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Opinión

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Aprendiendo de los fondos soberanos de inversión adecuados

Los países del Golfo han hecho que la creación de un fondo soberano de inversión parezca una opción estratégica —y atractiva—, lo que ha llevado a países como Canadá a lanzar el suyo propio. Pero Latinoamérica ha llevado a cabo este experimento muchas veces a lo largo de los años, ofreciendo una visión más realista de los riesgos y las ventajas de un fondo soberano de inversión.

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NUEVA YORK—¿Qué tiene de malo un fondo soberano de riqueza? Los FSE de los estados del Golfo, que controlan aproximadamente 6 billones de dólares en activos, ya no son simples vehículos de inversión. Se han convertido en herramientas de gobierno, transformando reinos y emiratos en influyentes actores y benefactores. Además de un gasto ostentoso en deportes y tiendas de lujo —el Fondo de Inversión Pública (PIF) de Arabia Saudita compró el club de fútbol inglés Newcastle United, y la Autoridad de Inversiones de Qatar (QIA) es propietaria de los grandes almacenes Harrods—, estos fondos han invertido en sectores estratégicos como la IA, la logística y las energías renovables. También brindan apoyo económico a sus aliados, sirviendo como palanca de política exterior.

El modelo del Golfo es tan atractivo que el primer ministro canadiense, Mark Carney, lanzó recientemente un Fondo de Ahorro de Hidrocarburos (FAH), y el presidente estadounidense, Donald Trump, firmó una orden ejecutiva para establecer uno. Sin embargo, ni Canadá ni Estados Unidos pueden igualar las décadas de excedentes de hidrocarburos que constituyen la base del modelo del Golfo. Un ejemplo más pertinente sería Latinoamérica, que ha llevado a cabo este experimento en numerosas ocasiones a lo largo de los años, y en condiciones mucho más similares a las que prevalecen en Canadá y Estados Unidos.

A diferencia de los estados del Golfo, con sus ingresos petroleros en constante aumento y monarquías conservadoras, los países latinoamericanos han experimentado auges de materias primas seguidos de déficits fiscales, así como oscilaciones políticas entre la izquierda y la derecha, lo que ha imposibilitado la continuidad de políticas a largo plazo. Si bien algunos lograron crear fondos soberanos de inversión, muchos fracasaron. Su experiencia ofrece valiosas lecciones para Estados Unidos, Canadá y otros países que se embarcan en este camino.

En primer lugar, la creación de un fondo soberano de inversión requiere una suma considerable que el gobierno pueda destinar. Cuando Brasil creó su fondo soberano en 2008, el capital provino de asignaciones fiscales y préstamos públicos, en lugar de un importante ingreso extraordinario proveniente de la venta de materias primas. Las cuentas no cuadraron y el fondo se disolvió 11 años después, destinando los activos restantes al servicio de la deuda.

Guyana tuvo el problema opuesto. En 2025, su Fondo Soberano de Ahorros (FSA) recibió 2470 millones de dólares en ingresos petroleros. Pero el dinero se gastó tan rápido como entró: ese mismo año, el parlamento autorizó retiros por valor de 2460 millones de dólares. Sin ningún mecanismo de control para evitar que se gastara la ganancia inesperada, el fondo funcionó como un mecanismo de transferencia fiscal, no como un vehículo de ahorro.

También existe el riesgo de que los fondos soberanos se vean sobrecargados de mandatos. El fondo petrolero mexicano, por ejemplo, tiene la tarea de estabilizar el presupuesto, ahorrar para el futuro y sostener a Pemex, la empresa energética estatal. Cuando estos objetivos entran en conflicto, prevalece el más urgente. Los ingresos petroleros se desvían constantemente para mantener a flote a Pemex, y los ahorros nunca se acumulan. El dinero que debería haberse destinado a crear reservas a largo plazo se utiliza, en cambio, para políticas fiscales a corto plazo.

Podría decirse que el ejemplo más importante es el Fondo de Estabilización Económica y Social de Chile, que ha servido de modelo para la región. Pero incluso un fondo bien gestionado puede enfrentar problemas. Chile tuvo que afrontar la realidad de que se endeuda a una tasa de interés del 5%, mientras que su fondo de estabilización genera entre un 1% y un 2% anual. Cuando una persona tiene una modesta cuenta de ahorros y deudas de tarjetas de crédito con altos intereses, los expertos en finanzas personales le recomendarían pagar primero la tarjeta. En 2024, Chile aprobó una ley para reestructurar el fondo como un fondo patrimonial con mayor flexibilidad para buscar rentabilidad, lo que subraya la importancia de permitir que los fondos soberanos inviertan de forma agresiva.

La experiencia de América Latina en fondos soberanos de inversión ha sido reconocida a nivel mundial. Los Principios de Santiago, estándares globales para la gobernanza de la riqueza soberana, se firmaron en la capital de Chile en 2008. Panamá, tras décadas protegiendo instituciones gubernamentales autónomas como la Autoridad del Canal de la injerencia política, ha incorporado protecciones similares a su fondo soberano de inversión, al que el Instituto Peterson de Economía Internacional calificó con 82 puntos sobre 100 en su informe de 2021 sobre fondos soberanos de inversión. En contraste, el Instituto de Investigación Cuantitativa (QIA) obtuvo 46 puntos, y el Fondo de Inversión Pública (PIF) de Arabia Saudita obtuvo una puntuación aún menor, de 39.

Sin duda, algunos argumentarán que ciertas inversiones públicas, como las que contribuyen al crecimiento del empleo, el desarrollo regional y la seguridad nacional, generan beneficios sociales que justifican la aceptación de menores rendimientos financieros. Pero el instrumento para esas inversiones es un banco de desarrollo, una asociación público-privada o la política industrial, no un fondo soberano de inversión.

La situación en el Golfo Pérsico ha hecho que los fondos soberanos parezcan una opción estratégica. Sin embargo, su éxito ha dependido de miles de millones de dólares en ingresos provenientes de combustibles fósiles y de la continuidad política, dos recursos que Carney y Trump no tienen a su alcance. Afortunadamente, no tienen que buscar muy lejos modelos alternativos: los países latinoamericanos han identificado no solo los inconvenientes de los fondos soberanos, sino también cómo construir uno que pueda ofrecer resultados realistas, aunque menos llamativos.

La autora

Erika Mouynes, exministra de Relaciones Exteriores de Panamá e investigadora del Instituto de Política de la Universidad de Harvard, es estratega geopolítica y de inversiones.

Copyright: Project Syndicate, 1995 - 2026

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