“Coachella, gracias por permitirme ser la primer mujer negra en encabezar la programación del día”.

Esas palabras de Beyoncé, pronunci adas a mitad de su actuación en el festival de música Coachella, fueron más una humilde muestra de gratitud que una falsa declaración retórica.

Como una faraona del desierto del sur de California, la c antante emergió en el escenario del festival de Coachella, el más glamuroso de todas las citas musicales, para demostrar que la espera mereció la pena y compensar a todos aquellos que el año pasado quedaron decepcionados cuando la cantante debió suspender su show por órdenes médicas que no le permitían hacer esfuerzos físicos debido a su embarazo de mellizos.

Queen B se presentó ante un público de 100,000 espectadores para un concierto que duró dos horas y contó con colaboraciones especiales.

La intérprete causó revuelo y sorprendió a sus fanáticos reuniendo a su antiguo grupo, Destiny’s Child que no se presentaban juntas desde el show de medio tiempo del Super Bowl del 2013. El grupo, que festeja su aniversario número 20, cantó los populares temas, “Say My Name”, “My Breath” y “Soldier”.

Beyoncé también cantó junto a su marido Jay-Z el tema “Deja Vu” y con su hermana, Solange Knowles, bailaron sensualmente el single “Get Me Bodied”.

Combinando R&B, rap, soul, rock y todo lo que se le pusiera al alcance, el de Beyoncé fue también un concierto de feminismo, sexualidad y reivindicación afroamericana.

El concierto que no se perdió Rihanna. La cantante de Barbados estuvo siguiendo la actuación de Beyoncé desde primera fila. Algunos de los asistentes al concierto pudieron grabar imágenes de Rihanna vibrando con el show.

Además, sus colegas músicos publicaron en sus redes elogios de los más variados.

Chance the Rapper tuiteó: “Lo vi con mis propios ojos. Beyoncé es la showwoman más grande que haya existido jamás y la reina de la música”. David Byrne dijo: “Si Beyoncé es la número uno, estoy feliz de ser el número dos”. Al espectáculo le pusieron nombre propio: #Beychella.