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Opinión

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El futbol no es sólo un juego

Gabriel Quadri de la Torre | Verde en serio

El futbol moderno no es sólo un juego. La FIFA es una poderosa organización internacional que administra un presupuesto de 13 mil millones de USD para el último trienio, y tutela 211 federaciones nacionales de futbol, cuatro mil clubes, y cientos de miles de jugadores afiliados. También gestiona muchas de las pulsiones, emociones y pasiones humanas de acción colectiva que están detrás del futbol, y que se encuentran programadas en nuestro código genético. La guerra fue la acción colectiva originaria, y también, la continuación de la política por otros medios (Carl von Clausewitz). Pero es cada vez menos aceptable, y es más compleja, costosa, y con resultados inciertos, aún contra adversarios considerados más débiles (preguntarle a Putin). Hoy el futbol, juego y competencia colectiva, en cierta forma, sustituye a la guerra en las emociones humanas.

La acción colectiva se emprende bajo una identidad y sentido de pertenencia comunes, que están referidas en gran medida a estados-nación, conforme se han disuelto las identidades tribales o comunitarias de pueblos y localidades por la urbanización en grandes ciudades. En los estados-nación hay una bandera y escudo, lengua común, historia y cultura compartidas, religiones mayoritarias y un amplio acervo de valores, sitios emblemáticos, monumentos, manifestaciones artísticas, mitos, gastronomía, y otras construcciones sociales con una importante fuerza simbólica nacional. Tal es el caso de las selecciones nacionales de futbol que representan a los estados-nación. En nuestros genes está la inclinación por lo gregario; somos una especie que ha sobrevivido y evolucionado y adquirido una inteligencia asombrosa gracias, en buena medida, a nuestro carácter gregario y social, favorecido por la selección natural.

Este carácter gregario genera con el tiempo en cada sociedad instituciones o reglas formales e informales de gobernanza, de conducta individual y colectiva, una cultura distintiva, y estructuras de poder que históricamente han emergido asociadas y legitimadas por creencias y valores religiosos. Todo se cristaliza en una identidad nacional y sentido de pertenencia a un estado-nación, al cual nos unen sentimientos afectivos y de lealtad, que en la actualidad pueden expresarse y canalizarse notablemente a través del futbol. Tenemos el impulso de participar en gestas colectivas en nombre de nuestro estado-nación, de buscar la emoción y la embriaguez de un propósito común. El futbol lo permite y encauza. Somos individuos diferenciados y libres, pero también somos masa activa, solidaria, lúdica, o simplemente vandálica, potencialmente cruel, destructora y mortífera.

Los individuos se mueven e identifican en la masa cuando se activa en su cerebro una respuesta epigenética de emoción por la acción colectiva, que en el caso del futbol puede ser espontánea, o encendida por contagio social y catalizada por medios de comunicación. A diferencia de la guerra, el resultado es emotivo, emocionante, (generalmente) incruento, divertido y feliz. A una gran mayoría de ciudadanos de casi todos los países les apasiona colectivamente el futbol y su selección nacional, por las razones señaladas, y por supuesto, por la belleza del juego (The Beautiful Game). Es así que los mexicanos “le vamos a México”, compartimos los partidos entre familia y amigos, usamos camisetas verdes, gritamos en el estadio o frente a las pantallas, y salimos a las calles a celebrar frenéticamente con la masa. En estas celebraciones pueden destacar euforia y alegría sanas, o un vandalismo miasmático, dependiendo de los valores cívicos e instintos de cada sociedad.

Algo igualmente interesante sucede cuando se enfrentan otros equipos nacionales. Cada equipo representa un estado-nación, y con ello, todo lo que este puede significar: civilidad, democracia, libertad, cooperación social, ilustración, cultura, progreso y prosperidad, ciencia, tecnología, legalidad, empresas globales, cine, música, arte y literatura o historia, museos y ciudades admirables. (Lo que se denomina Poder Suave). O bien, oscurantismo, opresión de las mujeres, atraso, tiranía, violencia, intolerancia, fanatismo, sectarismo o represión. Con mucha frecuencia la simpatía surge de lazos y herencias familiares o por afinidades culturales o por solidaridad con países pequeños o atribulados que enfrentan con dignidad y coraje la adversidad. También, la simpatía puede emanar de la composición étnica de cada equipo. Nótese que ciertos países provocan envidias y antipatías por una presunta arrogancia, y porque tienen extraordinarios éxitos deportivos. Las simpatías o antipatías se traducen en entusiasmo por ciertos países.

Quienes más aprecian estas cosas, tienen lógicamente afinidades y pasiones más explícitas, aunque a veces se confundan, sean contradictorias y se mezclen entre sí o no puedan decantarse del todo. El futbol en la Copa del Mundo es un juego de estados-nación, y por tanto, aunque no queramos, también de ideologías, de historia y de política, de sentimientos, pasiones humanas y sociales. Los equipos representan países y civilizaciones, no sólo a individuos organizados en equipos; no son simples membretes o franquicias. Entonces, es natural y comprensible preferir, con mayor o menor intensidad, a un equipo sobre otro. Generalmente no vemos los partidos sólo con ojo analítico frío e imparcial. Por fortuna, así no es el futbol. Y la vida tampoco...

Político, ecologista liberal e investigador mexicano, ha fungido como funcionario público y activista en el sector privado. Fue candidato del partido Nueva Alianza a Presidente de México en las elecciones de 2012.

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