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Opinión

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Tres pasos que Venezuela debe tomar para cambiar al país

Hace dos años fui encarcelado por pedir un cambio constitucional, democrático y pacífico en el gobierno de Venezuela. Nuestro plan se llamaba La Salida. No todo el mundo estuvo de acuerdo con nuestro enfoque y algunos lo llamaron radical. hoy en día, el consenso es mucho más fuerte: el presidente Nicolás Maduro debe renunciar para salvar a Venezuela de una de las mayores calamidades de nuestra historia.

El pueblo de Venezuela desea que este cambio sea pacífico y rápido. La cuestión más difícil y más importante es: ¿Qué viene después?

Venezuela se enfrenta a un largo y difícil camino hacia la recuperación. Las cosas pueden empeorar antes de mejorar. Un profundo daño se ha infligido sobre los pilares de nuestra economía, el tejido de nuestra sociedad y el alma de nuestro país. Decidir dónde empezar será abrumador. Cuando todo debe arreglarse -al mismo tiempo- ¿por dónde empieza uno?

Cien cosas deben hacerse con urgencia. Destacaré tres que se elevan por encima del resto.

En primer lugar, tenemos que restaurar nuestras instituciones democráticas y de gobierno. Aquellos que creen que la ideología fue la única causante de la crisis en Venezuela están profundamente equivocados. Fue el desmantelamiento sistemático de pesos y contrapesos, de los mecanismos de supervisión y protección de los derechos civiles que nos llevaron a este colapso. Sin fuertes defensas institucionales, ningún sistema de gobierno puede tener éxito, y el país dejará de funcionar. La reparación de esta área no puede esperar. Debe ser nuestra primera y más alta prioridad.

Los pasos clave que deben ser tomados en cuenta incluyen la restauración de la imparcialidad y la eficacia del sistema judicial; desde los tribunales penales hasta el Tribunal Supremo de Justicia. Necesitamos el retorno a un debido proceso y a la igualdad de derechos ante los ojos de la ley, para que la gente sólo pueda ser procesada con base en pruebas reales y los jueces deben tomar sus decisiones con base en el código legal y no por órdenes políticas. Debemos restaurar la independencia del Consejo Nacional Electoral como un árbitro eficaz del proceso electoral. Debemos poner fin a la práctica de descalificar arbitrariamente a los candidatos por razones políticas y desenmascarar las miles de maneras en que las elecciones se manipulan en secreto a favor del partido gobernante. Debemos proteger y fomentar la libertad de expresión; especialmente, para las organizaciones noticiosas, las cuales deben ser autorizadas a buscar la verdad con libertad e independencia.

En segundo lugar, hay que sanar las divisiones en nuestra sociedad a través de un programa concreto de reconciliación. Este gobierno deja como legado un país profundamente dividido. Su práctica ha sido animar a los venezolanos para tratar a otros venezolanos como enemigos. Los pobres están enfrentados a los ricos; los que están a favor del gobierno en contra de quienes están en contra del gobierno, y los capitalistas en contra de los socialistas. Nuestra recuperación no tiene ninguna posibilidad en tanto estemos divididos y en contra de nosotros mismos.

La formación del próximo gobierno proporciona un punto de partida ideal para iniciar este proceso de curación. Necesitamos un gobierno que proporcione todos los derechos para todas las personas; no sólo los que apoyan a un partido político o ideología. Mientras que algunos deben ser considerados responsables de delitos graves, no hay que apresurarnos a castigar o excluir a todos los chavistas; muchos de ellos también son víctimas. Y no puede haber más caudillos; necesitamos líderes que puedan gobernar con responsabilidad y que tomen decisiones para el beneficio a largo plazo de todo el mundo. Por último, debemos restaurar los límites de mandato a nuestros puestos políticos más altos y rechazar el concepto de un gobierno para toda la vida.

La tercera área de enfoque debe ser reconstruir la confianza y la certidumbre de la comunidad mundial, la cual ha sido profundamente dañada en los últimos años. ¿Porqué es importante? Porque necesitamos desesperadamente la ayuda del mundo. La escasez extrema de alimentos y medicinas, la hiperinflación, el deterioro de la infraestructura y un sistema de salud destrozado no son más que síntomas de la crisis humanitaria a la que nos enfrentamos. Lograr esto requerirá uno de los más grandes proyectos de reconstrucción de este siglo, con la inversión exterior de todo tipo: en capital, conocimiento y asociaciones.

Con este fin, hay que recuperar la confianza global en Venezuela como una nación que respeta la ley, los derechos humanos y sus obligaciones asumidas con los demás. Debemos reconstruir los puentes quemados con algunas de las instituciones más respetadas del mundo, incluyendo al Banco Mundial, la Organización de los Estados Americanos y el Tribunal Interamericano de los Derechos Humanos, por no hablar de decenas de países en este hemisferio y en otras partes. Nuestra práctica de alinearnos principalmente con los estados parias del mundo debe terminar.

Más aun, debemos demostrar que vamos a respetar nuestros acuerdos con otras naciones, inversores extranjeros y cualquier otra persona que hace negocios con nosotros. Las prácticas de incautar activos de forma arbitraria, de incumplir con los acuerdos y con los pagos prometidos han convertido a Venezuela en el socio menos confiable del mundo; cambiar esta realidad y esta percepción debe ser una prioridad.

Tenemos grandes activos para ayudarnos en los miles de mejores y más brillantes ciudadanos de Venezuela, que ahora viven en otras partes del mundo. También, hay que ganarse su confianza y hacerlos participes del proyecto de reconstrucción en ciernes.

Estas tres prioridades por sí solas no va a resolver nuestra crisis, pero sentarán una base para un sinnúmero de otras acciones críticas y decisiones difíciles que habremos de tomar con el fin de poner comida en los anaqueles, de hacer crecer la economía, de aumentar las exportaciones, de reducir el crimen, de mejorar la atención de la salud y dar a los venezolanos la oportunidad de construir su futuro.

Como veo estos desafíos desde mi celda, sé lo difícil que será este camino, pero podemos llegar a nuestro destino. El alma de Venezuela está adolorida, pero es fuerte, y prevalecerá.

* Leopoldo López fue alcalde del municipio de Chacao en Caracas, Venezuela, del 2000 al 2008 y líder del partido de oposición Voluntad Popular.

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