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Llaman a replantear modelo agrícola en frontera México-EU
La renegociación del tratado del 44 traería problemas en ambas naciones, alertan.
Los especialistas coincidieron en que el Tratado de Aguas de 1944 continúa siendo una base fundamental para la cooperación binacional, aunque fue concebido bajo condiciones hidrológicas y económicas muy distintas a las actuales.
La llamada “deuda” de agua entre México y Estados Unidos en el marco del Tratado de 1944 no puede entenderse únicamente como un incumplimiento o una confrontación bilateral, sino como un fenómeno complejo que combina factores legales, climáticos, sociales y productivos, señalaron especialistas durante el webinar “Parteaguas: La gestión de agua de los ríos fronterizos entre México y Estados Unidos”.
Durante el encuentro, la profesora e investigadora de la Universidad Autónoma de Baja California, Eliana Rodríguez, explicó que la discusión sobre la deuda hídrica suele simplificarse en el debate público, cuando “este asunto no puede entenderse solamente como una narrativa de incumplimiento o una confrontación bilateral”.
Afirmó que “en realidad, se trata de compromisos de entrega de agua en un marco jurídico muy específico y también de las dificultades prácticas que surgen cuando hay sequías prolongadas, presiones locales por el uso del agua y un contexto de alta variabilidad climática”.
La especialista precisó que el problema trasciende lo diplomático, ya que involucra a múltiples sectores a ambos lados de la frontera, como agricultores, ciudades y ecosistemas, que resienten las consecuencias de la escasez y de las tensiones por el recurso.
Además, señaló que la gestión del agua en México presenta diferencias institucionales frente a Estados Unidos, debido a que en territorio mexicano el agua es considerada un bien de la nación y su administración recae en la Comisión Nacional del Agua, lo que centraliza las decisiones.
Cuencas y pago gradual
Por su parte, Rhett Larson, profesor de Ley de Aguas de Arizona State University, advirtió que uno de los riesgos actuales es mezclar la discusión sobre la deuda hídrica del Río Bravo con los problemas estructurales de la cuenca del Río Colorado, ya que se trata de contextos distintos.
“El problema de la deuda del agua en la cuenca del Río Grande (Bravo) es una preocupación importante, pero no debemos mezclar ese tema con los desafíos del Río Colorado, porque son muy distintos”, señaló.
Larson planteó que, en el corto plazo, una posible solución sería operar las presas Amistad y Falcón para realizar entregas graduales de agua a agricultores de Texas durante aproximadamente cinco años, con el objetivo de cubrir los compromisos pendientes.
Sin embargo, a largo plazo consideró necesario replantear el modelo productivo en la región fronteriza, particularmente en el sector agrícola.
“Tenemos que hablar con algunos granjeros en Texas y decir que ya no podemos cultivar arroz o azúcar en esa región. Necesitamos hablar con granjeros a los dos lados de la frontera y decidir que necesitamos enfocarnos en productos agrícolas más sostenibles”, sostuvo, al tiempo que propuso apoyar financieramente a los productores para que transiten hacia cultivos menos demandantes de agua.
Cambio climático y tratado
Los especialistas coincidieron en que el Tratado de Aguas de 1944 continúa siendo una base fundamental para la cooperación binacional, aunque fue concebido bajo condiciones hidrológicas y económicas muy distintas a las actuales.
El profesor de la Arizona State University explicó que cuando se firmó el acuerdo se estimaba que el Río Colorado aportaba alrededor de 18 millones de acre-pie de agua al año; sin embargo, estudios posteriores sugieren que el promedio histórico se acerca más a 13 millones, lo que implica una disponibilidad menor de la que se proyectó originalmente.
A ello, dijo, se suma el impacto del cambio climático, que reduce el flujo efectivo de agua hacia los ríos debido al aumento de temperaturas y la evaporación, incluso en años con mayores nevadas.
“Necesitamos una gobernanza mucho más adaptativa que reconozca la realidad del cambio climático”, afirmó.
¿Renegociar?
Ambos especialistas coincidieron en que renegociar completamente el tratado sería complicado, debido a que el agua también está ligada a temas de soberanía y derechos de propiedad, especialmente en Estados Unidos.
No obstante, señalaron que existen mecanismos dentro del propio acuerdo —como las actas complementarias— que permiten introducir ajustes y nuevos esquemas de cooperación para enfrentar los desafíos actuales.
“Hay que precisar eso que el tratado no es estático o sea en su aplicación, aunque el texto formal permanezca de que a México le corresponde tal y Estados Unidos, tal pues las actas han generado acuerdos complementarios y son mecanismos de cooperación, tanto técnica y nuevas formas de coordinación binacional”, afirmó Eliana Rodríguez.
Para la profesora, el desafío principal es fortalecer la cooperación binacional y ampliar la participación de comunidades, científicos, autoridades y sectores productivos.
“Los problemas de agua en la frontera son transdisciplinarios y muy complejos. No se pueden resolver solamente desde el derecho o la ingeniería; necesitamos una conversación mucho más amplia”, concluyó.