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Opinión

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La unidad del enojo

Augusto del Río | Columna invitada

Lo interesante de una derrota no es la derrota, es la velocidad con la que nos ponemos de acuerdo en de quién fue la culpa.

Pasó otra vez con el Mundial, y aunque parezca que voy a hablar de futbol, no es así.

En DINAMIC estuvimos midiendo la conversación del último mes. Casi 28 mil menciones alrededor de un mismo reclamo: que la FIFA le arregló todo a Messi y a Argentina. Nueve de cada diez comentarios eran eso, pura denuncia de robo. Gente discutiendo en serio lo que pasó en la cancha, apenas 4.6%. Y una de las frases más repetidas fue 1978 de nuevo”, o sea, desenterrar un agravio de hace medio siglo para explicar lo de ayer.

Lo que me llama la atención no es la queja. Es cómo nos une.

Durante unos días, millones de mexicanos que no coinciden en nada, ni en política ni en equipo ni en nada, estuvieron sincronizados odiando a la misma FIFA. No nos juntó una alegría. Nos juntó un enemigo. Y eso, si uno lo piensa, es medio triste.

Somos un país partido en pedazos. Quedan muy pocas cosas que de verdad nos hagan sentir parte de lo mismo, y la Selección es una de las últimas que aguantan. Por eso el coraje del Mundial no era por un penal mal cobrado. Era por esos noventa minutos, cada cuatro años, en que fingimos ser un solo país.

La psicología social lo explica sin misterio. Los grupos necesitan símbolos que los representen: un equipo, una fecha, una bandera, algo alrededor de lo cual sentirse un nosotros”. Cuando esos símbolos abundan, el grupo se sostiene. Cuando escasean, la gente se une por el lado fácil e inventa un ellos”. Ya que no hay victoria que celebrar, queda complot que reclamar.

Ese es el truco. El robo nos indigna a todos al mismo tiempo y nos regala la sensación tibia de estar del mismo bando. Funciona como pegamento. El detalle es que pega para el rencor y no para mucho más.

Y de ahí para arriba deja de ser futbol. Un país que solo se junta contra alguien termina viendo enemigos en todos lados. En el árbitro, en el vecino, en el que vota distinto, en el de la otra ciudad. La desconfianza que ensayamos en la cancha después la usamos en serio.

Lo que nos falta no es suerte en los penales. Nos faltan motivos para estar orgullosos juntos sin necesidad de un villano enfrente. A lo mejor un día nos los da la Selección. A lo mejor vienen de otro lado, de algo que hagamos bien y podamos presumir sin asterisco.

Mientras tanto seguimos igual, buscando culpables con una eficiencia que ya quisiéramos para todo lo demás. Somos rapidísimos para señalar al de afuera y todavía no aprendemos a celebrarnos a nosotros mismos.

CEO DINAMIC

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