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Opinión

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La magia del PIB, fracaso en México

Gabriel Quadri de la Torre | Verde en serio

México es más pobre hoy que en 2018. El crecimiento real del PIB entre 2019 y 2025 ha sido el más bajo desde la década de los años 80’s: de apenas 5% acumulado y de 0.7% promedio anual. En contraste, entre 1988 y 2018 la economía se expandió en términos reales en 116%, es decir, más que se duplicó, a tasas promedio anuales de 2.6%. Con Salinas, el crecimiento promedio anual del PIB fue de 4.0%, con Zedillo de 3.5%, con Fox de 2.0%, con Calderón de 1.8% y con Peña de 2.2 por ciento. El ingreso o PIB per cápita (PIB PC) real aumentó alrededor de 35% en el periodo 1988 – 2018, a tasas anuales promedio de 0.9 por ciento. Con Salinas el PIB PC real creció aproximadamente 15%, con Zedillo 10%, con Fox 4%, con Caderón permaneció estancado, y con Peña creció 7 por ciento. Durante los gobiernos de López y Sheinbaum entre 2019 y el primer trimestre de 2026, el PIB PC se redujo de manera acumulada entre 2 y 3 por ciento. Es decir, el ingreso nacional real dividido entre cada uno de los mexicanos es menor hoy que en 2018. México es más pobre. Y esto, es un fracaso estrepitoso, a pesar que el propio gobierno (y amplios sectores de la izquierda que representa), afirmen que el PIB no importa, que otras cosas son más relevantes. Se equivocan rotundamente. Es verdad que el PIB es una medida imperfecta. No es apto para medir muchas cosas que no se intercambian en mercados y que no tienen un valor monetario. La lista es larga, e incluye a temas ambientales, de cohesión social, calidad de vida, trabajo no remunerado en el hogar, y desigualdad, por ejemplo. También puede dar valor inmerecido a cosas intrínsecamente “malas” como gastos médicos defensivos por accidentes o contaminación atmosférica. Sin embargo, es, indiscutiblemente, el indicador más valioso del bienestar agregado de un país, e incluso, de su felicidad (sí, de su felicidad). De hecho, el PIB PC y la felicidad (satisfacción en la vida) observan una correlación muy alta de entre 0.7 y 0.8. Esto se debe a que un nivel de ingreso elevado permite invertir y obtener satisfactores muy preciados por los ciudadanos, relacionados con el ocio, calidad del medio ambiente y conservación de la naturaleza, salud, esparcimiento, transporte, cultura, educación, seguridad, y servicios públicos en general. No es casualidad que el Índice de Desarrollo Humano del PNUD – que incluye esperanza de vida y educación – también se correlacione estrechamente con el PIB PC, con un notable coeficiente entre 0.75 y 0.90. El PIB PC y el Valor Estadístico de una Vida (¿cuánto vale una vida en cada país?) están asimismo estrechamente vinculados, con una elasticidad al ingreso mayor a 1.0.

Desde luego, el PIB PC muestra una muy fuerte correlación negativa con la pobreza (de cualquier forma que esta se mida), de alrededor de - 0.9. Más aún, el PIB PC se asocia íntimamente y de manera positiva con el desempeño ambiental de los países, después de un cierto umbral de ingreso en la Curva Invertida de Kuznets, con un coeficiente de correlación cercano a 0.8 (Yale University). Estas correlaciones se sostienen a escala subnacional o regional.

El PIB PC es casi “mágico”. Es el mejor predictor de la superación de la pobreza, de la felicidad y satisfacción, del Valor Estadístico de la Vida, del Desarrollo Humano y del Desempeño Ambiental. Que no nos extrañe entonces el profundo deterioro en salud pública, y en educación pública en México, y en muchos otros bienes y servicios públicos. Esto se asocia no sólo a la destrucción institucional y al despilfarro de recursos del erario en subsidios clientelares, proyectos absurdos, Pemex y negocios de los militares, sino con el simple estancamiento y caída del PIB y del PIB PC. La mejora reciente en algunas mediciones de pobreza en México es consecuencia lógica de subsidios masivos generalizados, y alzas discrecionales en el salario mínimo, no de aumentos en el empleo formal y en la productividad. Simplemente no es permanente ni sostenible. Recordemos que el PIB es la suma del consumo privado, de la inversión privada (que es igual al ahorro privado), del gasto del gobierno (consumo e inversión) y de la diferencia entre exportaciones e importaciones. Muchas de las cosas que la gente aprecia se pueden comprar y, por tanto, se ven reflejadas directamente en el PIB, tal es el caso de vivienda, vehículos, ropa, viajes, alimentos, educación, conciertos, medicinas y atención médica, etcétera. Obviamente importa mucho en qué gasta el gobierno, y no sólo cuanto gasta, dado que la inversión pública productiva tiene grandes efectos multiplicadores a mediano y largo plazo. Debe advertirse que las cuentas nacionales del PIB pueden ser manipuladas por gobiernos dictatoriales (por ejemplo, Cuba) o distorsionadas en algunas economías que dependen de manera extrema de una sola actividad económica (ejemplo, hidrocarburos en países árabes). En cualquier caso, en México ha dejado de operar “magia” del PIB.

Político, ecologista liberal e investigador mexicano, ha fungido como funcionario público y activista en el sector privado. Fue candidato del partido Nueva Alianza a Presidente de México en las elecciones de 2012.

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