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Violencia
Ezra Shabot | Línea directa
Si el Estado es el poseedor de la violencia legítima, entonces toda expresión de violencia surgida desde la sociedad civil está por lo tanto sujeta a la represión estatal restringida por las limitaciones impuestas por la ley. El Estado de Derecho que renuncia a la utilización de la fuerza, abre la puerta al caos que representa la acción de todos los individuos o grupos que se asumen como legítimos sustitutos del Estado.
Este proceso de destrucción de la institucionalidad estatal que viene sufriendo México desde el 2019, ha convertido a nuestro país en un ente gobernado por grupos que han fracturado la unidad nacional y convertido al territorio en una especie de terreno ingobernable donde la alianza entre políticos y delincuentes ha definido la nueva estructura política del país.
Y no es que la transición democrática hubiera creado instancias legales sólidas y confiables que sustituyeran el viejo modelo autoritario, pero lo avanzado entre 1997 y 2018 desapareció en un sexenio en la medida que estorbaba al objetivo de reconstrucción autoritaria por parte de López Obrador y la 4T. Sin embargo, el intento de la restauración fracasó en toda la línea.
El objetivo de concentrar todo el poder en una sola persona no sólo no se logró, sino que, por el contrario, ante la desaparición de las instituciones, toda la fuerza del Estado se desintegró en pequeñas fracciones de grupos criminales y políticos que impusieron sus condiciones de vida a millones de mexicanos. La violencia se convirtió en una constante que se impone cotidianamente y en donde el más fuerte decide las normas de convivencia social.
Ni la economía crece lo suficiente, ni la sociedad vive en la tranquilidad de un sistema de leyes e instituciones que den certeza a una ciudadanía que estalla de forma irracional ante cualquier oportunidad que se presente, como una victoria de la selección mexicana de futbol. Los grupos de presión como la CNTE, o milicias armadas que controlan territorios en diferentes puntos de la república, han demostrado suficiente fuerza para desafiar a un gobierno como el de Claudia Sheinbaum quien mientras supone aumentar su popularidad y poder, en realidad pierde paulatinamente capacidad de decisión frente al caudillo de Palenque y más aún sobre los conflictos sociales agudizados por la violencia sectaria.
La decisión de Trump de revisar anualmente el T-MEC añade un grano de arena más a la inviabilidad de la 4T, en la medida en que abre la puerta a la imposición de mayores restricciones a la economía nacional por parte de los norteamericanos de manera recurrente. Con mayores dificultades para añadir valor agregado a la producción y servicios, menor el margen de maniobra del gobierno para intentar recuperar su poder real para gobernar. A menos que eso no les interese y su intención sea únicamente administrar el caos.