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¿Y si el gobierno pierde sentido?
Jonathan Ruiz Torre | Parteaguas
Las escenas no son nuevas. Los maestros han bloqueado calles y plazas de la Ciudad de México desde el siglo pasado.
No pudo cambiar la ruta el PAN durante la primera transición democrática, en 2000. Tampoco pudo hacerlo el PRI, a su regreso en 2012. Morena no ha dado evidencia de capacidad para resolver el fondo del asunto de la Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación, la CNTE.
El gobierno, independientemente del partido político que lo encabece, ha mostrado incompetencia una y otra vez. Lo dramático es que esa incapacidad no se limita a México.
Es cierto que en este país estamos en riesgo de un rompimiento. He conversado en estos días con emprendedores y empresarios que dicen que es mejor no venderle al gobierno.
Argumentan que funcionarios de medio nivel, tanto en la federación como en los estados, piden dinero a cambio de procesos o de pagos ya aprobados. Tampoco es nuevo, pero me dicen que el problema se agravó.
Si no hay consecuencias, la impunidad impera. ¿Conocen a algún funcionario castigado por corrupción?
El riesgo es alto. ¿Qué va a pasar si las empresas formales se retiran del mercado de las compras gubernamentales? Quedarán las informales o las delincuenciales. El gasto aumentará, la calidad se derrumbará y la ineficiencia se disparará.
Hoy es atípica la compañía que quiere firmar un contrato con Pemex, la empresa petrolera del Estado que ha evidenciado su imposibilidad de cumplir con sus proveedores.
No estamos ahí todavía, pero conviene entender el escenario: un gobierno que no controla, no vigila, no cumple y no paga… ¿qué hace? ¿Qué sentido tiene? En cualquier país.
Porque, como anticipé, los riesgos están en todos lados.
El extremo está en Haití o en Cuba; la sociedad de Venezuela no está en calma. Argentina se descontrola.
En Estados Unidos, el país ha descuidado la salud de su sociedad y las perspectivas económicas de los más jóvenes se reducen.
Deberían leer lo que publicó ayer The Wall Street Journal, medio propiedad de un empresario que apoyó a Donald Trump:
“Los estadounidenses están abandonando Estados Unidos en cifras récord”, publicó este medio fundado por Rupert Murdoch.
En 2008, Gallup descubrió que uno de cada diez estadounidenses quería mudarse fuera de Estados Unidos. El año pasado, la cifra ascendió a uno de cada cinco, precisaron sus periodistas en su podcast The Journal.
Los estadounidenses se van a Europa o a donde pueden, incluso a México, ante la posibilidad de permanecer legalmente en el país al menos durante seis meses, mientras consiguen una visa distinta a la de turista.
Están inconformes. Más del 50 por ciento de los votantes desaprueba la gestión del presidente Donald Trump, mandatario que incluso emprendió acciones legales contra su propio gobierno por un problema fiscal y gestiona un pago millonario para sí mismo por esa vía.
Pero, en esta circunstancia esquizofrénica, en este año de elecciones regionales y legislativas, la noticia es ahora California, un estado habitualmente demócrata que esta semana parece inclinarse por el comentarista estadounidense de origen británico y ex presentador de Fox News, Steve Hilton, quien se postula para gobernador respaldado por el republicano Trump.
Insisto: lo que cruje es el sistema.
No puedo cerrar este texto sin comentar lo positivo. En Cambridge, Massachusetts, decenas de miembros de la sociedad civil se reúnen esta semana para cursar un programa denominado MIT REAP, cuyo propósito es encarrilar proyectos productivos y empresas de alto valor agregado en distintas regiones.
Por México hay estudiantes vinculados con el proyecto, cuyo propósito es precisamente proponer un camino hacia la prosperidad para su estado. Nuevo León lo hizo en el pasado y ciudadanos de Chihuahua incluso establecieron Startup Chihuahua, que bien vale una búsqueda en Google.
Hay intención de componer. Se necesita voluntad desde distintas partes de la sociedad y un montón de energía y ética. Seguimos.