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La de patrón, una actividad de alto riesgo
Juan María Naveja | Al margen
En México, ya casi nadie quiere ser patrón, el cierre de negocios es creciente, en los últimos 24 meses bajaron la cortina 41,764 y el año pasado 24,367, las peores cifras desde 1998, primer año de registro en el Seguro Social en la materia.
Y no es para menos, la de empresario se ha convertido en una actividad de alto riesgo, personal, familiar y económico. Los que se atreven son una especie de héroes resueltos a crear riqueza a pesar de la larga serie de retos e inconvenientes.
Quien se anime debe considerar pago de salario bruto, prestaciones laborales, obligaciones fiscales, indirectos, capacitación y herramientas, más lo que se le vaya ocurriendo al gobierno y a los sindicatos.
Obvio, el ganón es el gobierno que cobra y no cumple, sobre todo en materia de seguridad, la extorsión, el cobro de derecho de piso, tiene atribulada a la población, las empresas deben aumentar el gasto tanto en equipos como en personal de vigilancia, la mala infraestructura, los costos de energéticos y más mucho más.
Los gobiernos locales tampoco ayudan, la corrupción es abrumadora, obtener las licencias de construcción es un calvario, las multas fecuentes, hasta la aprobación de seguridad e higiene, todo va acompañado de constantes mordidas de los funcionarios e inspectores municipales.
Entre paréntesis, hay que agregar los cobros de cámaras, sindicatos, colonos; porque todo va al balance.
La precariedad laboral contrasta con las presunciones del gobierno federal por el supuesto círculo virtuoso que, según ellos, han traído los aumentos a los salarios mínimos, la realidad es que tanto patrones como trabajadores frecuentemente prefieren negociar un pago más alto aunque no reciban prestaciones, otro escenario es de los que registran su plantilla con bajos salarios ante el IMSS, y la diferencia la pagan por honorarios y hasta los miles que lo hacen en efectivo; en el mercado hay de todo.
Según el INEGI la pobreza laboral hasta finales del año pasado estaba arriba del 34 por ciento, a causa de eso al 45 por ciento de los trabajadores no les alcanza con lo que ganan para adquirir la canasta básica para sus familias.
La informalidad laboral no cambiará, al contrario crecerá, porque las opciones se le van cerrando a quienes son, han sido o quieren ser emprendedores, como no se resignan, entonces adaptan sus empresas a sus posibilidades y acuerdos con los empleados y trabajadores.
El panorama se agrava porque iniciativas como la semana de 40 horas significa más personal, la productividad no aumenta con las circunstancias actuales, aunque parezca contradictorio el reclutamiento es un problema tanto de mano de obra calificada como de oficios tradicionales, los programas sociales en amplios estratos han desestimulado el trabajo.
Si hay tantos dolores de cabeza predecibles ¿Qué caso tiene arriesgar el patrimonio? Sería la reflexión espontánea, a pesar de eso, hay muchos mexicanos que se la siguen jugando, que se arriesgan, que le entran al alto riesgo.