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Los Beatles y Marcial Maciel
Cuarenta y cuatro años después de haberlos condenado por su música, su vida libertina, el consumo de drogas; pero sobre todo porque John Lennon se atrevió a decir que los Beatles eran más famosos que Jesucristo, la Iglesia católica hace las paces con John, Paul, George y Ringo. Ahora les rinde tributo: Es cierto, ellos usaron drogas, vivieron una vida disoluta e inhibida.
Incluso dijeron que eran más famosos que Jesús. Pero, al escuchar sus canciones todo parece distante y sin importancia. Sus hermosas melodías, que todavía nos emocionan, están vivas como joyas preciosas . Así se expresó, el pasado fin de semana, a través de su periódico oficial, la Santa Sede, en un acto con el que busca congraciarse con el mundo; en aras de restaurar su deteriorada imagen que se ha visto invadida por el desprestigio provocado por las nauseabundas conductas de sacerdotes pederastas que, ahora sabemos, han sumado legiones al paso de los años y a lo ancho del planeta encabezadas por el hoy réprobo Marcial Maciel.
Let it Be
Pero si a los Beatles, el perdón les llegó con 44 años de retraso, este lapso es nada comparado con los 350 que la retrógrada institución católica tardó en disculparse con el astrónomo Galileo Galilei (1564-1642) al que calificó de hereje, y mediante la Santa Inquisición encarceló, por afirmar que la Tierra se mueve alrededor del Sol.
El Papa Juan Pablo II, de cara al advenimiento del siglo XXI, por medio de un controvertido documento, que causó irritación en la parte más conservadora de la reaccionaria organización que nunca ha admitido que la Iglesia haya podido equivocarse, expresó la necesidad de hacer un examen de conciencia por los errores cometidos durante 20 siglos 2,000 vueltas de la Tierra alrededor del Sol- en temas como los tribunales de la Inquisición, las guerras de religión, violaciones a los derechos humanos y las persecuciones a científicos como Galileo Galilei.
El caso Galilei es el más emblemático ejemplo de que la Iglesia católica es proclive, de manera hipócrita, a guardar las apariencias en lugar de admitir sus errores y que siempre ha estado en contra del progreso de la humanidad.
Qué benéfico hubiera sido para la humanidad que en lugar de perseguirlo y encarcelarlo, la jerarquía católica hubiera dejadoser, dejado estar como dice la canción de Lennon y McCartney-, al astrónomo italiano, alentándolo a seguir adelante en sus descubrimientos y teorías que hubieran redundado en avances científicos que finalmente llegaron a pesar de la reticencia eclesiástica- en favor de una vida mejor, más justa y más feliz para los hijos de Dios al que dicen representar.
Y sin embargo se movía
En 1944, cuando John y Ringo tenían cuatro años, Paul dos y George uno, Marcial Maciel se ordenaba sacerdote. Había pasado por dos seminarios. Del primero lo expulsaron por incitar a sus compañeros a jugarse el pellejo delante de él a los que no sabían les ayudaba- y practicar otras manualidades que le producían enorme gozo a su espíritu. Gracias a los buenos oficios de su tío, el hoy santo Rafael Guízar y Valencia, a la sazón Obispo de Xalapa, se le brindó una oportunidad más para consagrarse a la vida sacerdotal en el seminario menor de Veracruz en 1936.
Recientemente se ha corrido la hipótesis de que Maciel fue descubierto involucrándose sexualmente con jóvenes de su seminario por su tío el Obispo que para entonces (1938) se encontraba muy enfermo por lo que el sobrino, en un impulso piadoso a los que tan dado fue, lo ayudó a bien morir por la vía del cianuro.
En 1966 los Beatles estaban en la cúspidede su popularidad, eran mal vistos por las buenas conciencias , la sociedad conservadora. Considerados un mal ejemplo para la juventud por su apariencia y vida licenciosa, actitudes provocadoras, consumidores de drogas y apologistas del amor libre, fueron satanizados y combatidos. Para acabarla de amolar, un día que andaba pacheco se le ocurrió a John la puntada de decir que eran más populares que Jesucristo. Por proferir tal afirmación la clerigalla se les tiró a la yugular y no faltaron señores curas que decretaron que escuchar sus canciones era pecado.
En contraste y paralelo, en el mismo año, el padre Marcial Maciel, fundador de la Legión de Cristo, es considerado por la misma sociedad conservadora que se opone a los Beatles, como un santo en vida de magnífico y espiritual aspecto. Llevaba 12 años educando a los hijos de las mejores familias mexicanas en el Instituto Cumbres, la primera obra de su apostolado. Dos años antes había sido inaugurada la Universidad Anáhuac en la ciudad de México. Sus relaciones con el Vaticano eran inmejorables y su obra se expandía por el mundo. Ya le decían mon peré nuestro padre-. Poseedor de poderes de deslumbramiento y convencimiento avasallantes encontró apoyo económico entre poderosos empresarios y políticos de México y España. Su imperio crecía de manera descomunal y su prestigio personal alcanzaba niveles fascinantes.
Pero la realidad es que mientras los Beatles, fieles a sí mismos, se metían drogas con singular alegría y mostraban de manera pública su dionisiaca manera libre de vivir, hacían el amor con sus novias y seguidoras que literalmente se les metían a sus habitaciones; hipócritamente, subrepticiamente, Marcial Maciel, rodeado siempre de efebos de los que abusaba física y mentalmente, a los que convencía mediante la manipulación de la culpa y el pecado, se inyectaba por prescripción del Espíritu Santo- Demerol, medicamento derivado del opio, y llevaba una asquerosa doble vida de mentiras, simulación, abusos, corruptelas y delitos por los que ahora la Iglesia católica pide perdón. (Haz lo que yo te digo, pero no lo que yo hago).
Help!
Poncho tiene 11 años. Desde que hizo su Primera Comunión acostumbra confesarse y comulgar cada domingo: Ave María Purísima. Sin pecado concebido. Dime tus pecados Poncho. Me acuso padre que me gusta mucho la música de los Beatles, esa que usted dijo en el sermón del otro día que estaba prohibida por la Iglesia. ¡Claro que lo está! ¿Qué otro pecado has cometido? Ninguno. ¿No te has hecho tocamientos? ¿Tocamientos? Sí, tocado tus partes pecaminosas. No padre. Bueno, en penitencia reza un rosario y luego veme en la sacristía.
Poncho entra a la sacristía y se santiguaante el Señor Crucificado que preside el recinto. Ahí lo espera ya sin sotana el padre Ramiro, cura párroco de la Iglesia de Santa Rita. ¿Para qué quería verme? Ah, es que quiero que sepas cuáles son las partes pecaminosas de tu cuerpo. Y sin más, el sacerdote, le quita calzones y pantalones al sorprendido Poncho. Lo toquetea por delante y luego por detrás. Posa sus manos sobre sus asentaderas. Poncho está azorado. Le late el corazón a mil por hora. De reojo ve como el padre Ramiro, cura párroco de Santa Rita y pederasta, se baja el pantalón. Poncho siente detrás de él el pene erecto, tiene miedo y frente a él la imagen del Señor Crucificado a quien se encomienda.
El señor cura manipula su falo y lo apunta hacia el centro de las nalgas del niño que voltea hacia abajo y ve como un raro para él- líquido blanco y lechoso cae sobre sus calzones. El Señor Crucificado ayudó a Poncho que no fue penetrado por el padre Ramiro, cura párroco de Santa Rita, pederasta y eyaculador precoz.