kitchen Confidential. Es un modo de rendirle homenaje a la buena vida.

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