Ante la presente discusión sobre la nueva ley de etiquetado, el doctor Fernando Pérez Galaz, especialista en Cirugía Bariátrica, Gastrointestinal y Metabólica, quien ha estado presente en los conversatorios para la aprobación de esta nueva ley, dijo que el esfuerzo que hoy se hace para modificar el etiquetado es aplaudible.

“Que prácticamente la Cámara de Diputados haya aprobado por unanimidad el cambio de etiquetado es para enaltecer y felicitar”, reconoció, e hizo hincapié en que para esta iniciativa que se discute, hay un trabajo científico amplio, con muchas organizaciones involucradas como el Instituto Nacional de Salud Pública, quien ha hecho esfuerzo de asesoría al legislativo para el tema.  

Agregó que es un sistema perfectible para las siguientes versiones y habrá muchas voces que incluir, pero había que aprovechar el momento de la discusión. Dijo que seguir aplazando la entrada en vigor de este etiquetado por decisiones técnicas no era pertinente.

“Cuando se vino la discusión del etiquetado de los cigarros, la persona que fuma, aunque le pongas imágenes desagradables en la etiqueta, va a seguir fumando, pero ha servido como inhibición para los que aún no empiezan a fumar”.

Esta medida no es la única que se necesita

Por otro lado, indicó que el etiquetado no puede funcionar solo, “porque si se pretende que una medida va a resolver el problema de obesidad en México, estamos completamente equivocados. Tampoco el etiquetado es la panacea, se debe acompañar de un conjunto de medidas que el gobierno debe impulsar”.

Otro ejemplo, es el impuesto al refresco, que tuvo un efecto transitorio en la disminución de consumo, pero después se normalizó e incluso las empresas refresqueras han reportado ventas récord, esto quiere decir que hay que complementar el impuesto. “Los especialistas dicen que tendría que ser de 20 a 30% del valor del refresco para que efectivamente tenga un efecto de inhibición al consumo y no sólo pegue la medida a las poblaciones más pobres”.

Por supuesto que esto debe ir aparejado con educación en nutrición, dijo, “porque  si tenemos una población con un etiquetado, pero que a ella no le dice nada la leyenda ‘alta en calorías’, seguirá siendo lo mismo y lo va a consumir”.

Siguiendo con las medidas, agregó que para disminuir la prevalencia del ambiente obesogénico, se han reportado acciones exitosas como agregar bebederos y agua corriente y potable en los lugares públicos, prohibir definitivamente los ultraprocesados en las escuelas y sus alrededores, pláticas constantes a los niños y jóvenes, quienes a su vez podrán transmitir sus conocimientos a los hogares; también la publicidad dirigida a menores, “además de que los actores (ONGs, médicos, industria) sumemos esfuerzos para prevenir la obesidad y que personas ya obesas encuentren espacios adecuados para su tratamiento. Con etiquetado y sin etiquetado, si no cambiamos la educación sobre qué es una alimentación sana, no vamos a mejorar de manera real, pero es fundamental abrazar esta ley y promoverla”, concluyó el también director de la clínica integral de obesidad y sobrepeso Balianz.

¿Qué propone el dictamen?

  • Establecer las bases generales para la adición de un etiquetado frontal de advertencia en alimentos y bebidas no alcohólicas, como parte de la estrategia para combatir la obesidad, el sobrepeso y la diabetes.
  • Especificar en la Ley General de Salud, las características que debe tener el etiquetado, es decir, que sea claro, veraz y de fácil comprensión para toda la población.
  • Promover la alimentación nutritiva, así como fomentar la activación física en la población.
  • El documento integra las propuestas de ocho iniciativas de diputados de diversos partidos (PRI, MC, PVEM, PES y Morena), todas las iniciativas proponen un etiquetado frontal de advertencia de fácil y rápida comprensión.
  • El dictamen cuenta con dos opiniones en sentido positivo de las secretarías de Economía y Salud.

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