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Opinión

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¿Y si se nos para la IA?

Jonathan Ruiz Torre | Parteaguas

No me he topado con alguien que me diga que su negocio va muy bien. Vaya, ni los banqueros, que yo supondría felices con los resultados que tuvieron el año pasado. Me dicen que están preocupados porque sus clientes andan endeudados y con problemas para pagar.

Pero nadie dudaría de ese motor de optimismo gigante montado en la inteligencia artificial, que trajo al mundo las primeras empresas con un valor superior a los 4 billones de dólares (trillions).

Nvidia, por ejemplo, la vendedora de chips y GPUs que se hizo multimillonaria vendiendo equipos a Google, OpenAI, Microsoft y Tesla. ¿Pero ya vieron que el valor de esta empresa ya no sube y cayó 7% desde el inicio de 2026?

Una de sus principales proveedoras, la taiwanesa Foxconn, también perdió 16% de su valor en lo que va del año. Incluso una menos visible, Broadcom, que está en medio de esas dos y que lucía como la gran ganadora después de llegar a 1.5 billones de dólares en valor de mercado, ha perdido 4% en el mismo plazo.

¿Qué está pasando?

Ya sé que me dirán que el asador no está para carnes y que hay una muy lamentable guerra en Irán. Cierto, eso impacta, pero recuerden que el ascenso de las tecnológicas se dio incluso durante una pandemia y una guerra en Ucrania.

Percibo que estamos ante un escenario de posible pérdida de valor estructural en estas empresas dedicadas a vender infraestructura —arena y fierros, pues— para que exista la inteligencia artificial.

Por consecuencia, su tren podría pararse y no hay otro a la vista que conmueva a los mercados… por ahora. ¿Por qué puede ser estructural el asunto?

Echen su imaginación 100 años para atrás. ¿Piensan en lo que significó ver carretas sin caballos en donde todavía no había carreteras? Ford llamó a las suyas Ford T.

Eran lo más eficiente del momento para transportarse por caminos lodosos formados por pisadas de caballos.

Pagar el combustible era cuatro veces más caro que ahora, en términos relativos. Por eso, los consumidores aplicaron y exigieron eficiencias para comprar y usar coches.

Ford introdujo nuevos carburadores y su motor mejoró. El negocio del petróleo lo resintió, ciclo tras ciclo. Los coches consumían menos gasolina. Las refinerías seguían produciendo. Pero la ecuación había cambiado para siempre.

Revisen lo que está haciendo Google, uno de los mayores consumidores de chips:

Publicó un estudio que sugiere que un nuevo algoritmo podría procesar más eficientemente la información necesaria para la IA. Lo llama TurboQuant.

En términos muy simples, es como escribir con emojis y stickers en lugar de palabras; a los que tienen más años les aviso que esto es como la vieja taquigrafía.

Microsoft, Meta y OpenAI también avanzan. Si de pronto los grandes consumidores necesitan menos espacio y menos computadoras, alguien va a pagar el precio.

Y no es que Nvidia o AMD vayan a desplomarse o a salir del mercado, sino que la tecnología adquirirá su valor más real, más asociado con sus operaciones y menos con expectativas.

A como está el mundo ahora, esperando lo que ocurra este martes 7 de abril en la cabeza del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, luego de sus nuevas amenazas a Irán, lo que puede ocurrir es que mucha gente decida mover su dinero, probablemente para ponerlo en efectivo en cuentas bancarias. La volatilidad de estos días abre oportunidades inesperadas.

Más ahora que estamos por saber lo que vamos a hacer verdaderamente con la inteligencia artificial. Porque esa herramienta no es para generar más IA o solo para simplificar procesos de finanzas.

Mi tesis, la que leen en esta columna, es que hay un montón de problemas por resolver y de ahí van a salir un montón de negocios. Tal y como ahora existen negocios de llantas, talleres y refacciones que no existían antes de Ford, que un día resolvió un problema mundial de transporte.

Comunicólogo por la UANL, con estudios sobre Mercados de Petróleo, Gas y Energía en la Universidad de Houston. Fue reportero y editor de información de Negocios en Milenio, El Norte y en Reforma, en donde fundó la columna institucional Capitanes. Fue Director General de Información Económica en El Financiero y fundador de la revista Bloomberg Businessweek México. Como Director General de Proyectos Especiales de El Financiero encabezó los esfuerzos de contenidos digitales de la organización. Desde 2014 escribe su columna Parteaguas, dedicada a negocios disruptivos y tecnológicos, que tiene réplica en un podcast: Parteaguas Diario y en redes sociales @parteaguasclub.

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