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México y el espejismo del crecimiento en un mundo incierto
Irasema Andrés Dagnini | Sextante financiero
La semana pasada, el Banco Mundial ajustó a la baja su estimación de crecimiento para México en 2026, situándola en 1.3%, frente a 1.4% previsto anteriormente. Aunque la diferencia parece mínima, el mensaje es claro: la economía mexicana enfrenta obstáculos estructurales que limitan su capacidad de expansión en un entorno global cada vez más complejo.
Este recorte coincide con las advertencias lanzadas en el Foro Económico Mundial de Davos, donde se subrayó que los mercados emergentes, entre ellos México, deberán navegar un panorama marcado por tasas de interés elevadas, tensiones geopolíticas y la transición energética. El caso mexicano es ilustrativo de cómo factores internos y externos se entrelazan para frenar el dinamismo económico.
Incertidumbre comercial y el T-MEC. La próxima revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) es uno de los principales focos de incertidumbre. Las disputas en sectores estratégicos, como energía y agricultura, podrían derivar en nuevas barreras arancelarias o reglas más estrictas. México depende en gran medida de su relación con Estados Unidos; más del 80% de sus exportaciones tienen como destino ese país. Cualquier tensión en este frente se traduce en un freno inmediato a la inversión y al crecimiento.
Debilidad en la inversión privada. La inversión fija bruta, motor indispensable para el desarrollo, se ha visto afectada por la falta de certidumbre regulatoria. El sector energético es el ejemplo más claro: la política hacia las energías renovables y la preferencia por fortalecer a las empresas estatales han generado dudas entre inversionistas internacionales. En un momento en que el nearshoring ofrece oportunidades únicas para atraer capital y relocalizar cadenas productivas, México corre el riesgo de desaprovecharlas por no ofrecer un entorno claro y predecible.
Inflación persistente. Aunque la inflación ha mostrado cierta moderación respecto a 2025, sigue por encima de los objetivos del Banco de México. Esto obliga a mantener tasas de interés altas, encareciendo el crédito para empresas y familias. El consumo interno se resiente y las pequeñas y medianas empresas enfrentan mayores dificultades para financiar su crecimiento. La combinación de inflación y tasas elevadas actúa como un freno doble por que limita el dinamismo del mercado interno y reduce la competitividad frente a otros países emergentes.
Política fiscal limitada. El margen de maniobra del gobierno es estrecho. La necesidad de mantener disciplina en las cuentas públicas limita la posibilidad de aplicar estímulos fiscales significativos. Además, la dependencia de ingresos petroleros en un contexto de transición energética global añade vulnerabilidad a las finanzas públicas. Sin una reforma fiscal integral que amplíe la base tributaria y reduzca la dependencia del petróleo, México seguirá enfrentando restricciones para impulsar el crecimiento mediante inversión pública.
Infraestructura. México arrastra problemas de infraestructura logística y tecnológica. La falta de inversión en transporte, puertos y digitalización reduce la competitividad frente a otros países emergentes. La productividad laboral se mantiene estancada, lo que impide que el crecimiento se traduzca en mejoras sustanciales en el ingreso per cápita. En un mundo donde la competitividad depende cada vez más de la innovación y la eficiencia, México corre el riesgo de quedarse atrás.
Davos y los riesgos globales
En Davos, los líderes empresariales y políticos coincidieron en que los mercados emergentes enfrentan un entorno cada vez más hostil. La política monetaria restrictiva de la Reserva Federal de Estados Unidos encarece el financiamiento externo. La volatilidad geopolítica, desde tensiones comerciales hasta conflictos regionales, genera incertidumbre en las cadenas globales de valor. Y la transición energética exige inversiones masivas y políticas claras, lo que deja rezagados a países que no definen una estrategia coherente.
México, con su cercanía a Estados Unidos y su papel en el T-MEC, tiene ventajas estratégicas para captar inversión en manufactura y servicios. Sin embargo, los factores internos, incertidumbre regulatoria, inflación, falta de infraestructura y políticas fiscales limitadas, reducen su capacidad de aprovechar plenamente estas oportunidades.
El recorte del Banco Mundial refleja que, sin reformas estructurales y una visión de largo plazo, México corre el riesgo de quedar atrapado en un crecimiento mediocre, justo cuando los mercados emergentes enfrentan un entorno global más desafiante.
México necesita más que estabilidad macroeconómica; requiere una estrategia integral que combine certidumbre regulatoria, inversión en infraestructura, políticas energéticas claras y un marco fiscal que fomente la competitividad. De lo contrario, los pronósticos de bajo crecimiento dejarán de ser advertencias y se convertirán en la nueva normalidad.