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Opinión

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¿T-MEC: irrelevante?

El T-MEC es estratégico para Norteamérica, ya que integra cadenas de valor entre México, Estados Unidos y Canadá, optimiza producción, reduce costos y permite competir globalmente, ofreciendo una alternativa frente a China y fortaleciendo la cooperación regional.

Vidal Llerenas Morales | Columna Invitada

Esta semana, del otro lado de la frontera, se inició una discusión sobre la relevancia del T-MEC para Estados Unidos y su producción industrial. En su versión más elemental, el argumento es correcto. Estados Unidos, al igual que otros países desarrollados, tiene la fuerza económica para construir capacidad productiva en casi todos los sectores industriales que se lo proponga. Sin embargo, en una economía globalizada el poder producir algo no es suficiente. Es necesario poderlo hacer de forma eficiente, aprovechando las ventajas comparativas de cada país e integrándolas en productos capaces de competir globalmente.

Para eso, como lo expresaron la mayoría de los empresarios que participaron en las consultas públicas realizadas en Estados Unidos sobre el Tratado, Estados Unidos necesita a México, Canadá y al T-MEC. Entre los argumentos planteados en dichas consultas, hay dos sobre los cuales profundizar.

Primero, la integración norteamericana ha generado cadenas de valor que cruzan las fronteras de Norteamérica múltiples veces antes de que un producto llegue al consumidor final. Esta red de producción compartida no solo reduce costos, sino que permite que los productos norteamericanos compitan en precio y calidad en los mercados globales.

Segundo, el contexto geopolítico actual. China no es solo un competidor comercial; es un sistema productivo completo que ha construido economías de escala difíciles de replicar. Estados Unidos, actuando solo, enfrentaría costos significativamente mayores para repatriar toda su producción. En cambio, América del Norte como bloque productivo ofrece una alternativa viable: proximidad geográfica, marcos regulatorios compatibles y cadenas de suministro integradas y probadas.

A esta ecuación México aporta una fuerza laboral cada vez más calificada, infraestructura logística en constante mejora y una red de tratados de libre comercio que abren las puertas a 50 países. Esto convierte a México no solo en una plataforma de manufactura y en punto de acceso a mercados globales para la producción norteamericana.

Por eso, cuando se afirma que el T-MEC es irrelevante, se pasa por alto una realidad económica fundamental: en un mundo donde China persigue la conquista de segmentos completos de producción, Estados Unidos precisa aliados que le permitan producir y competir. Es ahí donde la arquitectura institucional del T-MEC se convierte en un habilitador que integra a América del Norte como un bloque económico competitivo frente a otras potencias.

El T-MEC es certidumbre, inversión y cadenas de valor globales. Más allá de las declaraciones políticas del momento, los datos de inversión, las consultas empresariales y la realidad de las cadenas productivas en México, Estados Unidos y Canadá confirman que el T-MEC no solo importa: es estratégico para Norteamérica.

Licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), cuenta con una Maestría en Política y Gestión Pública por la Universidad de Essex, Reino Unido y un Doctorado en Administración y Gerencia Pública por la Universidad de York

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