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Competencia: el camino para que México tenga un crecimiento económico incluyente

OpiniónEl Economista

En América Latina los mercados son menos competitivos que en las economías avanzadas y eso tiene consecuencias concretas: precios más altos, salarios más bajos y menor crecimiento.

Recientemente el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) presentó en México su libro “Mercados y desarrollo: cómo la competencia puede mejorar vidas”. El estudio analiza ocho economías latinoamericanas —incluida la nuestra— y documenta con hechos y evidencia, no con opiniones, algo que durante años se ha sostenido desde la teoría: la política de competencia es clave para mejorar la vida de las personas.

El debate internacional sobre la política de competencia suele plantear una disyuntiva: ¿debe enfocarse únicamente en la eficiencia de los mercados o también contribuir a objetivos más amplios como el crecimiento económico, la innovación y el bienestar? El estudio del BID aporta evidencia clara a esta discusión: La competencia tiene efectos tangibles en crear economías más dinámicas y mejores oportunidades para la población.

Los datos no pueden ignorarse. Si México alcanzara niveles de competencia comparables con los observados en economías más desarrolladas, el PIB per cápita podría aumentar hasta 11% y la desigualdad reducirse aproximadamente en 6%. En términos prácticos, esto significa más prosperidad social en un contexto de mayor innovación y crecimiento económico.

Otro tema con el que México ha batallado por años —la baja participación de los trabajadores en el valor que generan las empresas— también está relacionado con la falta de competencia. En varios países de América Latina —incluido México— los trabajadores reciben una proporción menor del valor de su productividad. Así, los trabajadores en México reciben aproximadamente 50% de cada dólar generado, mientras que en Estados Unidos reciben cerca de 65%, y en economías europeas más competitivas hasta 80%.

En este contexto, los hallazgos del BID resultan particularmente relevantes para el debate económico en México. Si la competencia tiene efectos tan claros sobre el crecimiento, los salarios y la desigualdad, fortalecerla debe ser parte central de cualquier estrategia de desarrollo.

Sin embargo, la política de competencia ha enfrentado una dificultad histórica: transmitir de manera clara sus beneficios a la población. El aporte del BID resulta especialmente valioso porque contribuye a un debate que debe basarse cada vez más en evidencia. Estudios de esta naturaleza permiten entender mejor los mercados en nuestra región y qué políticas pueden contribuir a que el crecimiento económico sea también un crecimiento más incluyente.

La evidencia también muestra que no todos los sectores tienen el mismo impacto sobre el bienestar de las familias. En México, áreas como el sistema financiero, los mercados agroalimentarios, la energía, la salud, las telecomunicaciones, el transporte o las compras públicas tienen efectos directos sobre los costos que enfrentan los hogares y las oportunidades de crecimiento para las empresas.

Por ello, fortalecer la competencia en estos sectores puede traducirse en beneficios tangibles: precios más accesibles, mayor innovación y más oportunidades para pequeñas y medianas empresas.

En última instancia, la competencia no es un fin en sí mismo. Es una condición para que los beneficios del crecimiento lleguen a más personas.

En un país que busca crecer más y crecer mejor, fortalecer la competencia no es solo una política económica: es una herramienta para ampliar oportunidades y construir un desarrollo verdaderamente incluyente.

*La autora es comisionada presidenta de la Comisión Nacional Antimonopolio.

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