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Opinión

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¿Para qué quieren hacer coches?

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Jonathan Ruiz Torre | Parteaguas

Jonathan Ruiz Torre

Se va una fábrica de Toyota a Estados Unidos y percibo que su partida es motivo de desánimo para algunos. A mí me interesa más entender por qué están llegando esos fondos de inversión enormes que revisan inversiones en infraestructura, Blackrock, entre ellos.

Un aviso: es posible que se vaya una que otra planta automotriz más. Y de lo que estoy seguro es de que, en el corto plazo, no veremos un crecimiento en ese negocio como el del pasado.

¿Se acuerdan? Hasta 2015 llegaban inversiones a un ritmo de unos mil 500 millones de dólares por año, solamente en nuevas plantas: GM, Ford, Nissan…

La producción de coches dio, y sigue dando, trabajo a guanajuatenses, nuevoleoneses, coahuilenses y a mucha gente que vive en Toluca o cerca de ahí.

¿Pero han visto lo que está pasando en El Marqués? El municipio vecino de Querétaro, con su placita central enclavada entre cañadas, es llamado ahora el valle de los datos.

AWS, Microsoft, bancos… han convertido ese modesto pueblo en un ejemplo de dinamismo económico. Con todo y lo criticable de los centros de datos, la llegada de esas inversiones generó, entre empresas financieras y otros sectores, una comprensión de lo que se viene.

Y no solo entre éstas. También entre personas jóvenes que entienden el valor de aprender sobre análisis de datos. Esa actividad digital se suma a la aeronáutica, que ya forma parte del entorno habitual del municipio.

Ahí están Safran y su división Aircraft Engine Services, dedicada a la producción y mantenimiento de piezas para motores aeronáuticos; y Diehl Aviation, fabricante alemán que inauguró una planta de más de 8 mil 200 metros cuadrados para producir componentes y compartimentos interiores para aviones comerciales.

Cuenten también a Meggitt Aircraft Braking Systems, concentrada en el diseño y manufactura de sistemas de frenos para aeronaves, y a Aircraft Industry Consultants, AIC, empresa local especializada en servicios de ingeniería, consultoría, herramientas y equipos de soporte terrestre para líneas aéreas.

El Marqués es espejo de lo que ocurre también, desde hace años, en Chihuahua.

En ese estado norteño opera Safran, pero también Textron Aviation, GKN Aerospace, Bell, EZ Air, de Embraer; Honeywell y la productora de aviones Bombardier.

Vaya, el país se ha diversificado desde los días en que entró en operación el viejo TLCAN, en 1994. El vigente T-MEC acaso modificará reglas, pero no cambiará las razones para producir en México, salvo en un negocio: la industria automotriz.

La biblia de los negociadores de este tratado no es necesariamente The Art of the Deal, de Donald Trump, sino el libro publicado por Robert Lighthizer: No Trade Is Free.

Les ahorro tiempo: el libro del tutor de Trump en materia de comercio exterior dice que el intercambio con México tiene algunas cosas positivas, pero que, en el caso de los coches, los mexicanos “cachirulearon” durante mucho tiempo en detrimento de los trabajadores de EU.

Sostiene que los mexicanos meten piezas chinas en componentes que declaran como mexicanos y que lo hicieron durante años, afectando la economía de familias del país vecino.

El potencial político de “corregir” ese efecto en favor de los estadounidenses es tarea de Jamieson Greer, actual representante comercial de Estados Unidos y responsable de la USTR, la oficina negociadora que es contraparte de la Secretaría de Economía encabezada por Marcelo Ebrard.

Por eso me extraña el énfasis de esta dependencia mexicana en recuperar el empuje de la industria automotriz, como uno de los seis pilares que México defiende en la negociación del T-MEC. Es energía desperdiciada.

Yo enfatizaría estrategias como la de Equity Link, una empresa tecnológica de Chihuahua que estableció su propia infraestructura de Nvidia y sus propios modelos de inteligencia artificial para clasificar a sus clientes. La empresa les ofrece financiamiento basado en un análisis de riesgo sofisticado. Resuelve problemas de liquidez.

Porque de eso se tratan los negocios: de resolver problemas. Y ésa debería ser también la tarea del gobierno en materia económica.

Ésa puede ser la vía para aprovechar negocios en ascenso: electrónicos, utensilios médicos y, ojo, la tangibilización de la IA. La era de Los Supersónicos, pues, que ya se viene.

Traigo más, pero se acaba el espacio. El mensaje es: cuidemos los coches, pero enfoquémonos en el futuro.

Jonathan Ruiz Torre

Comunicólogo por la UANL, con estudios sobre Mercados de Petróleo, Gas y Energía en la Universidad de Houston. Fue reportero y editor de información de Negocios en Milenio, El Norte y en Reforma, en donde fundó la columna institucional Capitanes. Fue Director General de Información Económica en El Financiero y fundador de la revista Bloomberg Businessweek México. Como Director General de Proyectos Especiales de El Financiero encabezó los esfuerzos de contenidos digitales de la organización. Desde 2014 escribe su columna Parteaguas, dedicada a negocios disruptivos y tecnológicos, que tiene réplica en un podcast: Parteaguas Diario y en redes sociales @parteaguasclub.

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