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Nuevas rutas, nuevos socios: el creciente vínculo comercial entre México y Medio Oriente
El comercio entre México y Medio Oriente crece aceleradamente, casi triplicado desde 2020, con exportaciones industriales y agroalimentarias, inversión empresarial y retos logísticos, consolidándose como socio estratégico clave ante la necesidad de diversificar mercados globales.
Opinión
A veces, cuando hablamos de comercio exterior, seguimos mirando en la misma dirección por costumbre. América del Norte, Europa o Asia-Pacífico suelen ocupar el centro del mapa mental. Sin embargo, al ampliar la mirada hacia Medio Oriente, emerge una región que no solo crece, sino que dialoga cada vez mejor con las capacidades productivas de nuestro país. No se trata de una apuesta especulativa, sino de una relación comercial que ya muestra cifras claras y una trayectoria ascendente.
Datos correspondientes a 2024 revelan que el comercio total entre México y Medio Oriente alcanzó los 6,695 millones de dólares. Más allá del balance, lo relevante es la tendencia: entre 2020 y 2024, el valor del intercambio casi se triplicó, reflejo de un interés mutuo, una creciente complementariedad productiva y una agenda bilateral que comienza a madurar. En este periodo, Turquía se consolidó como el principal socio comercial de México en la región, con un comercio total de 2,371 millones de dólares.
Al analizar con detalle las exportaciones mexicanas hacia Medio Oriente, nos percatamos de que estas reflejan con nitidez nuestras fortalezas industriales. Destacan los productos vinculados a la industria automotriz, el hierro y el acero, así como artículos relacionados con telecomunicaciones. Por otro lado, México importa principalmente aluminio y sus derivados, motores de combustión interna y circuitos integrados, insumos clave para cadenas productivas que ya están integradas en nuestro aparato productivo.
A estas fortalezas se suma un sector que comienza a cobrar especial relevancia: la agroindustria. Cada vez es más visible la presencia de productos agroalimentarios mexicanos, tanto primarios como de valor agregado, que responden a la creciente demanda de alimentos seguros, certificados y de alta calidad en diversos mercados de Medio Oriente. Esta tendencia abre oportunidades significativas para productores y transformadores mexicanos con visión exportadora.
Otro factor por destacar es el éxito de la incursión de empresas mexicanas en la región. Un caso emblemático es Cemex, que se ha posicionado como uno de los principales productores de concreto premezclado en los mercados urbanos de Dubái y Abu Dabi. Con nueve plantas en Dubái y una capacidad de producción de 1.6 millones de toneladas anuales, la empresa demuestra que México puede competir y consolidarse en mercados altamente exigentes.
A esta presencia se suma el creciente interés y participación de pequeñas y medianas empresas mexicanas. Durante recientes visitas coordinadas por el COMCE a Dubái, constatamos que las pymes comienzan a ganar espacio en sectores específicos del ecosistema empresarial de Medio Oriente, confirmando que este mercado no está reservado únicamente para grandes corporativos, sino también para empresas medianas con productos diferenciados y estrategias bien estructuradas.
El principal reto no radica en la oferta, sino en la logística. La distancia geográfica, los costos de transporte y ciertos obstáculos operativos incrementan el costo del intercambio, particularmente en el transporte aéreo. Conscientes de ello, en el COMCE hemos avanzado en acciones concretas, entre ellas la promoción de convenios con los principales operadores logísticos internacionales, a fin de facilitar el acceso, reducir tiempos y mejorar la eficiencia en las operaciones comerciales entre México y Medio Oriente. Cada mejora en eficiencia logística representa una puerta adicional que se abre para el comercio con esta región.
Así, a la pregunta ¿por qué Medio Oriente es importante para México?, hemos de responder que, en un contexto global marcado por la reconfiguración de las cadenas de valor, la diversificación de mercados dejó de ser una opción y se convirtió en una necesidad estratégica. Medio Oriente no es un mercado lejano ni ajeno: es un socio con capacidad de inversión, demanda creciente y una posición geográfica clave en el comercio global.