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Pemex: petroquímica y fertilizantes, apuesta ambiciosa
Marco A. Mares | Ricos y poderosos
El gobierno de México lanzó una iniciativa ambiciosa y controvertida, para reactivar e impulsar el corazón industrial de Pemex.
Se arriesgará a realizar una delicada y costosa operación, precisamente en el órgano vital de la petrolera, del que la mayoría de los análisis no oficiales, anticipan los peores diagnósticos.
El gobierno inyectará 93,000 millones de pesos para impulsar la industria petroquímica y de fertilizantes de Petróleos Mexicanos (Pemex).
La intención es fortalecer la soberanía energética y la autosuficiencia alimentaria, con la reducción de la importación de fertilizantes.
Con el Programa Integral de Petroquímica, Pemex aportará la base industrial y pondrá sobre la mesa contratos mixtos para que participe la iniciativa privada.
Todo, sin que el Estado pierda la propiedad de los activos.
De total por 93,000 millones de pesos, se proyecta que el gobierno aporte el 62%, equivalente a 57,200 millones de pesos (inversión pública o de Pemex); y el 38% restante ó 35,800 millones de pesos, los aportará la iniciativa privada.
De este año 2026 al 2030 el objetivo es aumentar la producción nacional de petroquímicos, enfocados en fertilizantes.
Alcanzar la producción de más de 849,000 toneladas anuales adicionales de fertilizantes y lograr al cierre del sexenio, eliminar las importaciones de fertilizantes.
Esto implica superar los 4 millones de toneladas anuales totales de fertilizantes en los próximos años.
La producción pasará de 1.1 millones de toneladas anuales de hoy, a 4.9 al terminar los proyectos en el 2030, afirma el flamante director de Pemex, Juan Carlos Carpio.
Es una apuesta muy fuerte de parte del gobierno y de Pemex por aumentar el valor agregado a la extracción de crudo, a través de la planta industrial petroquímica con la que ya cuenta la petrolera y que hasta ahora se mantiene subutilizada.
La inyección de inversiones prevé la rehabilitación de las plantas petroquímicas de Pemex.
El plan se basa en una estrategia con impactos transversales que buscan impulsar las cadenas productivas en los sectores agrícola, automotriz, plásticos, textil, farmacéutico y químico.
Y la clave del éxito de ésta iniciativa, lo reconoce el propio Carpio, será el diseño de los contratos mixtos que se ofrecerán a los inversionistas privados.
Hay mucho interés de las empresas privadas, por participar en la industria petroquímica, asegura el funcionario, quien confía en que encontrarán una buena respuesta.
Se trata –explica– de grandes proyectos, ingresos estables, en sociedad con el Estado, menor riesgo de demanda, rentabilidad, y certeza jurídica.
Al mismo tiempo, el Estado tendrá la capacidad de financiar grandes proyectos, compartir riesgos, mayor eficiencia y mejor calidad de servicio.
Para el director de Pemex, se trata de una estrategia que permitirá fortalecer las cadenas productivas; reducir la dependencia externa, generar valor agregado dentro del país; disminuir las importaciones, mantener los recursos en México; y, generar 75,000 nuevos empleos para lograr precios justos y producción nacional, frente al “baile de precios actuales” que se registran a nivel internacional.
Desde esa perspectiva, el Programa Integral de Petroquímica de Pemex, parece apropiado, ante las difíciles condiciones geopolíticas y el cambio de paradigma comercial, por la política arancelaria del presidente de EU, Donald Trump.
Sin embargo, además de ser ambiciosa, está iniciativa es controvertida porque el downstream como se le conoce técnicamente a la refinación y la petroquímica, genera pérdidas estructurales importantes y es uno de los principales lastres operativos de Pemex, como coinciden en señalar los principales laboratorios de ideas o “think tanks”.
Las inversiones en petroquímica y refinación son necesarias, pero los retos a superar son muy importantes.
Como lo reconoce el propio director de Pemex, la petroquímica ha estado históricamente abandonada.
Los análisis independientes revelan que sus plantas operan por debajo del 50-60% de su capacidad por falta de mantenimiento, envejecimiento de infraestructura y problemas de suministro de materias primas.
Las agencias calificadoras observan a la industria petroquímica de Pemex como un área de alto potencial porque puede agregar valor, reducir importaciones de fertilizantes y petroquímicos, pero también la ven como una fuente importante de pérdidas.
Como todas las decisiones, hay expectativas optimistas y pesimistas. Las primeras, consideran que la nueva estrategia puede tener éxito, si se ejecuta bien y genera flujo de caja; y las segundas prevén riesgos altos, si se convierte en más gasto, sin resultados.
Como dice el dicho popular: la moneda está en el aire.
Atisbos
México podría multiplicar por 25 veces su actividad en semiconductores en tres años, pronostica el secretario de Economía, Marcelo Ebrard.
Esta industria será una de las que experimente mayores cambios por el objetivo estadounidense de reducir su dependencia de Asia.
Va a ser muy complicado seguir trayendo todos los semiconductores de Asia, prevé el funcionario.
Muy caro, complejo y difícil, porque el objetivo estratégico de Estados Unidos es que los semiconductores se hagan en Norteamérica.
Advirtió que persisten obstáculos para financiar proyectos nacionales vinculados con esta industria.
Como ejemplo, mencionó el caso de una empresa mexicana dedicada al diseño de semiconductores que lleva año y medio buscando recursos y no ha logrado obtenerlos para ampliar sus operaciones, aun cuando ya cuenta con clientes.