La despedida de José Emilio Pacheco, un poeta tan querido como admirado y reconocido, podía haber sido velado en el imponente Palacio de Bellas Artes pero, fiel a su humildad en vida, Pacheco prefirió ser despedido en el Colegio Nacional, del que era miembro y que este lunes quedaba pequeño ante el alud de personalidades y lectores anónimos que se acercaban a darle su último adiós.

Los restos del escritor, fallecido el domingo a los 74 años, reposaban en un sobrio ataúd de madera en el Aula Magna de la institución, que tantas veces se abarrotó en sus animadas charlas y que ahora lucía llena de coronas de flores.

Su viuda, la periodista Cristina Pacheco, explicó que el homenaje fue en el Colegio Nacional porque es aquí donde acudíamos cada mes, para él era una ilusión muy grande entrar en este edificio, y lo más bonito es que en sus conferencias venían personas de todo tipo.

Mujeres con el mandado entrando corriendo y disculpándose porque llegaban tarde, además de estudiantes, comerciantes, muchos jóvenes, y eso para él era un aliento muy grande , dijo.

Ante el recinto, que lució abarrotado por diversas personalidades del ámbito cultural, artístico y político, el historiador Enrique Krauze fue el encargado de dedicar algunas palabras.

Krauze dijo que Pacheco fue uno de los más altos humanistas literarios de las últimas décadas del país y de la lengua española. Asimismo, dijo que practicó todos los géneros literarios con la misma sabiduría, precisión y gracia. Así fuera la poesía, el cuento, la novela, el ensayo, el artículo erudito, el texto periodístico o la traducción.

Y añadió: aunque era un maestro cautivante y un conversador ameno, su vocación era llegar al público y al lector común .

José Emilio era, en el buen sentido de la palabra, bueno. Lo caracterizó una insaciable curiosidad por descubrir el ancho mundo y a la vez el altivo gozo de la minucia , dijo Enrique Karuze.

Elena Poniatowska, Premio Cervantes 2013, recordó el sentido del humor y lo fundamentalmente bueno que era Pacheco, un pilar de la poesía en México y de una poesía ligada a la gente de la calle, a todos nosotros, pero también una poesía muy culta , dijo.

SE FUE A SU SUEÑO,?EL SUEÑO DE SU POESÍA

La viuda Cristina Pacheco contó que el escritor sufrió una caída en la que se golpeó la cabeza.

No le dolía el golpe en la cabeza, pero sí estaba incomodo. Pidió una pastilla para el dolor, por si le daba, me pidió una pastilla para dormir, dormimos juntos, vimos un poco la televisión, las noticias, me comentó algo de mi programa que había visto y que le agradeceré siempre. Luego se quedó dormido... .

El escritor no despertó, estaba inconsciente, y a la mañana siguiente fue llevado al hospital.

Consultamos a dos cirujanos y ambos coincidieron en que es tanta la hemorragia que presenta que la operación no iba a resultar bien.

Hay 95% de probabilidades de quedar en estado vegetativo, y jamás le hubiera hecho yo algo a José Emilio, no me hubiera gustado verlo convertido en vegetal, tener a una persona que no podía hacer lo que más ama en la vida, que es leer, escribir y caminar.

Así que preferí que no se hiciera la operación, que lo dejáramos tranquilo y se fue muriendo lentamente y en la absoluta tranquilidad.

Se fue quedando dormido y se fue, se fue a su sueño, el sueño de su poesía , dijo afligida doña Cristina, pero confortada de que su marido se fuera trabajando y habiendo terminado una columna dedicada al poeta argentino Juan Gelman, fallecido hace apenas 12 días, en la ciudad de México.

Es lindo pensar que en el último trabajo que él hizo se encontró con un amigo, con un poeta y, a lo mejor, andan juntos por ahí, en alguna parte inventando historias, contando historias o haciendo poemas , expresó emocionada.

La viuda adelantó que Pacheco será incinerado, porque él no quería una tumba ni estar encerrado, porque tenía claustrofobia y, probablemente, sus cenizas se esparzan en el mar de Veracruz, donde pasó parte de su infancia.

Entretanto, el presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Rafael Tovar y de Teresa, adelantó que el Palacio de Bellas Artes pronto le rendirá un gran homenaje. Si una figura mexicana lo llena en toda su plenitud es Pacheco , dijo.

Cristina Pacheco y una de sus dos hijas, Laura Emilia hicieron, junto al secretario de Educación, Emilio Chuayffet, y el presidente de Conaculta, Rafael Tovar y de Teresa, la primera guardia de honor al poeta, que fue seguida por José Sarukhán, Eduardo Matos Moctezuma, Mario Lavista, miembros de El Colegio Nacional y lectores. (Con textos de Notimex y AFP)