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"Bosques": la obsesión de encontrarse
Cuenta de manera simultánea la historia de tres momentos seminales del pasado europeo: la guerra entre Francia y Prusia a finales del XIX, y las dos guerras mundiales del siglo XX.

No sabemos qué obsesión tendrá el director Hugo Arrevillaga con las obras del dramaturgo líbano-canadiense Wajdi Mouawad. De todos modos, una respuesta explícita al respecto no es necesaria: basta tan solo ver las obras de Mouawad montadas por la compañía de Arrevillaga, Tapioca Inn.
He ahí mucha belleza. Y uno puede fácilmente obsesionarse con la belleza.
Teatro de esta calidad es poesía, y no crea que eso implica que las obras del dúo Mouawad-Arrevillaga son aburridos y autocomplacientes juegos líricos de esos que nadie entiende, no. Son obras divertidas, con historias perfectamente claras y largas (Bosques dura 4 horas, igual que Incendios) abundantes en detalle y anécdotas, con personajes completamente humanos.
Bosques es la nueva obra de Mouawad que dirige Arrevillaga. Forma parte de la misma tetralogía de Litoral, que pusiera hace 4 años, e Incendios, que el año pasado fue un verdadero éxito (la tetralogía la completa Cielos, que seguramente ya veremos pronto en manos del estupendo elenco de Tapioca Inn).
Las obras de Mouawad tienen un regusto de trascendencia, de tragedia puesta a escala del hombre común. Varios temas se repiten en su tetralogía para darle unidad: las verdades que ocultan las familias (especialmente las madres), la belleza que pervive en medio de la violencia, el desarraigo, la memoria...
Desde luego Bosques no es la excepción, pero sí es una obra distinta a Incendios y a Litoral. Mientras aquellas lidiaban con el presente y la historia reciente, Bosques no teme en ir más lejos, al siglo pasado, y cuenta de manera simultánea la historia de tres momentos seminales del pasado europeo: la guerra entre Francia y Prusia a finales del XIX, y las dos guerras mundiales del siglo XX.
No se halla...
La protagonista, nuestra guía en este viaje entre los siglos, las naciones y la guerra, es Lobo, una adolescente que, en términos coloquiales, no se halla. Es una bonita frase, no hallarse, porque eso es precisamente le pasa a Lobo: no encuentra su origen no digamos ya histórico, sino concreto. No sabe exactamente quién es su familia, qué decisiones tomaron y cómo diablos llegó ella a dónde está.
Del otro lado de la historia, una incógnita, está Aimée, la madre de Lobo, que desarrolla un tumor maligno devastador y deja en Lobo un dolor insuperable y dudas terribles
Lobo solo puede buscar en su pasado, no sabe qué tan lejos, para encontrar respuestas. Su guía será un paleontólogo especializado en genealogía. Sin saberlo, están por cumplir viejas promesas traicionadas por los antepasados de Lobo.
Bosques es también una historia sobre cómo el odio puede hacer que dos naciones se hermanen, y que, mediante su sangre derramada en el campo de batalla, sellen un pacto eterno de unión.
Así pasa con el pueblo francés y el alemán, cuyo odio es eje en el drama, pero ese odio, esas guerras civiles que parece nunca dejarán de pelearse y que cada vez hacen más onda la brecha entre los seres humanos.
Teatro Benito Juárez
Villalongín 15, col. San Rafael.
Viernes y sábado 7 de la noche, domingo, 6 de la tarde.
cmoreno@eleconomista.com.mx