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Infantino y el VAR de Mar-A-Lago
Fausto Pretelin Muñoz de Cote | Globali… ¿qué?
Parece que la FIFA es una nueva marca Trump.
La presencia de Gianni Infantino en la Cumbre de la Paz en Sharm el-Sheij, Egipto, en febrero pasado, catapultó el protagonismo del presidente de la FIFA al ser utilizado como embajador privado del presidente de Estados Unidos.
Trump reveló en aquella ocasión que la FIFA aportará 75 millones de dólares a Gaza para la construcción de un estadio de futbol. “Van a construir canchas y harán venir a las mayores estrellas mundiales, personas que son estrellas más grandes que tú y yo, Gianni”, dijo Trump pensando en la Franja de Gaza con ornamento estético de Mar-A-Lago, o en el peor de los casos, de la Riviera Maya.
La geopolítica desarrollada por Donald Trump es una marca registrada. Por ejemplo, la Federación Iraní de Futbol denunció que la FIFA revocó la asignación de boletos que le correspondía para la fase de grupos. Se trata del 8% de los asientos disponibles en los estadios donde jugará Irán.
La FIFA impone decisiones supranacionales en las sedes del Mundial, pese a ello Infantino se lavó las manos diciendo que no le corresponde al organismo que dirige el control fronterizo.
Infantino pudo, desde el 28 de febrero, día en que inició la guerra, aplicar un plan de contingencia sobre la selección iraní. Por ejemplo, tuvo que realizar un enroque de grupos para impedir que Irán juegue sus partidos en Estados Unidos.
No lo hizo. La guerra impone escenarios obligatorios y no optativos.
Los jugadores de la selección iraní no pertenecen a la Guardia Revolucionara Islámica; tampoco tienen nexos con Hezbolá o Hamás. Su afición tendría que haber recibido un trato digno en Estados Unidos, pero Trump no la quiso.
Infantino y la FIFA ya son marcas Trump.
La guerra en Irán le ha costado popularidad a Trump. El 60% de la población estadounidense la rechaza y la inflación ya se integra por un componente proveniente de Teherán.
Trump está experimentando el peor fracaso de su política exterior en Irán. El statu quo anterior a la guerra perjudicaba más al régimen iraní que el escenario actual. Solo el cierre del estrecho de Ormuz recorrió como mariposa el mundo entero. El incremento del precio del petróleo trastoca cualquier panorama de certidumbre.
A corto plazo, el único ganador de la guerra es Netanyahu. No necesariamente la sociedad israelí.
Trump quiere llegar al 4 de julio (su pachanga del día de la Independencia) con el estrecho de Ormuz abierto, y así iniciar su campaña para las elecciones de medio término.
Trump, al desaparecer el brazo del soft power estadounidense, la USAID, decidió subcontratar las funciones a la FIFA de Infantino.
Feliz, aceptó.