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Opinión

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El mundial

Ezra Shabot | Línea directa

El campeonato mundial de futbol es un evento que atrae a millones de personas en todo el mundo. Para México, ser sede por tercera ocasión significa una vez más mostrarse en el aparador internacional en peores condiciones que las dos ocasiones anteriores. En 1970, todavía en pleno régimen priista, el control ejercido por el modelo autoritario permitió esconder las carencias nacionales y mostrarse como un buen organizador del torneo. Para 1986, tras la catástrofe económica del 82 y el terremoto del 85, el enojo social se manifestó en los estadios, pero finalmente se dio una respuesta positiva al desafío que representaba organizar un evento de esta naturaleza.

Pero para este 2026 la realidad es totalmente distinta. El deterioro que ha sufrido el país desde el 2018 cuando se le asignó a México la responsabilidad compartida con Estados Unidos y Canada para organizar la justa mundialista es terriblemente brutal. Tanto por las cuestiones de seguridad que presentan un país secuestrado por el crimen organizado, como por la carencia de la infraestructura mínima necesaria para ofrecer los servicios públicos que forman parte de la responsabilidad asumida hace 8 años.

Un aeropuerto en ruinas maquillado con pegotes que deja atorados por horas a turistas nacionales y extranjeros en una ciudad inundada permanentemente, y bloqueada por terroristas de la educación financiados durante décadas por quienes ahora detentan el poder y que sufren las consecuencias de aliarse con individuos de esa calaña.

Si los gobiernos del priismo autoritario consiguieron superar de una u otra forma la organización de dos mundiales, la enorme incapacidad operativa de las dos administraciones morenistas para las cuales un campeonato mundial de futbol no era prioritario, ni siquiera en función de los beneficios económicos que traería para millones de personas, proyecta una imagen muy clara lo que significa estar gobernados por ignorantes e irresponsables desde la cabeza ejecutiva hasta la propia encargada del evento.

Más allá del resultado deportivo, donde un triunfo de la selección mexicana influiría notablemente en el ánimo popular, lo cierto es que el deterioro en la calidad de vida del ciudadano de a pie convierte al torneo mundialista en un serio detonador de las frustraciones propias de aquellos que han perdido mucho de lo que tenían, y que ante un eventual fracaso futbolístico estarían en peligro de hacer explotar su enojo de una forma violenta.

En este sentido la responsabilidad recae injustamente sobre un seleccionado que, más allá de sus resultados en la cancha, no tiene porque ser utilizado como el chivo expiatorio de un régimen negligente y autoritario como jamás tuvo México en su historia contemporánea. Por algo la presidenta no va a la inauguración ni comparte la experiencia futbolera con su pueblo. No vaya a ser que le cobren cara la improvisación con la que han actuado en todos los ámbitos de la vida nacional.

Ezra Shabot Askenazi es Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública por la Universidad Nacional Autónoma de México. Analista político y catedrático universitario con 22 años de trayectoria en la UNAM. Como académico ha sido jefe del Departamento de Ciencias Sociales y Jefe de Planeación Académica en la Escuela Nacional de Estudios Profesionales (ENEP) Acatlán.

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