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Irán, el crucero de los extremistas
Fausto Pretelin Muñoz de Cote | Globali… ¿qué?
No puede existir una guerra de “buenos” contra “malos” si los protagonistas son extremistas (lo mismo nacionalistas y/o religiosos); tampoco la hay si desprecian el derecho internacional y, peor aún, si han cometido violaciones a los derechos humanos en sus propios países o con sus vecinos.
Los perfiles del presidente, el primer ministro y el líder supremo, de Estados Unidos, Israel e Irán, respectivamente, embonan con exactitud con los rasgos descritos en el párrafo anterior.
El régimen del líder supremo Alí Jamenei fue sanguinario, teocrático, terrorista y discriminatorio frente a las mujeres. El siglo XXI no debería permitir estos cuatro rasgos en cualquier gobierno.
El presidente Trump ha decidido que le estorban los organismos multilaterales y su propio Congreso. Él interpreta diversos protagónicos: es el Secretario General de Naciones Unidas y es el único que tiene poder de veto en el Consejo de Seguridad (Junta de Paz). También le gusta ser juez de la Corte Penal Internacional (dice actuar bajo los límites que le impone su moral), presidente de Estados Unidos y del Capitolio. Por momentos le gusta ver en acción el guion que le propone Stephen Miller sobre las calles de su país; acciones llevadas a cabo por agentes de ICE.
A Benjamin Netanyahu le quedan chicos los Acuerdos de Oslo, los que firmó su país con la Organización para la Liberación de Palestina (OLP). El tándem que forma junto a Donald Trump decidió expropiar el territorio de la Franja de Gaza en el momento en que Hamás ejecutó uno de los actos terroristas más sanguinarios de la historia. La respuesta de Netanyahu fue desproporcionada: 70 mil muertos dejando una llaga sin cura.
28 de febrero de 2026. Estados Unidos e Israel atacan a Irán. Entre las justificaciones aparece el proyecto de enriquecimiento de uranio, pese a que el propio Trump afirmó en junio pasado que quedó destruida la posibilidad de Irán de producir la bomba nuclear luego de los ataques que él ordenó durante la “Guerra de los 12 días”.
Ni las guerras de Irak ni Afganistán dejaron saldos positivos. Ni democracia ni paz ni estabilidad.
El escenario más cercano en Irán es la guerra civil. No puede haber democracia sin demócratas. Ni a Trump ni a Netanyahu les interesa que haya democracia en Irán. Para Estados Unidos el ataque a Irán es una estrategia más para contener a China, destino estratégico del petróleo iraní. Para Israel, controlar la región; otra estrategia más de los “Acuerdos Abraham”. Irán ataca a Baréin y Emiratos Árabes, pero también a Arabia Saudita y Catar, entre otros. Países sunitas con los que Jared Kushner pactó (o estaba en pláticas) un acercamiento paulatino con Israel.
El presidente del Estado Mayor Conjunto de EU Dan Cain le dijo a Trump que no lanzara una gran operación militar contra Irán por la crisis que generaría la ofensiva.
Lo de Trump es la diplomacia de las emociones.