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Opinión

Lectura 12:00 min

Te late México… o ya no te está latiendo

Jaime Cervantes Covarrubias | Columna Invitada

“Al corazón no se le piden permisos, se le otorgan decisiones”.

Suave patria te pregunto…

Te late vivir… o sólo estás dejando de latir. Poco más grande que un puño, el corazón late sin tregua desde antes de que tengas memoria de tu propia historia. No pide permiso, no negocia, no posterga. Late. Sostiene. Empuja. Hace posible cada pensamiento, cada emoción, cada decisión. Es músculo, pero también es símbolo. Es biología, pero también es cultura. Es el centro de la vida… y el espejo de lo que decides hacer con ella.

Las civilizaciones lo supieron antes que la ciencia lo explicara. Los pueblos originarios lo ofrecían como lo más sagrado. La poesía lo convirtió en la voz del alma. La cultura popular lo hizo canción, pérdida, esperanza. El corazón ha sido siempre una forma de nombrar lo esencial. Y hoy, en México, estamos fallando en lo esencial… nos estamos muriendo por abandonar nuestro corazón.

Porque el corazón no solo late en tu pecho. También late en la vida colectiva de un país. Y algo, profundo, estructural, silencioso, está dejando de latir como debería.

Aquí está la tesis, clara y sin evasivas. No estamos frente a un problema de enfermedad. Estamos frente a un problema de abandono. Y ese abandono es, en el fondo, una crisis de liderazgo propio.

En México vivimos una epidemia que no hace ruido… hasta que lo deshace todo… la muerte súbita.

Las enfermedades del corazón son la primera causa de muerte en el país. La diabetes es la segunda. Más de 192 mil personas murieron por causas cardiovasculares en un solo año y más de 112 mil por diabetes, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), organismo oficial de medición. Si sumas los eventos cerebrovasculares, sin contar el subregistro sistémico, la cifra rebasa las 227 mil muertes. No me late nada esta cifra, me entristece. No es estadística. Es destino

El corazón… LOTERÍA

Suave Patria: permite que te envuelva… Lo más inquietante no es la magnitud. Es la normalización, porque los datos nos muestran, al parecer, que no nos importan las consecuencias. Analicemos con autocrítica… Una de cada tres personas adultas vive con hipertensión; casi una de cada seis con diabetes; más del 70 por ciento con sobrepeso u obesidad, según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut) del Instituto Nacional de Salud Pública, referencia científica nacional. Millones de personas enfermas… muchas sin saberlo -y es normal porque nuestro ingenio, nuestra mexicanidad nos diría, lo que no nos más nos hace fuertes. Pero… mira, cómo lo intuyó con lucidez fenomenológica Ramón López Velarde, poeta de la identidad íntima mexicana:

“Como la sota moza, patria mía, en piso de metal vives al día, de milagro, como lotería…”

Entonces, estamos dejando a la suerte la vida y  la pregunta se vuelve inevitable.

¿Te late… o ya no te está latiendo la vida que estás viviendo?

Estas enfermedades no aparecen de un día para otro. Se construyen en silencio. Durante años. Décadas. En decisiones pequeñas, repetidas, aparentemente inofensivas. Un refresco más. Un descanso menos. Un cuerpo ignorado. Un síntoma pospuesto. Más horas de trabajo y me quedo en deuda de tiempo vital.

Aquí no hay tragedia súbita. Hay una acumulación sistemática.

El exceso de azúcar, presente en bebidas, alimentos procesados y hábitos cotidianos, no actúa solo, pero sí acelera. Provoca picos de glucosa, resistencia a la insulina, acumulación de grasa abdominal, deterioro vascular y ¡lotería!… muerte súbita.

La Organización Mundial de la Salud, autoridad global en salud pública, ha sido clara. El consumo sostenido de azúcares libres es uno de los principales detonantes de enfermedades crónicas no transmisibles. Pero el problema no es el azúcar.  El problema es la inconsciencia, la incongruencia vital propia y colectiva.

¿Quién está tomando las decisiones sobre tu cuerpo?

Porque aquí es donde la reflexión se vuelve incómoda. No se trata de culpar. Se trata de responsabilizar. Hay una diferencia profunda entre ambas.

Sin salud no hay responsabilidad vital

Cuidar el cuerpo no es una opción estética. Es una obligación existencial. Es la única manera de responder a la vida con dignidad. No hacerlo no es descuido menor. Es negligencia personal con impacto colectivo.

Y sí, esto es político. No en el sentido partidista, sino en el sentido más profundo de la palabra. La forma en que vivimos impacta a la comunidad, a la economía, a las instituciones, a tu propia familia y a las futuras generaciones.

Las enfermedades crónicas no solo matan. Empobrecen. Un hogar con diabetes puede destinar cerca del cinco por ciento de su ingreso anual al tratamiento, según estudios respaldados por el Instituto Mexicano del Seguro Social. Transporte, medicamentos, consultas, tiempo perdido. La enfermedad no es solo biológica. Es estructural.

¿Quién paga el costo de tu descuido?

Lo paga tu familia. Lo paga tu empresa. Lo paga el sistema de salud. Lo paga el país. Y, sobre todo, lo pagan quienes vienen después.

De todo corazón, lidérate

Aquí entra el liderazgo. Pero no el que se proclama en discursos. El que se practica en la vida cotidiana. El liderazgo humanista empieza por una decisión radical. Hacerse cargo de uno mismo, responder a la propia vida con amor propio y conciencia de gratitud por tenerla.

Luis Villoro decía que pensar es comprometerse con la verdad. Y la verdad aquí es incómoda. Hemos aprendido a vivir mal. Hemos normalizado el exceso, la prisa, la desconexión, el abandono del cuerpo. Hemos confundido bienestar con consumo, compulsión y despersonalización… placer con evasión.

Nuestras creencias más profundas pueden ser nuestras cadenas más pesadas

Lo que crees sobre la comida, el descanso, el trabajo, el éxito, la vida… está determinando tu salud. Y muchas de esas creencias no son tuyas. Son heredadas. Impuestas. Repetidas. Vivimos en mecanicidad, no por las influencias de mercado, no por la presión de la ingeniería política, no por condicionamientos familiares. Tú decides qué creer y cómo vivirlo, cómo manifestarlo y sus consecuencias.

¿Te atreves a cuestionarlas?

Porque el problema no es sólo fisiológico. Es cultural.

Byung-Chul Han advierte que vivimos en una sociedad del rendimiento donde el individuo se explota a sí mismo. No necesitas que alguien te obligue. Tú mismo te sobreexiges, te descuidas, te empujas hasta el límite. Y el cuerpo, eventualmente, cobra.

El agotamiento no es casualidad. Es consecuencia.

Aquí es donde la educación se vuelve urgente. No la educación que repite contenidos, sino la que despierta conciencia.

Gert Biesta sostiene que educar es permitir que el sujeto emerja. Que piense. Que decida. Que exista con autonomía. Sin esa educación, seguimos reproduciendo patrones. Educar en salud es educar en libertad.

Y aquí aparece un actor clave que no siempre se reconoce como tal. La empresa y el empresariado mexicano.

Las empresas no solo producen bienes y servicios. Producen cultura. Forman hábitos. Modelan comportamientos. Cocrean bien común.

Grandes personajes empresariales en México han mostrado que una empresa puede ser un espacio de formación humana. De coherencia. De bienestar. No es idealismo. Es estrategia de largo plazo. Otros no tanto, pero… tengo esperanza que transformen su paradigma extractivista y de consumo masivo. Cambiemos el liderazgo empresarial de México, una persona líder a la vez… comenzando por mí, por tí, por uno/a mismo/a.

¿Tu empresa forma personas o solo exige resultados?

El empresariado mexicano tiene una responsabilidad histórica en este punto. Cada organización es una comunidad. Cada líder incide en el bienestar y calidad de muchas vidas. La salud de las personas no es un tema privado. Es un factor de prosperidad regenerativa, de riqueza distributiva, de sostenibilidad y justicia social.

La empresa familiar, en particular, tiene un papel decisivo. Porque no solo transmite capital. Transmite hábitos. Capital cultural y simbólico. Cocrea una forma de vivir. Es política pura y debería de ser de la buena.

Murray Bowen hablaba de la diferenciación del YO (self). La capacidad de una persona de hacerse cargo de sí dentro de un sistema. Sin eso, no hay madurez. Sin madurez, no hay liderazgo. Y sin liderazgo, no hay cambio.

Aquí entra el deporte o dejar a un lado el sedentarismo estructural. No como lujo. Como necesidad de un buen vivir.

¿Hace cuánto no mueves tu cuerpo con intención?

La evidencia es contundente. La actividad física regular reduce el riesgo de diabetes, hipertensión y enfermedad cardiovascular. No necesitas sofisticación ni intensidad. Necesitas movilidad cotidiana, constancia. Caminar, moverte, habitar y disfrutar tu cuerpo. Fue/es un regalo de vida.

El problema no es la falta de tiempo. Es falta de intención o prioridad. Y aquí llegamos al núcleo más profundo de esta reflexión. ¿Te late vivir… o sólo estás dejando de latir? Porque el problema no es que el corazón falle. Es que lo estás ignorando antes de que falle.

La Organización Panamericana de la Salud ha sido clara. La mayoría de estas enfermedades son prevenibles. No completamente evitables, pero sí significativamente reducibles.

Entonces, la pregunta cambia de lugar. No es qué va a pasar. Es qué estás haciendo para que pase. ¡LOTERÍA! lo dejas a la suerte mientras nombran las tarjetas del juego o comenzamos a autocuidarnos.

El autocuidado no es egoísmo. Es responsabilidad. Es ética. Es política.

Amartya Sen plantea que el bienestar es la capacidad real de vivir la vida que valoras. Sin salud, esa capacidad se reduce. Sin capacidad, no hay libertad.

Entonces, ¿eres libre si no puedes cuidar tu cuerpo?

El Humanismo Mexicano que propongo no es una idea abstracta. Es una práctica cotidiana. Es decidir qué comes. Qué piensas. Cómo vives. Cómo te relacionas contigo mismo sin perder la belleza tradicional, al contrario honrarla y mejorar lo aprendido.

Manuel Cervantes Ímaz, mi tatarabuelo, defendía que sin educación libre no hay patria posible. Hoy, esta educación incluye algo básico, reaprender a vivir.  No podemos reconstruir un país con personas que no se sostienen a sí mismas. No podemos hablar de desarrollo si el cuerpo está en abandono. No podemos aspirar al bien común si no hay cuidado propio. Es imperativo modificar nuestras intenciones de futuro.

La fuerza de la intencionalidad radica en el liderazgo propio, humanista

No necesitas esperar a que el sistema cambie para cambiar tú. Pero sí necesitas cambiar tú para que el sistema cambie. El primer sector, el gobierno, puede legislar. El segundo, la empresa, puede producir. El tercero, la filantropía, puede acompañar. Pero sin personas conscientes, ninguno será suficiente, ninguno podrá.

El país no se reconstruye desde afuera. Se reconstruye desde adentro. ¿Te late reconstruir un buen vivir? Empieza por lo esencial.

  • Agua simple en lugar de bebidas azucaradas.
  • Comida real en lugar de ultraprocesados.
  • Movimiento diario en lugar de sedentarismo.
  • Revisión médica en lugar de ignorancia.
  • Tratamiento constante en lugar de abandono.

No es complejo. Es constante. No cuesta dinero es sentido común pero… Es tu decisión.

La patria es impecable y diamantina, el corazón sigue latiendo… Entre sesenta y ochenta veces por minuto. Sin detenerse. Sin reclamar. Sosteniendo todo lo que eres mientras decides qué hacer con tu vida. No lo ignores. No lo abandones. No lo traiciones. No dejes de amarte y no dejes de amar.

Porque una humanidad sin corazón sano, sin reeducación en salud no será digna, no estará viva. Y un México que no aprende a cuidarse… dejará de latir antes de tiempo.

La decisión, como siempre, es tuya. Y ya la estás tomando.

Te dejo lo que algún día me dijo mi herrero… “Mire don Jaime, yo puedo soldar todo, menos un corazón enfermo… o roto”.

Te invito a hacer dos cosas concretas. Una: come bien, haz deporte, autocuídate para que en comunidad podamos construir un mejor tejido social saludable.

La otra: te invito a sintonizar el nuevo espacio radiofónico “Liderazgo, Salud y Sociedad. Pensar y decidir mejor para vivir mejor” que cada jueves, como el próximo 23 de abril, se transmitirá de las 15:00 a las 16:00 horas tiempo del centro de México. En la estación 1470 AM de Radio Fórmula. Lo conduciremos Rafael Balderas Ledezma y Maribel Ramírez Coronel en conjunto conmigo, Jaime Cervantes Covarrubias. Anhelamos que nuestras reflexiones sean un aliento que apoye a nuestros radioescuchas a florecer en su vida.

#LiderazgoHumanista #LiderazgoSaludSociedad #DesarrolloHumano #Obesidad #TrastornosAlimentarios

* El autor es Doctorante en Desarrollo Humano, Universidad Motolinía del Pedregal, México; Master en Desarrollo Humano, Universidad Iberoamericana, México; Master ejecutivo en Liderazgo Positivo Estratégico, Instituto de Empresa, España. Licenciado en Comunicación Gráfica y Columnista en El Economista.

jaime.cervantes@desarrollistahumano.com

El autor es Doctorante en Desarrollo Humano, Universidad Motolinía del Pedregal, México; Master en Desarrollo Humano, Universidad Iberoamericana, México Master ejecutivo en Liderazgo Positivo Estratégico, Instituto de empresa, España.

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