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Opinión

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¿Venderán los Olinia 1 como ‘vochos’?

Jonathan Ruiz Torre | Parteaguas

Si llega al mercado, el Olinia 1 no será relevante solo por ser eléctrico, pequeño o mexicano. Lo será si consigue resolver una pregunta más difícil que fabricar un prototipo: ¿cómo lo compra alguien que realmente lo necesita?

El gobierno presentó el domingo un vehículo eléctrico para gente de bajos ingresos. Si lo vende masivamente, conseguirá una hazaña que solo alcanzó el ‘vocho’, el famoso sedán de Volkswagen. Así de grande es la encomienda.

Presentarlo es una cosa; producir en masa es un reto gigantesco y venderlo es aún más difícil.

Optimista, Roberto Capuano, director del proyecto, dibujó ante la presidenta Claudia Sheinbaum una ruta interesante: que Olinia participe en el sistema de créditos de la NOM-163 de Semarnat.

Es un detalle que pasó de largo y da pistas sobre lo que puede representar la clave financiera.

Atención: la NOM-163 no es una norma de crédito automotriz. No ordena a ningún banco prestar dinero a una persona de bajos ingresos para comprar un coche.

La norma regula emisiones de CO2 de vehículos ligeros nuevos y establece metas corporativas para fabricantes e importadores.

Si un corporativo vende vehículos de bajas o nulas emisiones, puede generar créditos ambientales. Si otro corporativo no alcanza sus metas de reducción, puede necesitar algún mecanismo para compensar su incumplimiento. También podría adquirir créditos o hacer aportaciones económicas para proyectos climáticos. Eso cambia la conversación.

Si el Olinia 1 cumple con las características técnicas y regulatorias correspondientes, podría generar créditos por tecnologías altamente eficientes. La NOM reconoce dentro de sus mecanismos a vehículos eléctricos, híbridos, híbridos conectables, entre otros.

Traducido: cada Olinia vendido no solo representaría una venta de vehículo. También podría representar un activo regulatorio para la empresa que lo comercialice.

Porque sí, de acuerdo con el plan, quien venderá ese coche será una empresa con participación privada y estatal.

La manera más seria de llevar eso al bolsillo del comprador sería crear un fideicomiso.

Olinia vendería los vehículos y generaría créditos NOM-163. Esos créditos podrían transferirse a otros corporativos automotrices que necesiten cumplir sus metas de emisiones.

El dinero obtenido por esa venta no tendría que desaparecer en la operación general de la empresa. Podría ir a un fondo de apoyo financiero para compradores.

Ese fondo no prestaría necesariamente de forma directa. Podría servir para tres cosas: cubrir parte del enganche, reducir la tasa de interés o absorber primeras pérdidas de una cartera de crédito. Ahí entra el fondeo.

¿Quién pondría el dinero grande? No Semarnat. La ruta más viable sería una combinación de banca de desarrollo y originadores privados. Nafin, Banobras o alguna institución pública de segundo piso podrían fondear o garantizar líneas de crédito; bancos, sofomes, cooperativas o financieras populares podrían otorgar los préstamos.

Pero hay que evitar la fantasía. La NOM-163 no garantiza que habrá compradores de esos créditos, ni establece que el dinero se entregue a consumidores. Tampoco sustituye la necesidad de evaluar capacidad de pago, cobranza, seguros, mantenimiento, refacciones y valor de reventa. Sin esos elementos, cualquier “crédito popular” puede volverse deuda mala.

Busquen la historia mexicana de los VAM Lerma. También están el Trabant 601 o el Tatra 603, de Alemania y Checoslovaquia comunistas, o el malogrado Lada, originado en la supuestamente poderosa URSS y que hoy captura escasos consumidores incautos o excéntricos. Solamente Volkswagen consiguió una historia de éxito con el Sedán o vocho.

Eso, porque los ingleses arrebataron su producción al derrotado gobierno de Hitler y ese producto terminó en la conocida empresa alemana, la misma que hoy, con todo su poder, batalla para competir con la tecnología y manufactura china de autos eléctricos como BYD, similar a la del SEV E-Wan Cross, vendido en México por menos de 300 mil pesos.

Si el Olinia 1 llega al mercado de manera exitosa, eficiente y sin corrupción, se convertirá en un logro de dimensión global. Falta un camino largo. Ojalá.

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Comunicólogo por la UANL, con estudios sobre Mercados de Petróleo, Gas y Energía en la Universidad de Houston. Fue reportero y editor de información de Negocios en Milenio, El Norte y en Reforma, en donde fundó la columna institucional Capitanes. Fue Director General de Información Económica en El Financiero y fundador de la revista Bloomberg Businessweek México. Como Director General de Proyectos Especiales de El Financiero encabezó los esfuerzos de contenidos digitales de la organización. Desde 2014 escribe su columna Parteaguas, dedicada a negocios disruptivos y tecnológicos, que tiene réplica en un podcast: Parteaguas Diario y en redes sociales @parteaguasclub.

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