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La Cultura de la Paz, Soberanía Quebrada/Mundial 2026
Pascual Hernández Mergoldd | La cultura de la paz
"No permitiremos que un cártel se haga pasar por un gobierno en nuestro hemisferio" Marco Rubio
Cultura es el conjunto de conocimientos, creencias, artes, valores morales, leyes, costumbres y hábitos que las personas adquieren como integrantes de una sociedad. La paz, por su parte, es un estado de bienestar, tranquilidad y armonía, definido esencialmente por la ausencia de guerras, violencia o conflictos.
La cultura de la paz representa tanto un destino deseado como un esfuerzo permanente: un camino hacia tejidos sociales más justos, solidarios, libres, dignos, armoniosos, prósperos y libres de violencia. Su construcción exige la participación activa de todos en esa evolución colectiva, gobierno incluido. Se trata de un valor social y humano que requiere diálogo, tolerancia y cooperación para edificar sociedades justas, y de un movimiento que debe crecer y consolidarse. Esa es la razón por la cual este espacio lleva por título La Cultura de la Paz: aquí se abordan los temas, hechos y circunstancias que la fortalecen, pero también las acciones y omisiones que la debilitan u obstaculizan.
En México escalan conflictos, corrupción y violencia. La soberanía nacional se encuentra gravemente quebrantada por el crimen organizado -en mucho- con la condescendencia del oficialismo. Conviene recordar que la soberanía reside esencial y originariamente en el pueblo, y que el poder público -el Estado- dimana de él y se instituye para su beneficio, no para tratarlo como vasallo. Entre las obligaciones más elementales del Estado está ejercer el monopolio legítimo de la fuerza para salvaguardar la vida, las libertades, la integridad y el patrimonio de las personas, mantener el orden interno, garantizar la seguridad nacional y defender la soberanía.
Cuando una organización delincuencial logra suspender la vigencia de la ley y utiliza la fuerza extra-legal para “normalizar” esa situación, esa organización se convierte en la verdadera autoridad soberana de ese territorio. La población pierde libertad, tranquilidad, patrimonio y paz; vive con miedo, sometida a asesinatos, extorsiones, desplazamientos, secuestros y todo tipo de abusos, en muchos casos con la tolerancia y participación de autoridades.
Esto ocurre hoy en diversas zonas de México, donde grupos delincuenciales entrenados y violentos -fuerzas de ocupación interna- saquean y lastiman a la población al ejercer control territorial. Son considerados grupos terroristas que han usurpado la soberanía de comunidades enteras, sustituyendo al Estado. Mientras tanto, el gobierno oficialista se ocupa en destruir instituciones; polarizar a la sociedad; diluir la división de poderes, la certeza jurídica y la confianza de inversionistas. Además, en encubrir a los suyos.
No sorprende que, aunque la Presidenta goce de una importante aceptación en las encuestas, sustentada en el respaldo a los programas sociales, la mayoría repruebe sus políticas anticorrupción, de seguridad pública y de combate al crimen organizado.
Hace cuarenta años, nuestro país organizó con éxito -por segunda ocasión- el Mundial de Futbol, apenas meses después del devastador terremoto de 1985. Pese a la crisis económica, la inflación y las tensiones sociales, el país logró estadios listos, logística eficiente, una afición entregada y una atmósfera de fiesta global. Como correspondía a un jefe de Estado, el presidente Miguel de la Madrid acudió a la ceremonia inaugural.
Hoy, en 2026, México será anfitrión por tercera ocasión, tras la confirmación de la sede en 2018. Sin embargo, diversos factores hacen prever que esta edición del Mundial -aquí- será menos brillante que los de 1970 y 1986. La Mandataria no asistirá a la inauguración, probablemente por temor a muestras de rechazo pues, a diferencia de las concentraciones a las que acude, en la inauguración ni en los partidos habrá acarreados de sus huestes. Daremos la impresión de tener un Estado acéfalo. Además, la capital –peor que nunca- exhibe más carencias que soluciones: una ciudad que se desmorona.
Deseamos que el crimen organizado, que asedia al país, otorgue una tregua y permita que el Mundial, que se inaugura esta semana, se viva como lo que debe ser:
¡Una celebración, una fiesta disfrutable y exitosa!
*El autor es abogado y mediador profesional.
Contacto: mediador.negociador@gamil.com
X: @Phmergoldd