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¿Necesitamos una agenda digital?
Desde el inicio de su difusión masiva, se ha reconocido a Internet como un medio que permite a sus usuarios traspasar fronteras geográficas, culturales y jurisdiccionales para el acceso y difusión de la información, así como para el intercambio comercial.
Además de facilitar la transacción de bienes, hoy Internet confirma su papel como plataforma de desarrollo humano integral, haciendo posible también el intercambio de servicios e información y fungiendo también como medio para facilitar la redistribución de la riqueza.
El reto más grande que enfrentan los gobiernos y los organismos reguladores es el crear políticas que promuevan el progreso económico y el despliegue de infraestructura, al paso que mantengan un enfoque orientado al mercado del desarrollo de Internet y los servicios IP, lo cual se puede lograr a través de la elaboración de una agenda digital nacional.
Conforme con la experiencia y estrategia digital chilena, una agenda se puede definir en términos del conjunto de políticas públicas enfocadas a incrementar el uso de Internet de banda ancha: encaminadas a contribuir al desarrollo económico y social de un país a través del potencial que ofrece el uso de las Tecnologías de la Información y comunicación para mejorar la calidad de la educación, incrementar la transparencia, aumentar la productividad y competitividad, y hacer mejor gobierno, mediante mayor participación y compromiso ciudadano .
Es importante destacar que una Agenda Digital es un planteamiento integral de objetivos y acciones que pretenden impulsar el desarrollo de la Sociedad de la Información y el conocimiento en una región o país.
Así, no debe confundirse la Agenda Digital con una política de gobierno en línea o de eGobierno. Una agenda digital abarca esto y más. Conforme con las experiencias internacionales, sus principales componentes son, efectivamente, el eGobierno de nueva generación, la alfabetización digital/capacidad social digital, eEducación, eSalud, eProductividad del aparato económico y la promoción de la competitividad en el mismo sector de las Tecnologías de la Información y las comunicaciones.
Su objetivo principal debe ser detonar y acelerar la competitividad y la productividad, promover la igualdad social y regional y mejorar la calidad de vida de los individuos a través de la utilización efectiva y eficiente de las TIC.
Pero vale reiterar la pregunta. ¿Realmente necesitamos en México una Agenda Digital? Sobre todo cuando la evidencia es que el sector es líder entre todos los de la economía nacional, con crecimiento en términos de líneas, valor, usuarios, etcétera, aun en años de profunda recesión como el actual. Definitivamente sí.
Si bien es cierto que el mercado puede y hace mucho en términos de penetración y mejora de estos servicios, resulta aún insuficiente. Es por ello que resulta, además de necesario, urgente una cruzada nacional porque todos los mexicanos contemos con los beneficios de la conectividad y la banda ancha. Un esfuerzo semejante debe coordinar las medidas y acciones entre los distintos agentes involucrados, tanto del gobierno como de la sociedad civil, academia, sector privado, etcétera. En fin, de todos.
En nuestro país no ha existido, hasta ahora, una política pública de largo plazo enfocada en el desarrollo de las TIC y sus efectos positivos sobre el desarrollo. Estos factores han llevado a México a situarse en los últimos lugares de competitividad y calidad de los servicios TIC.
Aun a falta de una política pública enfocada en el acceso universal de los mexicanos a servicios de banda ancha, el mercado ha logrado, hasta cierto punto, incrementar el número de accesos en nuestro país. Recientemente la SCT ha anunciado el Plan Nacional de Conectividad, cuyo objetivo es enlazar los servicios públicos de salud, educación y gobierno por medio de una red de banda ancha de alta capacidad. Esto, aunado a la oferta comercial, permitirá reducir los costos para los usuarios, las empresas y el gobierno facilitando las comunicaciones e incorporando a las personas a los medios digitales.
El diseño y la instrumentación de una Agenda Digital deberán aprovechar la tendencia de adopción de las TIC, derivada de las acciones de mercado de empresas y consumidores, con el fin de acelerar los resultados. Debe, a la vez, ser un catalizador enfocado en detonar la penetración de servicios y el uso de las nuevas tecnologías en todos los ámbitos.?
*Director General de The Competitive Intelligence Unit (www.the-ciu.net).