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Opinión

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Repoblación del hato ganadero nacional

El 1 de agosto del 2013, en el auditorio de la Unión Ganadera Regional de la zona centro de Veracruz, en el municipio de Boca del Río, autoridades de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación dieron a conocer el programa de repoblación del hato ganadero. Al evento asistieron representantes del gobierno del estado, funcionarios de FIRA, senadores, diputados y, desde luego, directivos de diferentes uniones y asociaciones ganaderas, tanto del propio Veracruz como de estados vecinos, ante la presencia de más de 500 ganaderos. Este programa de repoblación es el componente principal del proyecto estratégico Reactivación de la Cadena Productiva Bovina de Carne y Repoblación del Hato Ganadero 2013.

La ganadería es una actividad muy importante para la economía nacional, de la cual dependen muchas familias y, sin duda, buena parte de la población adquiere alimentos de gran importancia como son carne, leche y todos sus derivados.

El inventario ganadero nacional, por su tamaño, es el noveno a nivel mundial; con poco más de 30.5 millones de cabezas, en la actividad ganadera participan 1.1 millones de unidades de producción y 110 millones de hectáreas, mismas que del 2009 al 2011 generaron una producción media anual de 1.8 millones de toneladas de carne y 10,650 millones de litros de leche. El valor de la producción de carne y leche alcanza más de 109,504 millones de pesos.

La ganadería nacional produce más de 8 millones de becerros anualmente: 6.7 millones para mercado nacional y 1.3 millones para exportación, principalmente, para el mercado de Estados Unidos.

¿Por qué repoblar el hato ganadero? El inventario ganadero nacional se vio afectado por efectos climáticos adversos como prolongadas sequías en la región norte y centro del país, y por inundaciones en algunas zonas específicas del sur y sureste.

Ante estos fenómenos, además de las pérdidas por muerte del ganado, existen otro tipo de pérdidas que en ocasiones no se aprecian en el corto plazo pero que, en definitiva, repercuten de forma negativa en la economía de los ganaderos y, si no se toman las medidas adecuadas y oportunas, pueden reflejarse en menor disponibilidad de alimentos de origen animal para la población.

Por citar algunas, los pastizales, praderas y agostaderos -fuente importante de forraje para la alimentación del ganado- pierden parte de su cobertura vegetal, que requerirá de tiempo, dinero y esfuerzo, para recuperarse.

Mientras esto ocurre, los ganaderos se ven obligados a recurrir a diferentes prácticas para atender la emergencia, como compra de forrajes, subproductos y alimentos balanceados, renta de potreros, movilización de ganado, transporte de agua y, en casos extremos, a la venta o sacrificio prematuro de animales. Obviamente, todo esto implica costos extraordinarios.

Otro efecto de gran importancia es que los vientres, al haber pasado por periodos prolongados de estrés y alimentación inadecuada, tardarán más tiempo en quedar gestantes y, por lo mismo, la siguiente cosecha de crías (becerros o corderos) se verá mermada o, en el mejor de los casos, sufrirá un serio retraso.?

*Fernando E. Floriuk González es subdirector de Desarrollo de Productores y Prestadores de Servicios en FIRA. La opinión es responsabilidad del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

fefloriuk@fira.gob.mx

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