Hay quienes creen que la economía es una ciencia árida y fría. El que esto suscribe alguna vez estuvo entre ellos. Pero para el premio Nobel en Ciencias Económicas del 2000, Daniel McFadden, en los últimos años la economía se ha convertido en la nueva ciencia del placer .

Al menos así se llama el artículo de revisión que publicó en el 2014 sobre el consumidor visto desde la interacción entre las ciencias económicas y la neurobiología, la teoría de la evolución, la psicología y la antropología, cuya combinación está generando un campo del conocimiento apasionante y útil.

¿Útil para qué? Para ser feliz. McFadden obtuvo su Nobel por el desarrollo de la teoría y métodos para analizar las elecciones discretas , cosa que sigue haciendo, pero ahora en una suerte de nueva ciencia económica de la cual platicó en entrevista en el Lindau Nobel Meeting de Ciencias Económicas.

¿Estamos de alguna manera regresando los orígenes de la ciencia económica?

La felicidad no necesariamente es atender el interés propio, pero hubo un tiempo en el que la economía parecía considerarlo así. Estamos regresando, con la interacción que tiene la economía con otras ciencias, a considerar la felicidad como el tema más importante en la ciencia económica.

En los primeros días de la ciencia económica, la noción de felicidad era muy amplia, no había una definición estricta de su naturaleza. Fueron los desarrollos en el siglo XX que lo interpretaron de una forma individualista, con gustos fijos y sin influencia de otras personas, ese modelo de predecir conductas a gran escala es el que verdaderamente estoy atacando.

Los seres humanos son animales sociales, lo que les importa y lo que conduce su comportamiento es su grupo social. Hay mucha evidencia de eso, desde la sociología hasta el marketing y la antropología, que muestra el poder del grupo sobre el individuo.

El segundo gran grupo de resultados proviene de la neuroeconomía y las ciencias del cerebro, que muestran que los incentivos están guiados por el interés de tener mayores utilidades o mayor placer. Eso se acerca a lo que decían los primeros economistas en el siglo XVIII.

Este tipo de estudios apenas está empezando, hay mucho por investigar; creo que está claro que no tenemos circuitería en el cerebro para las utilidades, pero hay vías muy claras de recompensas placenteras que actúan mucho como la utilidad.

¿Qué tan cerca estamos de saber cuantificar el placer?

Probablemente en este momento podríamos hacer una especie de índice de qué tan feliz es la gente, lo que se relaciona bastante directamente con las funciones del cerebro y las vías de recompensa, pero creo que las cosas que se han promovido recientemente se han aceptado de forma muy poco crítica, y me refiero concretamente a la sugerencia de Danny (Daniel) Kahneman (Nobel 2002), de que simplemente le preguntes a la gente qué tan satisfecha está con su vida y qué tan feliz está en ese momento y que lo uses como índice de utilidad. No él, pero otros han dicho: OK, usaremos eso y que con eso se guíen las políticas públicas. Creo que ése es un paso demasiado grande.

Los resultados experimentales (algunos del propio Kahneman) sugieren que esas preguntas simples y directas están relacionadas con la felicidad fisiológica, pero también están influidas por todo tipo de cosas ajenas y dependen de cómo se hagan las preguntas o de lo que la persona está pensando 30 segundos antes de que le pregunten y cosas así. Entonces las respuestas son extremadamente volátiles y no son muy confiables, son señales muy ruidosas. Tal vez en el futuro encontremos una manera de extraer más de los verdaderos niveles de placer del ruido.

¿Es cierto que a la gente le importa más ahora cómo se hace un producto que el producto mismo?

No hay duda de que la gente responde a eso. Sabemos que lo que hace que el cerebro se ilumine son los procesos, no los estados. Le diré algo que digo en torno a eso: no es la búsqueda de la felicidad, es la felicidad de la búsqueda.

El ser humano responde a la emoción de la búsqueda, a las amenazas de pérdidas. Hay razones evolutivas para eso y también para olvidar de dónde vienes y concentrarte en los cambios.

La práctica de evaluar la sustentabilidad y las prácticas justas detrás las comodidades que compras, puede que exista. Pero no es un experimento que haya visto. Casi todo lo que tiene que ver con la felicidad y el placer que no sea escoger una marca u otra es elusivo y difícil de medir.

Sobre sí mismo, McFadden cuenta que como estudiante a finales de los 50, tuve la mayor parte de mi entrenamiento en otros campos; fui de la física a la sicología, el de economista no es más que el título con el que al final me quedé.

Durante la mayor parte de mi carrera, la ciencia económica ha sido estrecha de miras, se ha visto sobre todo a sí misma, es hasta los últimos 20 años que se ha dado un despertar al hecho de que hay muy buena ciencia y relevante en otras disciplinas.

Los economistas suelen creer que son más listos que los otros científicos sociales, y yo creo que ahora también se está corrigiendo el rumbo en eso .

@manuelino_