Buscar
Opinión

Lectura 3:00 min

En Barcelona, Sheinbaum buscó recuperar el liderazgo de México

main image

Eduardo Ruiz-Healy | Ruiz-Healy Times

Eduardo Ruiz-Healy

El 12 de abril, el autoritario, prorruso y antieuropeo Viktor Orbán, aliado tanto de Donald Trump como de Vladimir Putin, perdió el poder en Hungría después de 16 años en el cargo. Cuatro días después, el jueves 16, Barcelona acogió la IV Cumbre Internacional “En Defensa de la Democracia”, un evento para defender no solo la democracia, sino también el multilateralismo, la cooperación y el derecho internacional, tras las elecciones húngaras, que demostraron que el giro hacia el autoritarismo es reversible.

La convocatoria del español Pedro Sánchez y del brasileño Luiz Inácio Lula da Silva reunió a presidentes, primeros ministros y representantes de organismos internacionales. Estuvieron Claudia Sheinbaum de México, Gustavo Petro de Colombia, Cyril Ramaphosa de Sudáfrica, Yamandú Orsi de Uruguay y Gitanas Nausėda de Lituania: los jefes de gobierno, Edi Rama de Albania, Mia Mottley de Barbados y Albin Kurti de Kosovo. También António Costa, presidente del Consejo Europeo, y Rosemary DiCarlo, secretaria general adjunta de la ONU. Y otras personalidades, entre ellas el gobernador demócrata de Minnesota, Tim Walz, el expresidente chileno Gabriel Boric y la exprimera ministra finlandesa Sanna Marin.

La derrota de Orbán a manos de Péter Magyar muestra que el nacional-populismo no es eterno. Giorgia Meloni se estanca en Italia. Marine Le Pen no ha desalojado a la izquierda de París ni de Lyon. Pero en Bulgaria el euroescéptico Rumen Radev ganó ayer en las urnas.

En ese contexto, la participación de la presidenta Claudia Sheinbaum fue distinta. Mientras varios oradores, entre ellos Lula y Walz, hablaban de detener el “fascismo”, ella optó por no dar una arenga, sino por una clase de diplomacia. Invocó a Hidalgo, a Morelos, a Juárez y a Lázaro Cárdenas y recurrió a la Doctrina Estrada para dejar claro que México no se suma a confrontaciones personales ni a la injerencia en asuntos ajenos. No mencionó ni una vez a Donald Trump. Con la renegociación del T-MEC sobre la mesa, el silencio fue tan calculado como elocuente.

Hizo tres propuestas: destinar el 1% del gasto militar mundial —bajo el modelo de Sembrando Vida— a un programa global de reforestación contra el cambio climático y la pobreza; exigir una postura firme del bloque contra cualquier intervencionismo militar en Cuba; y ofrecer formalmente que México sea sede de la próxima cumbre en 2027, con la “economía para el bienestar” como eje. Todo bajo una sola premisa: la democracia es una palabra vacía si no garantiza la salud y la educación a los más pobres.

No fue diplomacia de salón, sino buscar recuperar para México su liderazgo regional desde la prudencia —el único margen real que tiene un país que comparte frontera con otro gobernado hoy por un chiflado.

La cumbre cerró con la fotografía de unidad que sus organizadores buscaban. Si tendrá músculo real o quedará en una foto de familia, eso lo dirán las próximas elecciones en Europa y América.

Lo que Barcelona dejó en claro es esto: gobernar con justicia social es la única vacuna eficaz contra la extrema derecha y, por qué no decirlo, también contra la extrema izquierda. El problema es que la vacuna tarda en hacer efecto y los habitantes de muchos países quieren resultados inmediatos, como los que les ofrecen los extremistas.

Facebook: Eduardo J Ruiz-Healy

Instagram: ruizhealy

Sitio: ruizhealytimes.com

Eduardo Ruiz-Healy

Opinador, columnista, conferencista, media trainer, 35 años de experiencia en medios de comunicación, microempresario.

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí
tracking reference image

Noticias Recomendadas

Suscríbete