Desde que nació, una noche fría, lluviosa y con neblina, en la población serrana poblana de Teziutlán, un 13 de diciembre de 1944, Lucila Molina (hoy de Merlos), ha tenido que luchar constantemente para labrarse un lugar en este mundo.

Toda su vida, gracias a su empeño y persistencia, ha tocado innumerables puertas en busca de medios para sobrevivir, y curiosamente, la única que no tocó, y se le abrió debido a su fama, fue la más importante del país, la de la Residencia Presidencial de Los Pinos, para servir la cena con la que el Presidente Vicente Fox homenajeó a su homólogo español, José María Aznar.

Su carrera culinaria la comenzó a la tierna edad de seis años, actuando como maestros dos viejecillos en la Hacienda de Chiuautla, Puebla, el hombre al que ayudaba a elaborar un licor de nogal, de características curativas, y la mujer que le enseñó en arte de moler en el metate, con el que produce los deliciosos totopostles, bistecitos de carne molida.

A los 17 años se casó con su actual marido, Juan Merlos, y fue su suegro, del mismo nombre quien le enseñó los secretos más completos de la cocina poblana, su especialidad.

Al principio, para complementar el gasto familiar, Lucila vendía tamales y bocadillos, hasta que el 30 de abril de 1985, logró hacer realidad su sueño dorado, abrir su propio restaurante, Casa Merlos (Victoriano Cepeda 80, Colonia Observatorio, teléfonos 5516-4017, 5277-4360), de cocina poblana, con capacidad para 80 comensales.

Desde entonces a la fecha ha ampliado su negocio, y recibido múltiples reconocimientos culinarios, entre los que más aprecia, el Premio Salón de la Fama del Museo Amparo de Puebla, y una mención muy positiva en el prestigiado diario neoyorquino, The New York Times.

Lucila, junto con famosos restauradores como Luis Gálvez del restaurante Les Moustaches y Luis Marcet (q.d.e.p.) del Costa Vasca, ha sido precursora de organizar Festivales Gastronómicos, entre ellos, el de Pepianes, el de Manchamanteles, el de Cocina Poblana, el de Chiles en Nogada y el de Moles del Siglo XVIII.

La sabrosa comida, del Festival de Cocina Poblana (del 22 de abril al 27 de junio del año en curso) que Lucila me preparó, fue esta…

Para abrir boca, un tequila Casa Merlos, elaborado especialmente para ellos, con su clásica sangrita, sal y limón.

De botanas, no podían faltar las chalupitas poblanas, que me atrevería a sostener son las mejores del mundo, preparadas con masa nixtamalizada en casa, carne de cerdo deshebrada, salsas verde y roja, y fritas en manteca, de manera que se quemen un poco por debajo, lo cual las vuelve crujientes y les confiere un sabor único; las Indias Vestidas, una especialidad de la casa, son tres flores de calabaza, dos rellenas de carne y una de queso de cabra, en una salsa caldosa de jitomate, platillo de sabor delicado.

De plato fuerte, uno de mis favoritos de la casa, las enchiladas atlixqueñas, que se preparan con tortillas dobladas rellenas de pollo deshebrado, en salsa de jitomate, chile guajillo y chile serrano silvestre de la Sierra Negra poblana, adornadas con lechuga finamente picada, rebanadas delgadas de rábanos, cebolla fileteada, rodajas de aguacate y queso añejo Cotija rallado, un platillo que es una comida completa en sí mismo, llena de colores, sabores y texturas.

El postre no podía ser otro que la natilla de piñón, de sabor y textura delicada.

El café, por supuesto de olla, endulzado con piloncillo.

Después de 25 años de inaugurado, este típico restaurante poblano sigue ofreciendo lo que en mi opinión, es la mejor comida poblana de la ciudad, y posiblemente de todo el país, preparada con cuidado y esmero por toda la familia Merlos (hijas Lucila, Margarita y Fabiola), encabezada por su jefa, Lucila Molina de Merlos